Autocronograma

AUTOCRONOGRAMA

2008: 23 años deseando esta carrera.

2010: Bitácora de quien estudia en Puán porque la vida es justa y (si te dejás) siempre te lleva para donde querés ir.

2012: Crónicas de la deslumbrada:Letras es todo lo que imaginé y más.

2013: Estampas del mejor viaje porque "la carrera" ya tiene caras y cuerpos amorosos.

2014: Emprolijar los cabos sueltos de esta madeja.

2015: Pata en alto para leer y escribir todo lo acumulado.

2016: El año del Alemán obligatorio.

2017: Dicen que me tengo que recibir.

2018: El año del flamenco: parada en la pata de la última materia y bailando hacia Madrid.

14 de febrero de 2015

Tizón en la frontera

1º Congreso Internacional CELEHIS de Literatura 
Miradas de frontera
Adriana Marisa Olivera - Univ. Nacional de Tucumán

Miradas de frontera
Constantes de la escritura tizoniana
Las escrituras del Yo en Tierras de Frontera
Notas



El Norte de este país viene perdiéndolo todo...
Entre la incuria, el abandono y la melancolía,
se cumple nuestro destino de frontera.
Héctor Tizón
En el siguiente trabajo, abordaremos la escritura de Héctor Tizón en Tierras de fronteraobra que reúne diversos textos que en general podría encuadrarse en el género ensayístico, entendido en sentido amplio, apoyado en el término "mirada" que además de matiz personal le permite la incursión en textos breves de distinto carácter, todos ligados por constituir breves pinceladas de experiencias, circunstancias o anécdotas personales.
El término "frontera" anunciado en el título construye dos espacios de enunciación diferentes: 1) geográfico, límite norte del país; 2) cultural, periférico en relación al centro hegemónico.
El discurso fluctúa así entre la autobiografía, el ensayo, el relato, el testimonio, la anécdota y la ficción, generando una visión de mundo en la que se imbrican oralidad y escritura, a través de una voz que transmite la memoria colectiva de una cultura silenciada por otra hegemónica que la absorbe.
Retoma preocupaciones temáticas que lo caracterizan, acerca las versiones del mito a las de la literatura y nos ofrece nuevas opciones para pensar cómo construir la cultura y la identidad nacional.

Dentro del polisistema de la literatura argentina, ubicamos a Héctor Tizón junto a escritores de las generaciones del ’60 y ’70 como Tomás Eloy Martínez, Abel Posse o Mempo Giardinelli, que, a pesar de situarse en diferentes posiciones del canon, tienen en común su raigambre y pertenecen al interior del país. Desde sus diferentes lugares de producción contribuyen a escribir sobre la problemática identitaria argentina.
En la obra de Tizón reconocemos marcas que manifiestan desde su comienzo de escritor en la revista Tarja[1], en la cual se opone a la producción regionalista, de corte folclórico y paisajista para explorar nuevas prácticas estéticas renovadoras de la narrativa de la época.
Tizón explicita su rechazo e impugnación de la literatura que estaba centrada en la función paisajística (función que operaba bajo las más variadas formas y flexiones: evocación nostálgica, exaltación lírica, escenografía cotidiana de la vida rural, costumbrismo, pintoresquismo, etc.)[2]
Selecciona como referente escriturario al hombre jujeño, su espacio y su cultura. Construye el cronotopo de la Puna en el cual la intersección espacio- tiempo configura aspectos de la biografía de Jujuy y de sus pobladores, estableciendo una continuidad entre pasado y presente. La Puna es la marca espacial de origen que señala el destino trágico del hombre del norte argentino, postergado por el sur que lo margina y subestima.
El discurso fluctúa entre un pasado nostálgico, construido desde la memoria individual y colectiva y un presente distópico que no encuentra respuestas. Lejos de la utopía que su texto clausura y enfrentado a la avalancha posmoderna, Tizón reescribe su cultura, y rescata una parte silenciada de la identidad nacional tendiendo un puente simbólico entre tradición y modernidad, mito e historia[3].
Ante el futuro incierto por la avalancha globalizadora y multicultural, produce una escritura de la resistencia, defendiendo los valores de una cultura propia. Se adscribe dentro de los narradores de la transculturación, quienes textualizan las culturas de las regiones de América Latina:
En el marco de este proyecto común, todos ellos han asumido el predominio de la oralidad popular en sus respectivas regiones de interés como síntoma o indicador cultural fundamental y al mismo tiempo como la clave de un conjunto de recursos de representación literaria. [4]



Las escrituras del Yo[5 ] en Tierras de Frontera
Las escrituras del yo componen un espacio discursivo que permite acercar el discurso de la Historia al discurso del yo, ambos de efectos memorialísticos, sustentados en relatos que describen lo acontecido con un valor de verdad.
En la literatura del yo podemos encontrar modalidades como las confesiones, los recuerdos de infancia, los testimonios, los diarios íntimos y las biografías que textualizan un espacio autorreferencial, en el que el /yo/ se desdobla en un otro que se objetiva en el propio discurso.
Tierras de Frontera organiza el discurso como un conjunto de textos que apelan a la hibridez genérica y conmutan constantemente el espacio de la historia y del discurso. Tizón se construye como un yo ensayista, y reinstala a las voces de otros sujetos individuales colocándose en el lugar de transcriptor de historias ajenas aparentemente inverosímiles, que completan su versión y refuerzan los espacios comentativos de la reflexión autorial.
Construye un sujeto-observador que se desdobla entre la focalización interior, subjetiva del yo y la exterior que se distancia, intentando un punto de vista más alejado, a veces testigo o simple transcriptor que compone los hilos de la historia viva de la región. De esta manera, busca incorporar la cultura de frontera a la hegemónica y ubicarse en la semiofera literaria como un narrador de la transculturación, permitiendo la movilidad entre la cultura central y la periférica.[6]
La intención de Tizón es rescatar esa cultura oral transmitida por generaciones que testimonian las voces de la memoria colectiva y reactualizan los conflictos siempre actuales de la problemática identitaria, objeto dinámico de la cultura, construido por los intelectuales argentinos desde Sarmiento a Aguinis.
...nuestra cultura, entendida como trama de discursos donde se soporta el sujeto de la enunciación siempre oscilante entre lo particular y lo general, lo individual y lo universal, entre la sociabilidad de los discursos del mundo y la alteridad que lo funda como sujeto en menos de lo social.[7]
En el presente enunciativo acosado por un mundo aparentemente sin fronteras ni barreras ideológicas, Tizón inscribe las marcas de la cultura andina con las estrategias de la oralidad. Para ello modaliza su discurso con verbos que acentúan su punto de vista subjetivo, evaluativo que ubica al lector implicándolo en una tensión dialógica frente al discurso propuesto por el sujeto enunciador.
Este dice, cuenta, recuerda, evoca relatos, incorpora pequeños diálogos con individuos que le brindan esas historias a lo largo de sus incontables viajes por esa comarca oral, que refractan mitos y voces ancestrales con un sentido desenmascarador[8]con una escritura autorreferencialista que hace escribible al /yo/ del escritor, y a su espacio de enunciación.
Allí donde aparecen deícticos, continúan los tiempos verbales propios de la enunciación discursiva o experiencial. Esos tiempos son el presente, el pretérito perfecto, el futuro. A la enunciación discursiva se la opone la de la historia que excluye todas las formas lingüísticas autobiográfica. Los tiempos verbales predominantes son el indefinido, imperfecto, pluscuamperfecto y el <prospectivo> en tercera persona[9].
Ese pasado histórico es la posibilidad de las genealogías, el acceso indirecto hacia la cultura desde el saber mítico proporcionado por las voces orales anónimas. El carácter oral constituye para esta cultura el hilo conductor, transmitido de generación en generación.
Tizón le da a su escritura un efecto de oralidad[10] construido con el afán de refractar las voces transmisoras de una cultura que adquiere el saber de una forma diferente a la cultura europea. Estas voces de la oralidad, anónimas y colectivas, son el resultado de un conocimiento basado en la experiencia y la conservación de las costumbres heredadas de los ancestros.
Mezcla en su discurso el efecto de la narración oral y de la elaboración reflexiva para acercar en punto de vista alternativo del mito a la racionalidad de la lógica histórica. Las anécdotas de vida tratan de ser el enlace para construir la gran historia del norte argentino.
La oralidad implica...el desarrollo de peculiares procesos poéticos, concepciones del mundo, sistemas de valores, formas de relación con la comunidad, con la naturaleza, con lo sagrado, usos particulares de lenguaje, nociones de tiempo y espacio, y ciertos productos culturales con características específicas...[11]
El presente enunciativo marca el discurso con subjetivemas que clausuran toda posibilidad de realización y denuncian la situación de olvido y marginalidad.
Convoca al espacio textual a un lector competente, que pueda decodificar los silencios del texto, aquellos espacios que el enunciador deja librados a la enciclopedia del otro.
Inserta en el espacio textual documentos de archivo, como el libro del departamento de Trabajo y Estadísticas, en el que enumera la producción de algunas regiones de la puna hoy inexistente, refiere las opiniones vertidas en las crónicas de viajeros extranjeros que escribieron sobre Jujuy, cita fragmentos de las cartas entre Michele y Giácomo Puccini, o discursos del senador Pérez, utiliza como epígrafes para sus investigaciones viejos libros que vierten opiniones sobre los puneños y sus costumbres.
Finalmente coloca una fotocopia de una carta de Martínez Estrada que documenta y legitima la amistad cultivada entre ambos escritores y dan credibilidad al último texto con que cierra este ensayo rico en textualidades.
Textos como "Soy un ejemplar de frontera", "Reflexiones y Experiencias: suscinta historia de mis libros", "Un destello, un fogonazo, un escrito en el muro", construyen la autobiografía del ensayista, marca la escritura como un espacio egocéntrico y creíble, cuya irrefutabilidad se basa en la identidad del sujeto y su afán de hacer creer que los acontecimientos narrados se alejan de la ficción novelesca.
Otros textos como "Recuerdos de tías viejas", "El último tren en Jujuy", "La ballena azul", o "El pintor", recurren a las estrategias de los recuerdos de infancia, como los subjetivemas y el punto de vista interior que instaura su propio yo como aquel que fue, como un sujeto extraño a su presente de enunciación, pero que es una huella que la memoria recupera en su discurso.
Otros textos se construyen como memorias en las que el ensayista evoca a sujetos sociales vistos como Otros, portadores de un saber diferente, ligado a la tierra y al mito, a esa cultura ancestral que la Historia ignora.
"Convídeme una sombra, una pequeña historia", "El gaucho Hernández en la aldea global", "El pintor", "El poeta", "Redobles por Manuel Scorza", "Borges en Yala", "Llega Italo Calvino" y "Ezequiel Martínez Estrada, Inventario final", compendian anécdotas de la vida de Tizón que le sirven para contar acontecimientos del pasado que le permiten articular historia y discurso, insertando reflexiones sobre el presente, la historia, la cultura, la política así como también reflexiones sobre la Literatura y los linajes de sus escritores.
Finalmente textos como "Convídeme una sombra" o "La Puna", centran como eje temático a la Puna. La describen confrontando el relato de los manuales escolares al de los recuerdos autobiográficos. Tizón enumera los nombres eufónicos de los rincones más inhóspitos, cuenta desde la tercera persona para distanciarse del objeto con una visión más exterior y objetiva, lo que fue y lo que hoy es la Puna, como una evocación lírica que trata de explicar la esencia de la tierra.
Hoy el inmenso páramo sigue igual, únicamente el hombre disminuye, desguarneciendo esta frontera que jamás acató... Y cuando el último de los descendientes de estos tercos pobladores se haya ido, la tierra seguirá igual, las piedras hipnotizadas por la luna, el polvo estremecido por el viento.[12]
Tierra de frontera reúne con una intencionalidad de recuperación de la memoria, un conjunto de textos que encarnan la interacción conflictiva entre mundos de culturas y cosmovisiones diferentes. Tizón escribe tratando de refractar el tono de los discursos orales escuchados desde su infancia, aquellos que le transmitieron una cultura alternativa, con una manera distinta de entender el mundo. Se trata de textos que escriben la historia anónima, el imaginario del pueblo jujeño al que Tizón se empeña en rescatar del olvido, a través de la exploración, apropiación y elaboración estética de sus peculiaridades culturales.[13]
Tanto el autor como su obra ofician de mediadores culturales entre una cultura hegemónica y central y otra periférica, en el intento de diálogo y recuperación patrimonial de la historia.
La identidad es un espacio dinámico. Tizón nos propone flexibilizar las fronteras de la semiosfera cultural y enriquecer sus textualidades con el aporte de nuevas potencialidades estéticas que incorporen los discursos de la otredad generando una cultura argentina más integrada, con voces y tonalidades ricas y diversas.

[1] Para ampliar información sobre el contexto literario de formación de la escritura tizoniana, consultar Elida Tendler, " La configuración del paisaje, una operatoria transculturadora en la escritura de Héctor Tizón" en Cuadernos de literatura. Resistencia, Chaco, U. N del Nordeste. Fac. de Humanidades, Núm. 4, 1989, pág. 153- 166.
[2] Elida Tendler: op. Cit.
[3] Molinari, Gloria Hintze de Molinari, "Diseño estructural y contexto social en Sota de Bastos, Caballo de espadas, de Héctor Tizón", en Revista de literaturas modernas. Mendoza, U.N. de Cuyo, Fac. de Filosofía Y letras, núm. 21, 1988, pág. 313- 322.
[4] Pacheco, Carlos, La comarca oral, Colección Zona Tórrida,1992, Caracas, pág. 21
[5]Rosa , Nicolás: El arte del olvido (Sobre la autobiografía), Puntosur editores, 1990, Bs. As. pág. 13- 65.
[6]
[7] Rosa, Nicolás: op. cit.
[8] Flawiá de Fernández, Nilda Ma.: "La novela de Héctor Tizón. Diálogos entre culturas", en De Memorias y Utopías. Ensayos de Literatura Argentina. Corregidor, 1996, Bs. As, Pág. 111
[9] Lozano, Jorge, Peña y Marín, Análisis del discurso. Hacia una semiótica de la interacción textual. Cuarta edición. Madrid, Cátedra, 1993. Cap III.
[10] Pacheco, Carlos, op. cit. Pág. núm. 21
[11] Pacheco, Carlos, OP. CIT. Pág. núm. 35
[12] Tizón, Héctor: op. cit. Pág. núm. 181
[13] Pacheco, Carlos: op. cit. Pág. núm. 60


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