24 de agosto de 2014

Aquí va mi ponencia frik

Paula Irupé Salmoiraghi



“Devenir halcón/devenir lobo: Sabiduría y curiosidad en los cuerpos animales de Piukemán y Bran Stark”



“Mil ojos, cien pieles y una sabiduría profunda como las raíces de los antiguos árboles.”

Danza de Dragones. Canción de hielo y fuego V



Los que nos ocupan hoy son dos personajes masculinos a partir de los cuales me interesa analizar lo que, en trabajos anteriores y a falta de mejor nombre, llamé “el no-camino de la heroína”. Si partimos de la idea de Joseph Campell y Vladimir Propp de que hay, en los relatos tradicionales, una matriz que se repite y según la cual el camino de todo héroe es lineal y de ida y vuelta, creemos que habría otros modos de ser heroico, otros recorridos de la heroicidad que podríamos definir como “femeninos” en tanto y en cuanto las virtudes en las que se sustentan han sido, tradicional y patriarcalmente, asignadas a las mujeres. Si el camino del héroe se basa en la valentía, la fortaleza, el coraje, la destreza en el combate, la astucia, la utilización de armas y elementos mágicos, la derrota de monstruos y enemigos, el no-camino de la heroína se sustentaría en otras virtudes igualmente heroicas, admirables, destacables dentro de una comunidad, como son la curiosidad y la memoria, la palabra y la narración, el deseo de conservar y la solidaridad, el canto y la alegría, el poder de sanar, la paciencia y la ternura.
Por otro lado, el camino del héroe es lineal y, según Campbell en El héroe de las mil caras, se compone de un recorrido cuyos núcleos pueden resumirse en la tríada: Separación - Iniciación – Retorno y de doce estadios que lo llevan desde el mundo ordinario hacia el llamado de la aventura para encontrarse en un mundo desconocido con las pruebas, aliados y enemigos que vencerá para emprender el regreso a casa donde será recompensado con la mano de la dama o la corona del rey o el reconocimiento de su gente. En cambio, lo que yo llamo el “no-camino de la heroína” y puede, igual que el modelo anterior, ser aplicado a personajes de cualquier sexo o género, no es lineal sino que consiste en un tipo de ampliación del espacio vital en círculos concéntricos o en espirales desfasadas pero que nunca implican un abandono del lugar de origen, ni una salida hacia lo desconocido sino un crecimiento en los terrenos abarcados y en los espacios sobre los cuales los poderes femeninos antes mencionados son heroicamente utilizados. La heroína es siempre fiel a lo que ha elegido como su lugar: no deja la casa, la familia, los amigos, la rejilla ni el plumero, no deja la poesía ni lo íntimo, ni la aventura ni el mundo: los integra, los "desparrama" unos en los otros, los reconcilia, los entrelaza, los entreteje, festeja la festiva unión de todo lo que le es posible abarcar. La heroína gira en un mundo propio alrededor del cual la sabiduría, la paciencia, la ternura, el pequeño gesto, la hacen conquistar lugares centrados en el núcleo vital. La heroína no deja de ser algo para pasar a un nivel superior, suma algo más a lo que ya es, pero eso que era inicialmente sigue estando allí, sigue siendo niña la mujer, y confusa y desorientada la que ha comprendido y se ha orientado, indecisa la que ya ha elegido, y deseosa de más la que ya ha encontrado.
En el caso de Bran Stark de la saga de George Martin, Canción de Hielo y Fuego, y de Piukemán, personaje de Liliana Bodoc en La saga de los confines, lo que los hace diferentes del resto, lo que marca su inicio en la apertura al no-camino heroico, es una virtud que siempre, desde Barbazul a esta parte, ha sido tenida como defecto en las mujeres. Me refiero a la curiosidad. Por curiosidad, Bran mira por la ventana de esa torre a la que suele treparse y ve lo que no debía ver y es empujado en una caída que lo deja paralítico. Por curiosidad, Piukeman, de quien se dice que es el más parecido a su madre y de ella heredó esta característica, se acerca a la puerta de la lechuza y es testigo de la ceremonia del Halcón Ahijador, ave sagrada de Los Confines que lo castiga con su maldición. En ambos personajes, las consecuencias de sus actos de curiosidad son castigos-premios que, disminuyendo o inutilizando su fortaleza corporal humana y masculina (ninguno de los dos podrá, como sus hermanos, ser guerrero, montar ni manejar armas), los proveen de otras zonas corporales a partir de las cuales ambos jóvenes se desarrollan en las formas circulares del heroísmo femenino.
Los cuerpos de Bran y Piukemán comienzan a vivir en zonas de simbiosis con formas animales, el lobo y el halcón respectivamente; pero este tipo de solidaridad que amplía las capacidades de los cuerpos humanos mutilados hace visible algo más que la simple “transformación” de humano en animal. Ambos pueden leerse habitando lo que Gabriel Giorgi, en su Formas comunes: Animalidad, cultura, biopolítica, analiza, siguiendo a Deleuze, como “un umbral de indistinción, un cuerpo de contornos difusos y que conjuga líneas de intensidad, de afecto, de deseo que no se reducen a una `forma-cuerpo`.” . No se trata simplemente de un elemento mágico o un ayudante que los héroes lineales encuentran en su recorrido sino que Bran y Piukemán amplían su corporeidad en círculos centrados en su lugar de pertenencia pero que modifican sus modos de acción, conocimiento y percepción. Giorgi, en el trabajo antes citado, afirma que somos testigos, en las manifestaciones artísticas latinoamericanas, a partir de los años 60, de una de las transformaciones más interesantes y capaces de modificar la noción misma de “cultura”. Se refiere a la aparición de una animalidad no polarizada como antítesis de la vida humana. Creo que, para sostener las formas de animalidad de sus personajes, tanto Bodoc como Martin, retoman tradiciones mucho más antiguas, tan presentes como olvidadas, que pretendo reinsertar mediante la matriz de la heroína y su no-camino. Afirma Giorgi:
… la distinción entre humano y animal, que durante mucho tiempo había funcionado como un mecanismo ordenador de cuerpos y de sentidos, se tornará cada vez más precaria, menos sostenible en sus formas y sus sentidos, y dejará lugar a una vida animal sin forma precisa, contagiosa, que no se deja someter a las prescripciones de la metáfora y, en general, del lenguaje figurativo, sino que empieza a funcionar en un continuum orgánico, afectivo, material y político con lo humano.
El animal, entonces, cambia de lugar en la cultura y al hacerlo moviliza ordenamientos de cuerpos, territorios, sentidos y gramáticas de lo visible que se jugaban alrededor de la oposición entre animal/ humano… (Giorgi, 2014, 12)

Sabemos, además, que el cuerpo femenino, ancestralmente, ha sido relacionado con lo natural, con la tierra y lo animal mucho más frecuentemente que el masculino al que se valora por su racionalidad mucho más que por su instinto. La heroína en general, como modelo o matriz cultural, y nuestros personajes en particular no se construyen “masculinamente” como vértices de la creación humana ni de la sociedad falocentrada sino que hacen “de debilidad, fortaleza” replicando el mismo movimiento respecto del saber femenino que Josefina Ludmer, en referencia a Sor Juana Inés de la Cruz, analizara en su artículo “Las tretas del débil” . Lo heroico no estaría en el ocupar los lugares de poder sino en el replantear desde dónde su ubica la heroína y cómo su centro “privado” para a integrar esferas mayores. Estaríamos frente al borramiento del yo individualista e indivisible para dar paso a subjetividades comunitarias, a cuerpos que rebrotan, se curan, conocen un más allá de sus límites y se multiplican como recipientes de la vida misma a la que lo femenino siempre fue, despectivamente, asociado.
Según Clarisa Pínkola Estés, psicoanalista estadounidense y continuadora de las tradiciones ancestrales de sus antepasadas cantaoras, este movimiento hacia lo animal y lo salvaje es una deuda de nuestras sociedades para curarnos tanto a nivel social como individual:
Tanto los animales salvajes como la Mujer Salvaje son especies en peligro de extinción.
En el transcurso del tiempo hemos presenciado cómo se ha saqueado, rechazado y reestructurado la naturaleza femenina instintiva. Durante largos períodos, ésta ha sido tan mal administrada como la fauna silvestre y las tierras vírgenes.
Durante miles de años, y basta mirar el pasado para darnos cuenta de ello, se la ha relegado al territorio más yermo de la psique. A lo largo de la historia, las tierras espirituales de la Mujer Salvaje han sido expoliadas o quemadas, sus guaridas se han arrasado y sus ciclos naturales se han visto obligados a adaptarse a unos ritmos artificiales para complacer a los demás.

Se trata del mismo intento por reconciliar conocimiento y subjetividad que realiza Eduardo Viveiros de Campos, antropólogo brasileño contemporáneo, cuando sostiene que el conocimiento occidental consiste en des-subjetivar, volver algo “objeto” para alejarlo del sí mismo y conocerlo, en oposición al modo de conocer de los chamanes indios que no buscan el control de la experiencia sobre el medio sino para quienes “conocer bien alguna cosa es ser capaz de atribuir el máximo de intencionalidad a lo que se está conociendo” y “explicar es profundizar la intencionalidad del que estoy conociendo, es decir, determinar el objeto de conocimiento como un sujeto.” (p. 27)
En su reseña sobre uno de los textos de Viveiros de Castro, “Una rápida perspectiva sobre La inconstancia del alma salvaje”, Reinaldo Laddaga afirma que: “Hay una constitución constante de mundanidad, subjetividad y colectividad” en la visión del antropólogo brasileño que propone el pensamiento amerindio como cosmovisión basada en una forma completamente distinta de la europea de concebir el universo y los seres que lo habitan. Afirma Viveiros en La mirada del jaguar:
Vivir es pensar: y esto vale para todos los vivientes, sean amebas, árboles, tigres o filósofos. ¿No es justamente eso lo que piensan (y viven) los pueblos con los que vivimos y sobre los cuales pensamos? ¿No es eso, finalmente, lo que afirma el perspectivismo amerindio, a saber, que todo viviente es un pensante? (…) [Contradiciendo doblemente a Descartes] El otro existe, luego piensa. Y si ese que existe es otro, entonces su pensamiento es necesariamente otro que el mío. Quizás hasta tenga que concluir que si pienso entonces también soy otro. Pues sólo el otro piensa, sólo es interesante el pensamiento en cuanto potencia de alteridad. Odio el precepto que enseña que es necesario negar al otro para afirmar el yo, precepto que me parece (con o sin razón) emblemático del Occidente moderno; y amo el pensamiento indígena, el pensamiento de otro que afirma la vida del otro como implicando otro pensamiento … (P. 80-81)

Es, precisamente, el camino del conocimiento y la sabiduría la única opción de Piukemán, cuyos epítetos heroicos matrilineales son: “el desobedecedor, el hijo curioso de Shampalwe”, si no elige el más corto y rápido de la muerte. Kupuka, el Brujo de la Tierra, al verlo “inutilizado para siempre por la maldición del Halcón Ahijador” (P. 196) se da cuenta de que ha desobedecido la prohibición ancestral y ha cruzado la Puerta de la Lechuza para ver los rituales de los halcones. Ha avanzado sobre territorio prohibido y con ello ha perdido los ojos humanos pero consiguió los ojos del ave sabia y sagrada. Kupuka y Vieja Kush, ambos ancianos y ricos en sabidurías humanas, animales y vegetales, están seguros de que, cuando pierda el miedo humano a volar, su reducción humana será una ampliación vital por la cual llegará a convertirse en Brujo Halcón a través del camino “largo y doloroso, pero (que) te situará en el mejor lugar de este mundo”:
El hombre que se aventurara a ver lo prohibido sería condenado en sus ojos. El Halcón Ahijador castigaba al hombre imprudente arrebatándole la vista. No para dejar¬lo en la oscuridad de la ceguera, sino para otorgarle la su¬ya propia. A partir de ese momento, sin importar si tenía los ojos abiertos o cerrados, el hombre veía como el Halcón. Si el Halcón Ahijador devoraba su presa, el hombre veía un revoltijo de sangre. Y aunque apretara los ojos, lo se¬guía viendo. Si el Halcón iba a pelear, el hombre veía los ojos atemorizados o terribles de su adversario. Si el Hal¬cón descansaba en su nido, el hombre miraba cielo y pie¬dra. Si el Halcón volaba, el hombre veía desde arriba el mundo amado. Cuando el hombre conseguía dormir so¬ñaba las visiones del ave. Cuando el ave dormía, el hom¬bre veía sus sueños. (P. 197)

Así, el Brujo Halcón nace de un tabú quebrantado y no como enviado ni prolongación del pueblo que lo reconoce como héroe. Llegará a ser Brujo porque “Los Brujos fueron Brujos porque pudieron entenderse con todo lo creado y puesto sobre la tierra.” (P. 258) Piukemán irá progresivamente asimilando su cuerpo al del Halcón, volando sobre su casa y sus alrededores para traer noticias, construyendo su nido en comunión con el ave que lo maldijo y ahora es su sí mismo en vez de su enemigo. A esta comunidad de dos se sumarán los otros cinco Brujos que habitan Los Confines. Toda la saga es un canto a la eliminación de los pares antitéticos propios del pensamiento eurocéntrico y a los heroísmos no individuales sino grupales y ampliados sobre cuerpos y zonas que lejos están del modelo campdeliano. Incluso cuando se habla de algo tan “masculino” como la guerra se dice de ella que es “un telar”, por el entramado de elementos que se mueven en derredor, y que sus armas contra el Odio Eterno deben “alimentarse con las sustancias del amor.” (P. 256)
De estos seis brujos de Los Confines se dice que estaban “locos a causa de tanto mezclarse con todo, honrados como el maíz, y listos para defender lo que quedaba bajo el sol”. (P. 210) En su momento bautismal, Piukeman, sufriendo como un recién nacido, escucha las siguientes “palabras salidas del alma” de los otros Brujos:
-¡Hermano que nos traes la bendición del vuelo! Vista desde lo alto, se desarma cualquier encrucijada. (…)
-Viendo desde lo alto, también se pierde la nitidez de los contornos. No te alejes demasiado de la tierra. (…)
-Tú eres dos. Pero en toda criatura es lo mismo. En ti, el hombre y el halcón se pelean y rivalizan. ¡Nunca dejen de hacerlo! Manténgase despiertos. No se confíen del todo uno del otro. Descárnense si fuera necesario, porque ése es el modo de la sabiduría. (P. 211)

Vemos que la naturaleza multiforme no es despreciada ni desvalorizada sino que en ella radica su peculiaridad explícita como epítome de todas las criaturas (no sólo las humanas). Cuando el Brujo y el Halcón se pongan de acuerdo plenamente por primera vez será para defender a una de los suyos que se encuentra rodeada por enemigos cobardes:
-¿Ves esto, pajarraco? -el sideresio hizo un gesto desafiante—. Ve y cuenta que las mujeres de la Tierras Fértiles se transforman en liebres cuando estamos cerca. La misma cara de miedo. Y el cuerpo que les tirita como a las liebres que atrapamos por el pescuezo.
En esta ocasión no hicieron falta órdenes ni ruegos. El Brujo y el Halcón sintieron la misma furia. Y tomaron idéntica decisión.
Por primera vez el Brujo no preparó su estómago ni apretó los ojos para aguantar lo que se avecinaba. Al revés, quiso ver y sentir el tironeo de la carne despedazada. El Ahijador tensó el cuerpo y voló recto sobre el sideresio que había hablado. El Brujo le sumó la sangre. El resultado de la cruza fue un ave de enormes proporciones y mente clara que se abalanzó para matar. (P. 251)

Una vez salvada por el Brujo Halcón, Nanahuatli dice que “mientras tenga voz hablaré de un pájaro prodigioso. Pájaro de los pájaros, y de todo cielo”, sumando al heroísmo de Piukemán otra de las virtudes que anotábamos más arriba para las heroínas: la voz, el canto, el poder de la narración, ya que el Halcón Ahijador es “el ave que crecía de tamaño cada vez que se contaba su leyenda”. (P. 252) También por proteger a Nanahuatli, amada de su hermano Thungur, el Brujo Halcón volará bajo, elegirá caminos menos peligrosos, abrirá las alas con dulzura maternal y abrazará a la mujer transformándose en su guía y dándole cobijo muy lejos de su hogar. El Brujo Halcón será capaz de realizar tantos “trabajos del amor” como enseñarle a tejer su túnica con juncos y, antes de que despedirse de ella sea su último gesto de hombre, dominar las distancias entre los cuerpos amorosos para llevarle una trenza de ella a su amado Thungur y que éste, guerrero que parece no comprender al principio, aprenda a sentir:

-Eso es, mi antiguo hermano -musitó-. Lo mismo que hacemos el Ahijador y yo, debes hacer tú. No busques con la razón sino con los sentidos. Separados por muchos soles de distancia, Thungür y Nanahuatli escucharon las mismas palabras. Ella estiró las manos para acortar la distancia entre su aroma y su amado. El hombre se juntó a la trenza, y la olfateó con las respiraciones cortas de un animal tras un rastro.
-Así es -dijo el Brujo Halcón-. Así podrás...
El hombre husihuilke se llevó la trenza a la boca y la mordió hasta que la trenza lo llamó por su nombre. (P. 311)

Todo el tiempo la paciencia es virtud heroica, la comprensión de las leyes naturales del amor, la ternura ante la felicidad y la tristeza ajenas, la capacidad de escuchar, de “estar metido entre las almas que oyen”, de presentir la traición fraticida a través de los silencios culposos del que calla para los oídos del guerrero pero es captado por el Brujo Halcón.
Finalmente, en el mundo creado por Liliana Bodoc, las Virtudes, las que se deben enseñar a todas las criaturas, las que repiten tanto el personaje de Vara como el de Aro, criados más allá de la guerra para cumplir con su tarea redentora, son virtudes “femeninas”: la memoria, la honra de la palabra en el hecho de llevar un nombre, el conocimiento y la poesía: “Único modo de decir la verdad.” (P. 286)

Veamos qué pasa, por su parte, en Canción de hielo y fuego: Bran Stark, nuestro héroe-heroína, es el primer personaje que tiene capítulo propio luego del prólogo del tomo I de la saga. Tiene 7 años, ha vivido siempre en verano (el verano cuyo final se anuncia ha durado 9 años) y lo primero que se cuenta de él es que va a ver decapitar a un hombre, que ha sido considerado lo suficientemente mayor para acompañar a sus hermanos a presenciar la justicia impuesta por su padre. Tenemos aquí la primera mención a la apertura de los círculos del no-camino de Bran, su posibilidad de ir más allá de su centro que se sumará a su creciente capacidad de trepar a los techos de Invernalia, el castillo donde vive. Otro elemento que amplía los mundos de Bran son los cuentos de la Vieja Tata: la mujer que lo ha criado suele narrarle historias que él recuerda muy bien y que, durante el desarrollo de la saga, se irán conociendo no como cuentos para asustar a los niños solamente sino como indicios de las verdades más antiguas, de la sabiduría de los ancianos que conocen aquello que sucede detrás del Muro y que comenzará a ser incluido en el mundo de Bran, su familia y los demás habitantes de Poniente. Bran, incluso, al describir a su propio padre, remarca “que por las noches se sentaba junto al fuego y hablaba con voz suave de la edad de los héroes y los hijos del bosque”. (P. 21)
En este primer capítulo, también vemos que Bran es capaz de sumar virtudes heroicas, en vez de priorizar siempre la fortaleza y el coraje: ve a su hermano y a su medio hermano, Robb y Jon, y los suma en sus diferencias, los valora a ambos y, cuando su padre le pregunta qué opina sobre el hombre que acaba de ver decapitar, Bran percibe que “un hombre puede ser valiente cuando tiene miedo”. (P.23).
Hacia el final de este primer capítulo, se produce el hallazgo de los seis cachorros de lobo huango, animal que representa a la familia Stark, que puede leerse como un símbolo de la construcción de nuestro héroe en manada y no como individuo aislado: cada uno de los seis cachorros será unido a uno de los hermanos y hermanas Stark. Ese vínculo se mantendrá de modera siempre diversas y con sentidos que aún, no concluida la saga, no podemos terminar de abarcar. Los seis lobitos son encontrados junto a su madre muerta, una loba huango gigante que es nombrada como “un monstruo” por uno de los testigos y que, desde su cuerpo muerto sobre la nieve, entrega a sus hijos e hijas para la casa Stark. La loba también ha avanzado más allá de sus límites porque “hace más de doscientos años que no se ve un lobo huango al sur del Muro” (p. 25) y tiene clavado en el cuello un asta de venado (animal representativo de la casa Baratheon con la que los Stark tendrán que “jugar” el juego de tronos durante este tomo y los siguientes). El padre de Bran y los otros hombres del grupo dicen que es extraño cómo la loba pudo vivir hasta parir o que quizás ya estaba muerta cuando nacieron los cachorros. Es, claramente, un momento de integración vida-muerte, un momento en que la multiplicación de vidas en los lobos y en los niños Stark se despliega a partir del cuerpo femenino, de la sangre sobre el hielo y de la corrupción de la muerte que es descripta como plena de vida y monstruosa en sus dimensiones hiperbólicas:

Había una forma muerta, enorme y oscura, semienterrada en la nieve manchada de sangre. El upido pelaje gris estaba lleno de cristales de hielo, y el hedor de la corrupción lo envolvía como el perfume de una mujer. Bran divisó unos ojos ciegos en los que reptaban los gusanos y una boca grande llena de dientes amarillos. Pero lo que más lo impresionó fue el tamaño que tenía. Era más grande que su poni, el doble que el mayor sabueso de las perreras de su padre. (p. 25)

Al tener que decidir si matar a los cachorros o quedárselos, tanto Bran como su hermano Robb se ofrecen a “amamantarlos” personalmente mediante un trapo embebido en leche, mientras el hermano bastardo, Jon, es quien se excluye de la familia para que cada hermano legítimo tenga su cachorro. Una nueva suma, una nueva ampliación causada por este sacrificio de Jon vendrá a equilibrar la situación: aparece un sexto cachorro, el más débil, un macho que será llamado Fantasma y asignado al bastardo a pesar de no ser un Stark. A la tarea maternal de amamantamiento, por orden del padre, se sumará la de educarlos y comprender que no son mascotas sino lobos huango capaces de arrancarle un brazo a un hombre de una mordida. Bran aceptará, por supuesto, mientras acuna a su cachorro.
En el siguiente capítulo dedicado a Bran, lo vemos haciendo los preparativos para alejarse de su casa, para ir al sur, a la corte con su padre. Pero este viaje no llegará a concretarse porque se produce el episodio que hará de él un héroe que no abandonará su lugar, una heroína, en nuestros términos, cuya curiosidad será el umbral para grandes transformaciones corporales. Bran no logra despedirse de Invernalia, recorre las cocinas, los establos, ve a la gente que lo ha criado y tiene ganas de sentarse en el suelo y llorar. Tampoco logra, lineal ni unilateralmente, dar nombre a su cachorro; todos sus hermanos y hermanas ya les han encontrado nombre a los suyos mientras él prueba miles de posibilidades y no se decide. Es como si el lobo fuera sumando nombres y con ellos cargándose de poderes y de simbolismos. Por fin recibirá el nombre de “Verano”, en medio del lema de su casa que es “El invierno se acerca”, Bran permanecerá, en el cuerpo de su lobo, en el “verano”, en el calor, en la tibieza, en el “lugar” donde nació. La descripción que el narrador focalizado en Bran hace de Invernalia incluye todos los elementos del no-camino de la heroína que planteábamos en el inicio e incluso explicita que su posición heroica es opuesta a la de su hermano, Robb, héroe masculino típico:
Para un niño, Invernalia era un laberinto de piedra gris formado por murallas, torres, patios y túneles que se extendían en todas direcciones. En las zonas mas antiguas del castillo las salas estaban inclinadas y a diferentes niveles, así que uno nunca sabia a ciencia cierta en que piso estaba. El maestre Luwin le había contado hacia tiempo que la edificación había ido creciendo a lo largo de los siglos como un monstruoso árbol de piedra, con ramas gruesas, nudosas y retorcidas, y raíces profundamente hundidas en la tierra.
Cuando salía a los tejados, cerca del cielo, Bran abarcaba toda Invernalia de un vistazo. Le gustaba como se veía desde allí, como se extendía a sus pies, disfrutaba cuando sobre su cabeza solo se encontraban los pájaros y toda la vida del castillo se desarrollaba abajo. Podía pasarse horas enteras entre las gárgolas informes, desgastadas por la lluvia, que desde su lugar en el Primer Torreón lo vigilaban todo: a los hombres que trabajaban la madera y el acero en el patio, a los cocineros que se ocupaban de las verduras en el invernadero, a los perros inquietos que correteaban por las perreras, el silencio del bosque de dioses, a las jovencitas que chismorreaban junto al pozo donde lavaban los platos… Aquello lo hacia sentir como si fuera el señor del castillo, en un sentido que jamás compartiría el propio Robb. (P. 82)


Estas capacidades de Bran lo llevan a un tipo de sabiduría que incluye el conocimiento de todos los secretos de Invernalia (si lo público es lugar de lo masculino, lo privado, lo recóndito siempre lo ha sido de lo femenino) y que supera a lo que sabía el maestre del castillo:
Así había aprendido también los secretos de Invernalia. Los constructores no se habían molestado en nivelar el terreno. Tras los muros había colinas y valles. Había también un puente cubierto que iba del cuarto piso del campanario al segundo de la torre donde se criaban los cuervos. Bran lo sabía. También sabía que era posible penetrar en el muro interior por la puerta sur, subir tres pisos y circundar toda Invernalia por un angosto túnel en la piedra, para después salir al nivel del suelo por la puerta norte, donde una pared de cien metros se alzaba a la espalda. El chico estaba seguro de que ni siquiera el maestre Luwin sabía aquello. (P. 83)
Este conocimiento no es masculinamente racional ni unicentrado en la mirada o la inteligencia visual sino que abarca todos los registros sensoriales e incorpora el dolor como forma del placer:
Además, casi siempre pasaba desapercibido. La gente nunca miraba hacia arriba. Esa era otra de las cosas que le gustaban de trepar: se sentía casi invisible.
También le gustaba la sensación de auparse por una pared, piedra tras piedra, buscando las grietas entre ellas con los dedos de las manos y los pies. Siempre se quitaba las botas e iba descalzo cuando trepaba. Se sentía como si tuviera cuatro manos en vez de dos. Disfrutaba con aquel dolor profundo y dulce que le invadía después los músculos. Le gustaba el sabor que tenia el aire en la cima, dulce y fresco como un melocotón de invierno. Le gustaban también los pájaros: los cuervos de la torre rota, los diminutos gorriones que anidaban en las grietas entre las piedras, el viejo búho que dormitaba en el desván polvoriento sobre la armería… Bran los conocía a todos. (P. 84)

Incluso su padre, tras vanos intentos de prohibirle trepar a los muros, se resigna a la corporeidad otra de su hijo negándole su ascendencia humana-masculina a cambio de una identidad animal:
Su padre se enfado, pero no pudo contener una carcajada.
-No eres hijo mío -dijo a Bran cuando consiguieron bajarlo-. Eres una ardilla. Pues bien, así sea. Si quieres trepar, trepa, pero que no te vea tu madre. (P. 83)
Finalmente, y para no adelantar más del contenido de la saga, e incluso porque ninguno de sus lectores sabemos el desenlace de estos personajes ya que no ha sido aún escrito, podemos decir que todo lo que le pasa a Bran (cae de la torre, queda paralítico, sufre un segundo intento de asesinato y es salvado por su madre y su lobo) se debe a que sabe algo que ni él mismo recuerda, a que conoce algo que ha quedado dentro de su mente y cuya significación es ajena al niño caído pero pasará a engrosar las posibilidades heroicas de Bran cuando, modificando su cuerpo en relación con el lobo, la manada animal y la humana que se irá congregando alrededor suyo, cubra el máximo de su territorio más allá del muro pero, creo, supongo, hipotetizo, siempre centrado en Invernalia y su Verano complementario.


Bibliografía

Bodoc, Liliana. Los días del venado. 2000. Buenos Aires. Norma.

Bodoc, Liliana. Los días de la Sombra. 2002. Buenos Aires. Norma.

Bodoc, Lilana. Los días del fuego. 2004. Buenos Aires. Norma.

Campbell, Joseph (1972). El héroe de las mil caras. Psicoanálisis del mito. México, Fondo de Cultura Económica.

Laddaga, Reinaldo. “Una rápida perspectiva sobre La inconstancia del alma salvaje”. En Revista Las ranas nº1 (2005) http://revistalasranas.com.ar//wp-content/uploads/la_inconstancia_del_alma_salvaje-reinaldo_laddaga.pdf (Consulta en línea 26-julio-2014)

Ludmer, Josefina. “Las tretas del débil”. 1985. La sartén por el mango. Ediciones El Huracán. Puerto Rico.

Martin George. Canción de hielo y fuego I. Juego de tronos. 2011. Buenos Aires. Plaza y Janés.

Pínkola Estés, Clarisa. Mujeres que corren con los lobos. Barcelona. Zeta Bolsillo. 2009.

Viveiros de Castro, Eduardo. La mirada del jaguar. Introducción al perspectivismo amerindio. 2014. Buenos Aires. Tinta Limón.

Fernández Mallo en Puán

Friki feliz, más friki

Estuvo tan, tan bueno que me castigo a mí misma (siempre hay una excusa) por haber tenido miedo el jueves y no haber ido el jueves y pensar que el viernes y el sábado iba a llover e iba a estar todo mal y para qué me meto en kilombos. Bueno: decidido: LO MEJOR DE LA VIDA ES METERSE EN KILOMBOS. Y si soy kilombos frik, académicos y con amigxs es imposible huir.

Leí el viernes al lado de José Ignacio Scaserra, un pibe divino que, como le tocaba coordinar la mesa, me dijo que cuando me faltaran 5 minutos para cumplir mi tiempo me iba a poner al lado una cabeza de Darth Vader como señal y que me la iba a retirar cuando faltara un minuto para que yo fuera redondeando. Claro que esto lo entiendo yo recién ahora, dos días después, porque en el momento no le entendí nada y cuando vi el cuco ese al lado mío, terminé de cortar todas las citas que ya no había empezado a leer por miedo a aburrir, por cansancio de mí misma, por pudor. Tampoco entendí cómo hacer lo que el chico Scaserra me pidió luego: que manejara yo el Darth Vader mientras él leía (y su celular, encima para ver la hora: ¿cómo decirle que la tía bigotuda no sabe usar pantallas táctiles?). Así que disfruté de su ponencia igual que el público y no tengo la menor idea de qué tiempo usó.

Cuando empezó a leer el tercer integrante de la mesa, empecé con mis problemitas físico-emocionales: me estaba piyando encima. Aguanté como 6 páginas más y la ronda de preguntas. Una vez terminada la mesa y mientras hablábamos en grupitos aparece una de las organizadoras que pregunta: "¿Quién es Paula?" Y yo ni me hice cargo, que en ese momento solamente era "la que se mea encima si no la dejan pasar". Pero ella reformuló: "¿Quién es Paula, la que habló sobre La saga de los confines?" Y tuve que hacerme cargo. Y ella me dice: "Vení que te quiere saludar Liliana". Apa. Y yo sin ir al baño. Tuve que pedirle por favor ( a la organizadora, no a la Bodoc) que me esperara porque era imposible ser presentada a la autora de mi saga favorita en ese estado. Uff.

A la salida del baño la Bodoc, una diosa. Me dijo que no había llegado a escucharme pero que quería leer mi trabajo. Le conté mi idea, me dijo que Piukemán era de sus preferidos, nos abrazamos, quedemos en que nos veíamos en su conferencia a las 7 de la tarde. Mientras ella hablaba de "La magia del subdesarrollo" sentí que todo, absolutamente todo, tiene sentido.

No me saqué fotos con Liliana Bodoc porque soy un aparato. Recién saqué la cámara del bolso al otro día. Aquí van algunas imágenes de la lectura de Celia que estuvo en una mesa excelente sobre monstruos, del balcón del Paco Urondo que estaba tan lindo y de nosotras dos caminando por ahí.

Celia coincidía conmigo en que es raro no aburrirse en ninguna de las ponencias de un congreso y ponerse a charlar con medio mundo en los pasillos. Ojalá tengamos FRIKI todos los años :)


20 de agosto de 2014

Todx cautivx es mujer

Conversaciones y reenvíos con Gabriela Cabezón Cámara

Nora Domínguez
Gabriela Cabezón Cámara se planta como narradora en el circuito editorial argentino en el 2008 con la publicación de La Virgen Cabeza. Entre el 2012 y 2013 publica su segunda novela Le viste la cara a Dios, luego Beya en tres formatos y tres soportes diferentes. Son textos provocadores que palpan el mundo de las orillas suburbanas, con personajes en situación de riesgos constantes, cuerpos moviéndose al compás de una familiarización de la violencia, lenguajes llevados hacia el grito o la injuria que hacen masa con una lengua que busca y rebusca en las referencias literarias otra réplica de la provocación. Su apuesta hace serie con otras que a lo largo del siglo XX miraron hacia esos relatos populares del XIX que le daban contenido, forma literaria y tonos plebeyos a la “barbarie”. Entre esos pliegues, las novelas observan una ligazón constitutiva entre los terrenos de lo marginal, el devenir de las sexualidades y sus formas de resistencia a los poderes estatales.
 La Virgen cabeza y Le viste la cara a Dios son dos novelas emplazadas en situaciones, espacios, universos, personajes, hablas del presente de Buenos Aires y el conurbano bonaerense. En ellas se respira y se lee una violencia actual, situada, que identifica y señala referencialidades muy reconocibles. En este sentido, las dos novelas parecen escritas en proximidad con esos enclaves donde se producen algunos hechos periodísticos, las crónicas del delito y de la marginalidad. Sin embargo no apuestan a la crónica, el testimonio o el relato periodístico ¿Cómo se deciden las voces y los tonos con los que se van a traer a escena estos materiales ? ¿Cómo se trabaja la materia verbal que les va a dar forma literaria ?
Las novelas se emplazan, efectivamente, en escenarios reconocibles y violentos, en relación con lo que suele ser la fuente principal del hecho periodístico, del policial. No apuesto a la crónica, el testimonio o el relato periodístico porque no me interesan los hechos en sí, no me interesa contar lo que efectivamente sucede, no me interesa esa relación con lo real : me interesa contar lo que eso me dispara, lo que podría ser, lo que quiero y lo que va sucediendo en la escritura misma. En este momento, por ejemplo, estoy terminando una novela cuya imagen inicial fue una foto en un diario : un hombre en llamas en el centro del cuadro, los borceguíes de los policías que huían de él saliéndose del cuadro. Estaban desalojando un edificio en Neuquén y un chico, un hombre joven, “un canillita de 31 años”, decía la nota, se prendió fuego en protesta. Eso pasó en 2000 o 2001. Me impactó la foto y seguí un poco la noticia : luego de la feroz protesta del canillita bonzo, el desalojo siguió con relativa normalidad. A los quince días, el hombre murió por las quemaduras. Hubo una batalla campal entre vecinos y policías. Otros quince días después, el gobierno de la provincia decidió devolverles las viviendas a los desalojados con la condición de que se casaran legalmente todas las parejas : la segunda foto de esta noticia era gente de un lado y otro de mesas que eran largas tablas montadas sobre caballetes bajo arroz cayendo como nieve. Y ahí se acabó la historia. Desde entonces le presto atención a los bonzos y llegué a tener algún –no mucho- conocimiento sobre el tema. La novela que estoy escribiendo cuenta la historia de una mujer, “una joven poeta de 30 años”, dirían los diarios, que, luego de la inauguración de una muestra de arte, se va con la artista y un colega a tomar cocaína y whisky al departamento de la artista, en un edificio tomado. A los tres o cuatro días, tenían una gran piedra y muchas botellas, la policía llega a desalojar el edificio. Nuestra protagonista, completamente fuera de sí por la droga y el alcohol, amenaza con quemarse si los canas avanzan y avanzan nomás. Ella se prende. El desalojo sigue. Ella agoniza largamente, pero no muere. Por la difusión mediática que tiene su imagen de bonza, la filman cientos de personas cruzando la avenida en llamas, el juez que había decidido el desalojo da marcha atrás, devuelve a los okupas sus departamentos y además obliga al gobierno a darles un subsidio para dejar el edificio de punta en blanco. Como estos okupas son artistas, con ellos se inicia un movimiento artie de ocupación de viviendas : sus marchas y actos de resistencia son performances, van ganando popularidad, comienzan a negociar con punteros y gobiernos, se asocian con otras víctimas, terminan transando bastante, el gobierno los quiere de su lado, llegan a realizar una instalación en la Bienal de Venecia alrededor de la idea de sacrificio con la bonza como pieza central -consigue sobrevivir y los lidera- y otras cuantas cosas más. La relación con el hecho periodístico en este caso es la de punto de partida. La elección del tono y del narrador fue, como siempre, lo más difícil : como no sé para dónde va una historia mientras escribo, y tampoco me importa especialmente la línea argumental, es el punto de vista y el tono lo que decide todo, lo que hace avanzar la novela. A esta le di muchas vueltas hasta que llegué a una primera, habla la bonza-líder, que cuenta, al fin y al cabo es poeta, parte con base octosilábica, parte con base endecasilábica y parte sin ninguna base métrica. La novela se llamará El Romance de la Negra Rubia y saldrá publicada en marzo del 2014
 ¿Considerás que hay un imaginario nacional de escritura de la violencia al que no se puede renunciar y que evoca determinados nombres (El matadero, la refalosa, Martín Fierro, El fjord, Cadáveres) a pesar de sus singularidades y diferencias ?
 Es un imaginario al que yo no puedo renunciar. En términos de literatura, para mí son los textos fundamentales, esos cuya lectura me marcó un antes y un después, incluso cuando no podía pensar en términos de tradición ni de ruptura, cuando era una lectora más sencilla, por decirlo de algún modo. Desde que hice esas lecturas ya casi no puedo pensar la violencia sin referirla a esos textos : me la filtran, me la estructuran, me la llenan de leit motivs. La carne, su falta, la lucha por la achuras, el degüello del nene, la violación elidida, el degüello una vez más, pero esta vez intencional y del enemigo político, la fiesta, el erotismo bestial “para nosotros no es mengua el besarlos en la lengua”, la leva, el ejército, el hambre, el indio, la cautiva, la muerte del niño destripado, el parto, la lluvia de golpes, la violación, el castigo por el sexo, por su falta y por su exceso, la matanza del amo, y, por fin, los cadáveres, esos que de no estar están en todas partes, incluso en el sexo, “en las conchitas de las pendejas”. Son textos que ponen en juego poéticas poderosas, por eso fundan y marcan y se hacen inevitables.
Tanto El matadero en el siglo XIX como El fjord en el XX son textos armados sobre la disputa política, más o menos explícita, más o menos elusiva, pero sin duda coyuntural en ambos casos En tus novelas el enfrentamiento no se establece entre facciones o grupos políticos que disputan sobre “la patria”, aunque, como esos textos disponés y distribuís violencias sexuales y verbales que podrían pensarse como para estatales (el prostíbulo en Beya) o contraestatales (la villa en La Virgen.) ¿Cómo situarías en tus novelas la política, u otras maneras de pensar de lo político ?
Lo político aparece como pugna, como una violencia que estructura a la sociedad y a la cual se intenta resistir. En mis textos no hay patria, no hay un todo que dominar ni un todo que contenga, no hay una idea de pertenencia a una Nación. En todo caso habría clases, pero no se representan como universales en el sentido de que están contenidas en la situación que se relata, no tienen más referencias que las que se describen, los personajes no se sienten parte de algo mucho más grande o en todo caso les parece distante, otro planeta, la política es lo que se practica ahí en el lugar en el que están, es una escala pequeña, no pasa del tamaño de una villa. El Estado, es cierto, no lo había pensado, sólo aparece como cómplice de los poderosos e incluso como generador de violencia a través de la policía. La resistencia se representa como fruto de lazos sociales de solidaridad, en La Virgen…, o como odio, en Beya. En los dos casos, es una práctica política de lo pequeño y lo inmediato, que se atiene a la situación concreta, al lugar en el que se está.
Sin embargo, la aparición de Beya estuvo acompañada no solo por la reunión habitual de una “presentación de libros” en una librería de la ciudad sino por una amplitud de presentaciones en distintos ámbitos y con diferentes grupos pero también por acciones de intervención pública : pintadas en la Feria del libro, escritura de murales contra la trata. ¿En qué medida te sentiste convocada, interpelada a participar e incluso a generar actos en contra de la injusticia política y social de la trata y esclavitud de personas ? ¿En qué medida percibiste que el texto se convertía en una acción de transmisión y construcción política ?
En la medida en que nos interpelaban en ese sentido, no sólo algunos periodistas sino algunos políticos ; en algún momento hubiera preferido que no fuera así. Un escritor escribe un libro y, en el mejor de los casos, lo que sale es un libro bien escrito. Por momentos, cuando escribís algo que tiene una impronta política fuerte, te interpelan como si fueras Sartre, cómo si supieras qué hacer. Es medio raro y muy incómodo. El resto, por ejemplo pintar murales, es muy lindo de hacer, terminás hablando con gente que si no nunca, se acercan personas con las más diversas inquietudes, se tiene la sensación de agitar un poquito, hay algo del lazo con otros, con parte de una comunidad que se pone en acto en el intercambio, en la colaboración de la gente que se acerca, que se siente muy cálido.
Tu condición de periodista ¿de qué manera te obliga o te incita a mirar e involucrarte con los hechos sociales de una forma más concentrada o atenta ? Los materiales literarios que te interesa manipular y transformar (voces y personajes populares, espacios marginales, hablas de lo bajo) coinciden con los intereses de tu actividad periodística o tratás de que las dos actividades se mantengan en franjas diferenciadas.
No coinciden en absoluto : lo que yo hago como periodista es básicamente editar y editar notas de cultura dentro de lo que se entiende que eso es en un diario muy masivo como es Clarín. Por otra parte el periodismo, cuando se ejerce en un medio masivo, es algo muy pautado desde el lenguaje y desde lo ideológico, lo contrario a la literatura. Yo no tengo que hacer nada para que estén separados. Digamos que se cortan solos.
 Podríamos pensar la literatura argentina como un álbum de escenas emblemáticas de la violencias que condensan momentos histórico-políticos, modos de escritura, capas divergentes de interpretaciones que fueron construyendo una historia literaria. Por ejemplo : la escena de la vejación del unitario en El matadero, en manos del grupo que lidera el degollador Matasiete y la escena final de El fjord donde el narrador y Sebas salen hacia la manifestación política con la bandera. Es decir, una escena de violencia extrema, otra que como desenlace llega después de la violencia pornográfica y radical en El fjord. En Beya es posible leer estos restos literarios, desde ya, transformados : el secuestro y el sometimiento a la esclavitud de la joven y su salida con disfraz de vengadora enarbolando la ametralladora asesina. ¿Qué podés decir sobre estas supervivencias literarias y su manipulación ficcional puestas al servicio de una justiciera versión femenina ?
 Sobreviven, sí, hay algo de Matasiete en el cafishio, algo de la violencia sexual de El fiord y de El niño proletario en Beya y también algo de la revancha de Sebas y el narrador en el uso que hace de su ametralladora. Más que justiciera, yo la llamaría resistente porque el uso que hace de la violencia es un poco más masivo de lo estrictamente necesario pero es lo que necesita para liberarse. El hecho de que el personaje sea mujer no me parece que cambie demasiado las cosas : puestos en situación de sometimiento y violación, el género da lo mismo, inmediatamente se transforma en femenino ; todo violado es mujer, en un sentido. Seguro que alguien ya lo pensó y lo categorizó con más precisión, vos lo sabrás mejor que yo. La salida después de la matanza, que en el caso de Sebas y el narrador puede leerse apenas como un paréntesis para la violencia del poder que va de uno a otro en la pugna, en el caso de Beya es también una salida amarga, una condena : en un punto, de la violencia extrema no se sale.
 Efectivamente, del mismo modo podría decirse toda cautiva es mujer. Hay una adhesión imaginaria de lo femenino al sometimiento que encierra otra modulación siniestra : si todo violado es mujer, toda mujer puede ser violada. Sin embargo, el texto en lugar de dejar el cuerpo de la víctima inerme como el cuerpo del torturado sobre las paredes del prostíbulo, desparrama sobre esas paredes, una voz de la conciencia que parece pedirle otra cosa. Cuerpo y voz se separan y es la voz en segunda persona, imperativa, demandante, exigente, violenta la que construye otra salida para la narración, otra economía para la lógica prostibularia. En esto veo un gesto político de inversión de las “fijezas patriarcales femeninas” y vale y mucho como imaginación literaria política y femenina. Prefiero esa imaginación y no la condena, esa violencia extrema que decís “no se sale”. Y sin embargo en La Virgen Cabeza la deriva narrativa de los personajes parece otra.
Estoy completamente de acuerdo con todo lo que afirmás. No sé si me doy cuenta cómo podría seguir... Pruebo : LVC termina medio chistosamente ; luego de construir otra forma de femineidad y de vínculo en todo el libro, al final vuelven los estereotipos, o eso dice una de las narradoras, Qüity, y sale corriendo tras Cleo, la travesti que fue padre biológico y es madre practicante (en el sentido del estereotipo, la que cocina, elige la ropa, etc). Qüity también era madre de la niña, pero de un modo más distante. Y cuando se entera de que Cleo se va, sale a buscarla para evitar ser cristalizada ahí, en el lugar de madre abandonada con una niña.
 El uso de la segunda persona es para mí una de las fuerzas del texto, construye un tono penetrante, escandaloso que no da respiro. Hay entre esa voz y el personaje de la jovencita una alianza, en términos de Ludmer, entre voz y cuerpo que mezcla también registros : lo oral, lo bajo entrecruzado con las referencias literarias, tanto de los textos y autores que venimos nombrando como de los místicos españoles o las figuras más actuales de la teoría política, como el musulmán sobre el que piensa Agamben. ¿Qué podés decir de estos pasajes, saltos, superposiciones entre diferentes niveles culturales, sociales, de la lengua ?
Lo que me pasa es que no los vivo como pasajes o saltos, son partes de mi experiencia. El lenguaje que uso tiene como materia prima muchísimo de mis lecturas y mucho de mi experiencia directa ; no son materias que pueda separar sencillamente, se me mezclaron y se me superpusieron para siempre, creo, y desde siempre. Tal vez viví claramente la distancia entre los dos ámbitos lingüísticos cuando era una nena y todas las traducciones a las que tenía acceso, lo mío entonces era la Biblioteca Robin Hood de mi abuela, usaban el “tú”, y por otra parte mi ámbito de pertenencia tenía menos recursos lingüísticos que los que transito ahora. Alguna vez el “vos” en un libro fue una novedad para mí, eso podría haber sido un salto. Después, por lo menos desde que pisé la facultad, se mezcló todo.
 Sin duda, Le viste la cara a Dios o Beya es una novela sobre la trata de personas. Pero, el relato exige atravesar el guión del secuestro y de esta manera pasa a emparentarse con los relatos de secuestros y torturas de la dictadura y en segundo lugar, lo obliga a emplazarse en las lógicas prostibulares y aquí es donde podemos distinguir una larga tradición en la novela argentina y establecer otros vínculos. Sabemos que la figura de la prostituta ha captado el interés de muchos autores desde el siglo XIX como Sicardi y Cambaceres. Hay un momento de inscripción paradigmático con la aplicación del modelo realista en manos de Manuel Gálvez (Nacha Regules, 1919) quien había hecho una investigación sobre la “trata de blancas”, un momento de disfraz y travestismo masculino con Versos de una… de Clara Beter (1926), seudónimo de César Tiempo. La lista se continúa a lo largo del siglo XX hasta el punto que podría trazarse una línea de novelas de/con prostitutas que fueron diseminando ideologías literarias, políticas y de género. Cuestiones que tenían que ver con regulación de una actividad, con el disciplinamiento y control de los cuerpos de las mujeres, con los modos pensar la dimensión de la moral, los afectos y el deseo femenino. Cuestiones, digamos, donde el estado se jugaba sus imaginaciones públicas y sus partidas simbólicas sobre el orden de los cuerpos, los discursos y los placeres. Creo que Beya junto con El trabajo (2007) de Aníbal Jarkowski son dos versiones actuales sobre la captura de cuerpos femeninos para hacer de ellos cuerpos de ficción en los que se juegan lecturas sobre el presente.
  • 1 Cfr. Nora Domínguez, « Capturas », Escritores del mundo. Revista-blog de literatura, ensayo y críti (...)
Estoy completamente de acuerdo. Vos escribiste un artículo clarísimo sobre el tema, no tengo nada para agregar, salvo, si te parece bien, un link con ese brillante artículo1.
 ¿Con qué otros textos u autores actuales encontrás afinidades literarias o estéticas ? ¿Qué otras propuestas te interesan ?
Hoy siento afinidad con Pedro Mairal. Me interesa mucho lo que hizo en El gran surubí : una especie de Martín Fierro contemporáneo, una pesadilla que cruza peronismo con capitalismo salvaje, contado en sesenta sonetos y con una imaginación pletórica. Me interesó el experimento de Oscar Fariña con el Guacho Martín Fierro. Me interesa mucho lo que hizo Leonardo Oyola en Chamamé. Por fuera del terreno de las afinidades, es muy larga la lista de lo que me interesa ; me gusta lo que hacen Carlos Ríos, Selva Almada, Dalia Rosetti, Julián López, Luis Sagasti, Cucurto, no sé, creo que prefiero no hacer esta lista porque es muy extensa, me llevaría unas cuantas horas hacerla bien. Sólo en literatura argentina contemporánea creo que reúno unos cien nombres...
 Uno de los capítulos de La Virgen Cabeza termina con la muerte de un niño, Kevin, en medio de una balacera en un operativo policial en la villa donde transcurre la novela. La escena remite a un lugar común de la literatura y el cine. En la tradición literaria argentina constituyen un resto significante : el puñado de huesitos del hijo de la cautiva, los niños enfermos por el contagio y la pobreza, los restos, los fetos. Son como lugares del sacrificio donde o a través de los cuales un “imaginario sexual nacional” persistente, como dijo María Moreno, se cobra con cuerpos infantiles sus abismos de significación.
Sí : el monstruo que se come a sus criaturas. En un país de una historia tan violenta como el nuestro, con tanto asesinato en el adentro -de la frontera, de la “patria”, del partido, etc., el sacrificio del niño parece una pesadilla de lo más razonable. Tal vez por eso nos resulte tan significativa y por eso se reitere sin perder eficacia.
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Notas

1 Cfr. Nora Domínguez, « Capturas », Escritores del mundo. Revista-blog de literatura, ensayo y crítica, Disponible enhttp://www.escritoresdelmundo.com/2013/06/capturas-por-nora-dominguez.html(N. de las editoras)
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Para citar este artículo

Referencia electrónica

Nora Domínguez, « Conversaciones y reenvíos con Gabriela Cabezón Cámara »,Cuadernos LIRICO [En línea], 10 | 2014, Puesto en línea el 14 marzo 2014, consultado el 20 agosto 2014. URL : http://lirico.revues.org/1653
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Autor

Nora Domínguez

Directora del IIEGE (Instituto interdisciplinario de Estudios de Género), Universidad de Buenos Aires

18 de agosto de 2014

A veces me sorprendo a mí misma

Acabo de terminar mi monografía sobre La Trilogía Argentina Amateur de mi querido Saba y Binetti. Ésta va para seminario de Dubatti y es lo que llevo a Jujuy dentro de tres semanitas y ni yo lo puedo creer: hasta el sábado no lograba hilvanar las ideas sueltas que venía masticando desde el verano, todo me parecía un delirio y ponía (entre paréntesis, detrás de todos mis párrafos) cosas como "Bué, me fui" o "Delirio total".
Ahora ya está. Y me encantó releer las piezas y acordarme de cuando las vi y meterles algo de El coloquio y de María Moreno sobre Terror Anal y encontrar unos hilos preciosos con Un desierto para la nación y el Teatro de Eugenio Barba que rescaté de mis estantes prehistóricos.
A veces creo que soy genial. Je.

16 de agosto de 2014

Un sábado más



Bien mi primera clase de Linguística: Profe nueva, tranqui, buena onda. Lástima que yo entre Pinker, Halliday y Chomsky y el dolor de cabeza en lo único que pensaba es en estos estados del face que iba a venir a escribir.


En Puán hay muchos especímenes, eso es lo genial: un hábitat superpoblado de variedades y mutaciones. Pero no me nieguen que los de lingui son una raza aparte.


Hoy conocí especímenes tipificables. A saber: La que tiene la hermana psicóloga, la que tiene el sobrino tartamudo, el que participa en un grupo que ayuda en la villa, la que da ejemplos sobre el desarrollo de los bebés, el que no distingue entre ser un pelotudo y participar en clase.


La profe explica la relación entre lenguaje y pensamiento. El texto pone un ejemplo pelotudo sobre las feministas que "creen" que el lenguaje sexista hace al mundo sexista, salta el bolas tristes que dice cuánto le molesta el uso de la arroba o la X para no definir género. La profe le explica genialmente los usos de herramientas de visibilización. Yo, sin abrir la boca, sonrío.


Tres viejas rondando los 50 (conmigo incluída) es mucho para un práctico de 15 personas.


¿Y qué pasa con los tartamudos? ¿Y qué pasa con la dislexia? ¿Y cuándo los chicos no hablan bien? Ufa, che, ella es la profesora de linguística leyendo el texto de Pinker, no la guardia del hospital de niños.


El textito de Pinker (denso como todos) ponía como ejemplo la Neolengua de la novela 1984. Buen ejemplo, bien usado como argumento. Casi me dan ganas de releer eso que juré no retomar jamás en mi vida por su nivel de angustia.


Para consolarme o para levantarme el ánimo o para sacarme el dolor de cabeza o para ser feliz, me fui a la librería a preguntar por las ediciones fascimilares de revistas literarias que hizo la Biblioteca Nacional. Pregunté por Proa, por Los libros y por Poesía Buenos Aires. Me traje dos de las tres colecciones completas (porque Poesía Buenos Aires no la tenían).


En la librería no tenían ninguna bolsa en la que entraran los 4 tomos fascimilares de las revistas Los libros. Hice cuatro cuadras hasta Rivadavia y se me resbalaban (los 15 de Proa entraron, por su formato menos, en mi bolso y me estaban partiendo el hombro). Tuve que entrar a un Carrefour a comprar una bolsa ecológica. 5 pe con 30 la puta bolsa.

15 de agosto de 2014

El regreso de Quiroga

Leo "El regreso de Anaconda" para la facultad. Sé que he leído esos cuentos antes, hace mucho. La edición de EUDEBA es de la colección que me prestaba mi abuela, de los muchos libritos en aquel estante de su depto al que no volví cuando ella murió (yo tenía 10 años) a pesar de que mi abuelo siguió viviendo ahí hasta su propia muerta el año pasado.
Este es de los ejemplares que no devolví nunca, como Tini y otros relatos y algunos más y que ahora se unieron a la colección completa cuando me la trajeron al desocupar el departamento de la calle Honduras. Qué sabía yo qué era EUDEBA a los diez años, pero esos libritos todos iguales me llamaban mucho la atención y la codicia y el fanatismo de coleccionista que siempre tuve. No me acuerdo quién me elegía los títulos, si mi mamá, mi abuela o mi mismo dedito pasando por los lomos (sensación qué sí recuerdo y repito muy a menudo).
¿Qué habrá pensado la niña Paula de Anaconda? ¿Qué habrá entendido de este cuento que acabo de terminar? La selva y los animales me vuelven pegados a semirecuerdos de melancolía y soledad. ¿Los habré leído todos juntos con los Cuentos de la selva? (Mi lectura de "El hijo", por ejemplo, fue posterior porque ya acusé el golpe en mi propia maternidad y juré no leerlo nunca más y afirmé que Quiroga era monstruoso). También recuerdo no haber disfrutado nada nada de "El almohadón de plumas" y "La gallina degollada" que, al tuntun, ubico en la escuela secundaria. Pero Anaconda y la selva y el agua y los camalotes y los mensú y los tucanes me vienen de antes, de una infancia más callada, más olvidada, más silenciosa. No me acuerdo mucho más. Pienso desde cuándo habré deseado ser Irupé.

¿Quién dijo que la vida real es más importante que aquello que apasiona y da placer?

no
JUEVES, 14 DE AGOSTO DE 2014
LA PROFECIA AUTOCUMPLIDA DE LA NERDENCIA

Le freak c’est chic

Ahora que nerdos y frikis son formadores de opinión, el Frikiloquio llega para hacer un acercamiento académico a los contenidos del gran magma pop.
 Por Lola Sasturain
El triunfo de los nerds llegó hace rato. Nerd o friki pasaron de ser motes despectivos proferidos por los cancheros, que supuestamente estaban del otro lado, a ser insignias de orgullo de una clase que define gran parte de lo que es ser canchero hoy. La tortilla se dio vuelta: si antes ser acusado de nerd era ser acusado de incogible, antisocial, persona aburrida, poco interesante y llena de granos, ahora definirse nerd es condición casi sine qua non para estar en la onda, o mejor dicho para ser considerado alguien culto y que la tiene clara.
La diferencia radica en una nueva concepción del término. Hoy, ser friki o nerd ya no significa ser distinto. El “ser distinto” pasó a ser algo que se busca obsesivamente y, por lo tanto, perdió su carácter peyorativo. Los frikis y nerds de hoy son aquellos que se hacen cargo a fondo de su relación con la cultura de masas: no necesariamente aquellos que consumen cultura para pocos, o aquellos sometidos al estudio, o aquellos que se visten y peinan raro, sino aquellos que desarrollan un estilo de vida alrededor de sus pasiones culturales.
Ser un friki es ser un obsesivo: es buscar hasta el dato más insignificante sobre esa banda, esa serie o ese videojuego; es buscar hasta la edición más agotada y revolver ferias, convenciones o tiendas de mala muerte en busca de ejemplares de colección; es la categorización compulsiva y obsesiva; es depositar energía y sentimientos en la cultura popular sin esperar nada a cambio más que el goce mismo de la nerdeada. Al fin de cuentas, ser un friki es ser un experto hedonista en aquello que, para los simples mortales, son nimiedades. Pero, ¿acaso los simples mortales son expertos en algo? ¿Quién dijo que la “vida real” es más importante que aquello que apasiona y da placer?
Todas estas criaturitas de Dios finalmente lograron su reivindicación, y hasta el ámbito académico tiene un espacio especial para ellos. Porque por primera vez un evento de estas características saldrá de convenciones polvorientas, fondos de galerías y comiquerías ignotas para el 90 por ciento de la población. Desde la Facultad de Filosofía y Letras (contando con la participación del departamento de Filosofía, Letras, Artes e Historia) se organizará este fin de semana el Frikiloquio, Primer Coloquio de Humanidades y Ciencias Sociales sobre Culturas y Consumos Freaks.
El encuentro contará con actividades culturales, workshops y ponencias. Habrá ensambles, talleres y conciertos de música celta y música y danzas medievales y renacentistas, invitados de la asociación Tolkien Argentina, de la asociación Cosplay y de la Zombie Walk; workshops sobre historietas y acerca de teorías conspirativas en el siglo XX. Las ponencias se centrarán en los aspectos sociológicos, psicológicos, ideológicos y políticos de obras consagradas por la nerdeada, y tocarán temas de los más diversos y para todo tipo de frikis: vampiros, historias de terror, horror, Lovecraft y Shakespeare aplicado a la ciencia ficción, zombies abordados desde los más diversos ángulos, historietas de acá y de allá, de ayer y hoy (americanas, orientales... ¡Perramus!), videojuegos como Assasin’s Creed o Skyrim, juegos de rol (obvio), Star Wars, Star Trek, Game of Thrones, Evangelion, y van... También habrá lugar para el análisis de las freakadas de los medios masivos, como los reality shows... ¡o las huelgas en Los Simpson!
Absoluta seriedad y compromiso para amantes de la data, un banquete para fanáticos adictos a la cultura pop y no tan pop que ven la riqueza y la profundidad detrás del supuesto simple entretenimiento. El cronograma, ajustadísimo, continúa mutando y sumando actividades, por lo cual se recomienda estar atentos a la fanpage (/frikiloquio) para corroborar eventos, horarios y expositores. El Frikiloquio promete ser un punto de encuentro para muchas almas gemelas aún no descubiertas, para todos esos frikis que adhieren a las sabias palabras de John Cusack en Alta fidelidad: “Lo que importa es lo que te gusta, no cómo seas”. Ojo que la entrada es libre y gratuita, pero los espacios son reducidos... así que es cuestión de llegar temprano e inscribirse. Adelante, entonces: porque Dios los cría y el Frikiloquio –¡al fin!– los amontona.
* Del jueves 21 al sábado 23 en el Centro Cultural Paco Urondo, 25 de Mayo 221. Desde las 10.

14 de agosto de 2014

Amo a Aguilar y vuelvo a cursar en cuanto vuelva el primer cuatri


El juego de las etimologías



14-08-2014 | 


Publicamos el prólogo escrito por Gonzalo Aguilar a Palabra Desorden, de Arnaldo Antunes (Caja Negra).


Por Gonzalo Aguilar.


antunesEl poeta es un cazador de etimologías. De etimologías falsas pero que se vuelven poderosas por acción de la poesía. ¿Qué etimología, en última instancia, no tiene algo de embeleco, de prueba fraguada, de invención, pese a que el significado de etymon, de donde proviene la palabra etimología, es “verdadero”? Como si remontando el río del lenguaje pudiéramos llegar a los orígenes donde se devela la verdad todas las palabras. Ya Sócrates en elCratilo, en uno de los pasajes más enigmáticos de sus diálogos, juega con las etimologías de las palabras y los lectores no saben si se trata de la naturaleza de la verdad o de la verdad de la ironía. La palabra “dioses” (theoí ), por ejemplo, vendría de “correr” (theín) que es lo que percibían los hombres en la naturaleza (el sol, la luna, las estrellas, el cielo corren). Más allá de las argumentaciones filosóficas, Sócrates se revela aquí como un verdadero poeta: se interna en el lenguaje como en una red de sentidos que reconducen unos a otros no solo por los significados sino también por los sonidos, las letras, los ritmos, los parentescos, los azares. Una oscura en la que, según Sócrates, “el lenguaje señala, rodea y recorre siempre todo y es doble, verdadero y falso”.
Arnaldo Antunes, qué duda cabe, también es un cazador de etimologías pero no se preocupa por el origen sino por el parentesco y no navega hacia el pasado remoto sino que juega con las consecuencias, los efectos, los desenlaces (se inclina más por el humor que por la ironía). Agrupa palabras que se asemejan sea por su sonido, por su diseño, por su sentido, por la sintaxis que las agrupa. Etimología de río: ir. De psiu: psia. De incerto: incéu. Lo casual se transforma en sorprendente y necesario. Y en el juego de la sintaxis y las definiciones: “El grillo es el pececito del sapo. El silencio es el de la charla. El bigote es la antena del gato. El caballo es pasto de garrapatas. El cabrito es el cordero de la cabra”. Siguiendo el hilo extraño de la relación entre etimología y traducción, Ivana Vollaro y Reynaldo Jiménez siguen a la caza del snark: incierto e incielo, “pececito” (“peixinho”) que pasa de “grillo” (“girino”), en la traducción, a “sapito” con quien se asemeja por el sonido.
Estos conjuntos constan de dos palabras y en algunos poemas hasta de una sola y esto es así porque nunca hay una palabra absolutamente aislada: “La cosa en sí no existe”, escribe Antunes. Debajo de cada palabra, detrás o al lado, tentáculos más o menos visibles atan a una palabra a otras (así como no se puede aislar una cosa, porque apenas se la aísla el mundo entra en ella). Una palabra remite a otra, toda palabra tiene etimología, cualquier palabra es un nudo de relaciones. Las relaciones, en la poesía de Antunes, se dan según cuatro modalidades: el verbo ser, la repetición, la palabra como cosa y la fluctuación humorística.
El verbo ser en tercera persona retorna una y otra vez en los poemas de Antunes. La palabra “é” que por un lado remite a lo central y dominante de la cultura occidental (la identidad y la verdad) y que por otro, por ser una sola letra, una vocal, se mezcla con otras palabras, se diluye, hace encabalgamientos (la observación no vale para el castellano). Esta última opción es la que usa Antunes poniendo en suspenso e impugnando todas las identidades. Ya sabemos que “el bigote es la antena del gato”, que “El Sahara y el Polo son ______s fríos”, que “lo que no puede ser que no es lo que no puede ser que no es lo que no puede ser que no es”. O en otra lectura, “puede ser que no es lo que no puede ser que no es lo que no puede ser que no es lo que no” y así en innumerables comienzos.
La repetición se irradia en todos los sentidos y vacía la unicidad de la afirmación de identidad del ser. O, en términos sintácticos, semánticos, gráficos, sonoros o visuales, la repetición se impone con una constancia tal (la repetición se repite, no deja de repetirse) que hace aparecer todas las diferencias. Como un niño, el poeta Antunes experimenta y aprende con las semejanzas y la reiteración. El ser no es una identidad sino una atribución giratoria, rotativa, hipnótica. Toma la palabra como un cosa (la palabra es una cosa) y la extrae del uso cotidiano del intercambio para entregarle al libre uso del juego. De ahí la risa liberadora que provocan los poemas dePalabra desorden.
La etimología de humor no es la palabra latina umor (líquido, humedad) sino, como quería Oswald de Andrade, la palabra amor. Amor = Humor. Con esa hañadida que ya no es etimológica sino histórica, resto visual que Antunes literalmente escribe –con tinta que se chorrea– en “hentre / hos / hanimais / hestranhos / heu / hescolho / hos humanos” (“hentre / los / hanimales / hextraños / yo / hescojo / los / humanos”). La fluctuación humorística se desplaza entre letra y letra, entre repetición y repetición, “entre labio y labio”, “entre parte y parte”.
Arnaldo Antunes nació en San Pablo en 1960. En los años cincuenta el movimiento de poesía concreta cambió la fisonomía de la ciudad paulista y de la literatura brasileña. En los años sesenta Paulo Leminski declaró que era más concreto que los concretos,
porque ellos se habían hecho concretos mientras él ya había nacido concreto. Hacia final de la década, Caetano Veloso y Gilberto Gil entraron en diálogo con Décio Pignatari, Haroldo y Augusto de Campos durante los agitados días de la aventura tropicalista. Cuando Antunes irrumpió en el mundo del arte, de la mano del grupo de rock Os Titãs, la combinación de sofisticación y naturalidad ya era una marca de la cultura popular brasileña. Su primer disco con el grupo, de 1984, en tiempos de retorno de la democracia y de explosiones de una juventud que se volcaba hacia el rock como medio de expresión, tuvo una salida casi simultánea con su primer libro de poemas: Ou e de 1983. Desde entonces, una misma energía recorre todos los actos de Arnaldo: sea en las fiestas descontroladas y paganas de Os Titãs que después se continuaría en sus discos solistas y en el antimovimiento de Os tribalistas con Marisa Monte y Carlinhos Brown, sea en sus performances y obras visuales, en las instalaciones y videos, sea en sus libros de poesía (que a esta altura suman más de diez títulos) o en las revistas de las que participó (como en la mítica Artéria), una energía atraviesa todos esos mundos con tanta fuerza que hace a las diferencias entre las distintas prácticas operativas a la vez que inútiles. ¿Qué es, entonces, Arnaldo Antunes? ¿Poeta, músico, cantante, recitador, artista visual, dibujante, performer ? Nada de eso, Arnaldo Antunes es.
En el camino de la poesía, Arnaldo se encontró con sus traductores al castellano. Lo que el lector tiene entre las manos es una traslatio subspecie amicitiae. Ivana Vollaro es artista visual y expone en las galerías paulistas. Reynaldo Jiménez es poeta, compilador de la conocida antología de poesía barroca hispanoamericana y editor de la revista y el sello editorial tsé=tsé, que fue responsable por la introducción de varios de los mejores poetas brasileños contemporáneos en nuestro país. La fórmula traslatio sub specie amicitiae no expresa el hecho de que Ivana, Arnaldo y Reynaldo sean amigos sino que la traducción forma parte de un proceso de intercambios en el que se percibe la marca de la amistad, del diálogo, de los hallazgos en común. En algunos casos cosoluciones más felices y a la vez más fieles que las del original como en “Todooutodo”. En otros, con un respeto por el trazo del otro que el valor que tiene en Arnaldo la página como soporte.
Palabra desorden es un libro pero es más que eso: es una cosa. Está ahí, tiene volumen, textura, duración –como dice Arnaldo en su poema “As coisas” que musicalizó Gilberto Gil. Se mete entre los libros de la biblioteca argentina, entre las cosas locales que nos rodean y respira. Es algo tan extraño a esas otras cosas, a esas tradiciones, que uno se ve tentado a denominarlo un objeto no identificado, que es como los brasileños denominan a los ovnis. Uno lo imagina en el estante y no puede dejar de pensar en el contagio, en la invitación risueña que le hace a los demás libros para que, por un instante, se entreguen al orden del desorden.


Tomado del blog de Eterna cadencia

11 de agosto de 2014

Cómo me gusta destruir mis desilusiones

Empecé Problemas de literatura argentina con cero expectativas. El programa me parecía que se tocaba en demasiados puntos con lo que ya había visto en Literatura Argentina II y Saitta siempre me había parecido aburrida, poco expresiva, monocorde, monotemática.
Había ido a un par de teóricos antes de dar mi final de Argentina II y me parecía que no aportaban nada, que tiraban datos como que Silvina y Victoria eran hermanas y jamás me pude quedar las 4 horas en esa fea aula llamada Boquitas.

La cosa es que no sé qué pasó: ¿Será el cambio de aula que se escucha mejor y puedo concentrarme? No creo. ¿Será que Saítta cambió de un cuatrimestre al otro? Tampoco creo. Me parece que prejuzgué o, en el mejor de los casos, ahora le di una mejor oportunidad de verla (a Saitta y sus clases de 4 horas que no se desgraban) mucho más interesantes, simpáticas, pasionales, desestructuradas y coherentes, cargadas de contenidos, ideas y pareceres de los que no están directamente en los textos y cuya reconstrucción, me parece, es el objetivo central de todo teórico.

La cosa es que hace dos lunes que me encanta escuchar a mi "nueva" profe de Literatura argentina hablando de revistas literarias y de autores que yo creía conocer pero que me resultan completamente nuevos desde este enfoque. Si hoy habló del denso de Guiraldes, la gauchesca y su Don Segundo y me dio ganas de ir a leer tooooooda la crítica y hasta de releer la novela. (Por ahí me aguanto y en reemplazo busco los poemas de Guiraldes o esa otra novela... ¿cómo era el título?)

9 de agosto de 2014

Vergüenza ajena en Puán. Mucha.

Qué bajón, diomío, después de tanta expectativa:

¿Hace falta hacerse el amigo de los ninios puteando, carajeando y gritando pelotudeces para hacerse el rocker? ¿Qué te tragaste el objeto de estudio mal entendido?


"Cuando la letra de "Ayer no más" dice "Tuve una chica en mi cuarto y la besé sin fundamento" significa que hubo cogiche" (sic) (Ah, bué, si no me anotaba en tu seminario no me daba cuenta. Por otro lado: ¿qué es "cogiche", pordió????? ¿Cogí, che?


Odio al modelo "profesor universitario que critica a la academia". Dentro de la academia, repitiendo los modelos típicos de la academia. A ver si veo otra cosa ¿no? Ya que estamos cuereando...


"Porque en esta facultad se hace tal cosa y en esta facultad se pide tal cosa, y esta institución nos obliga a tal otra, y aquello suele leerse de tal modo, pero nosotros..." Y sigue lo mismo que acaba de negarse.


Me resisto a creerte que no pueda hablarse de rock (ni siquiera en un seminario universitario) sin usar la palabra "careta". Y enchufársela a otros y negarla de uno mismo. Dale, hermanito, que vos no sos "careta", sos un disfraz de papel maché.


Y la autopresentación con autobombo, chivo y definición político ideológica mal sostenida... Un poco fuerte como inicio.


Dos profesores universitarios explicando las condiciones de cursada de su seminario. Uno dice: "LOS QUE HACEN ESTADOS DE LA CUESTIÓN... NO COGEN". Y el otro lo corrigió: "Cogen pero tienen coitus interruptus"


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Inicio de cuatri

Me anoté en 4 como siempre: para que vayan cayendo: Problemas de literatura argentina, Linguística (sí, otra vez), Seminario de Blanco: Letras del rock nacional en el período 83-2001 y Antropología filosófica.

1 de agosto de 2014

Escribiendo, autocitándose y otras manías académicas

Escribo para el Frikiloquio, mi título: “Devenir halcón/devenir lobo: Sabiduría y curiosidad en los cuerpos animales de Piukeman y Bran Stark”, y retomo, sin haberlo previsto en el resumen pero por epifanía irrenunciable, mis ideas sobre el no-camino de la heroína. Me da verguenza autocitarme pero ¿cómo evitarlo? Bran y Piukeman son los héroes femeninos que estuve buscando desde que se me ocurrió la idea (¿2007-2008?). No sé cómo no se me había ocurrido antes. Debe ser lo de que la ficha te cae cuando tiene que caerte por su propio peso. Así que acá estoy: releyendo a Bodoc y llorando como siempre, copipasteando mis trabajos sobre Gorodischer y Bignozzi más mi última monografía sobre Oswald de Andrade que también tenía algo de la Mujer Salvaje y de perspectivismo amerindio que me venía bien. Todo cierra: redondo como el no-camino. Je.