Autocronograma

AUTOCRONOGRAMA

2008: 23 años deseando esta carrera.

2010: Bitácora de quien estudia en Puán porque la vida es justa y (si te dejás) siempre te lleva para donde querés ir.

2012: Crónicas de la deslumbrada:Letras es todo lo que imaginé y más.

2013: Estampas del mejor viaje porque "la carrera" ya tiene caras y cuerpos amorosos.

2014: Emprolijar los cabos sueltos de esta madeja.

2015: Pata en alto para leer y escribir todo lo acumulado.

2016: El año del Alemán obligatorio.

2017: Dicen que me tengo que recibir.

2018: El año del flamenco: parada en la pata de la última materia y bailando hacia Madrid.

11 de junio de 2013

¿Tema para monografía?

Me encanta cursar seminario. Pero nunca entrego la monografía final o espero a que le la reclamen o curso más seminarios y noto que no me conviene firmarlos porque no voy a poder seguir cursando más.
Pero el sábado pasado casi me dieron ganas de escribir para el que estoy haciendo con Pablo Ansolabehere: Hablando de Amalia de Mármol el profe nombró a un poeta que había compuesto una Canción de Amalia y... ¡La pulpera de Santa Lucía!!!!
Es casi mi canción infantil más vieja y resulta que decía "el payador mazorquero" ahí donde nunca le entendí la letra cuando cantaba mi viejo.
Googleo y me encuentro con que el señor Héctor Pedro Blomberg tenía todos títulos con personajes femeninos. Estaría bueno...


Dice la wiki :
Héctor Pedro Blomberg


Héctor Pedro Blomberg
Héctor Pedro Blomberg (n. 18 de marzo 1889 - m. 3 de abril de 1955) fue un poeta, guionista, comediógrafo y periodista argentino. Autor de famosos tangos junto al guitarrista Enrique Maciel entre los que se destaca El caballero cantor y La pulpera de Santa Lucía que cantara su amigo Ignacio Corsini.
Biografía [editar]

Pedro Blomberg era hijo de una escritora paraguaya, sobrina del mariscal Francisco Solano López y nieto de un marino noruego.
En 1912 publicó su primer libro de poemas La canción lejana. A fines de la década del '20 comienza a desarrollar una poesía y narrativa popular, vinculada al radioteatro, el sainete y el tango. Escribió obras en las que mezclaba realidad y ficción, ambientadas en las luchas políticas del siglo XIX entre unitarios y federales.
Entre sus obras teatrales exitosas pueden mencionarse Barcos amarrados, La Mulata del Restaurador, La sangre de las guitarras, Los jazmines del ochenta. Esta última fue estrenada por la compañía de Teatro del Aire que encabezaban Pascual Pellicciota y Eva Duarte de Perón.
El romance radial Bajo la santa Federación que escribiera en colaboración con Carlos M. Viale Paz fue llevado al cine con el mismo nombre en 1935 por Daniel Tinayre.
La amistad con el destacado cantor de tangos Ignacio Corsini lo vinculó al guitarrista Enrique Maciel con quien escribió gran cantidad de canciones, entre las que se destacan: El adiós de Gabino Ezeiza (milonga), La pulpera de Santa Lucía (vals), La mazorquera de Monserrat (vals), Violines gitanos (tango), Tirana unitaria (tango), La viajera perdida (tango), La que murió en París (tango), Siete lágrimas (canción), La guitarrera de San Nicolás (vals), No quiero ni verte (vals), Los jazmines de San Ignacio (canción), La canción de Amalia (vals), La china de la Mazorca (canción) y Me lo dijo el corazón (tango).
Sus tangos fueron cantados fundamentalmente por Corsini.
Hace algunos años, Juan "Tata" Cedrón musicalizó un poema inédito de Blomberg titulado "Las 2 Irlandesas".



Y en Tangauta:




Era rubia y sus ojos celestes
Dionisia era hija del sargento Juan de Dios Miranda, muerto en una escaramuza de Oribe cuando ella tenía quince años. Desde entonces, junto a su madre —la Cirila— atendía un mostrador enrejado cercano a la quinta de Amalia.
Muy mentada por los barrios del Sur era esta casa, la Pulpería del Restaurador. Más famosa era la pulpera que, ya crecida y con su madre retirada del negocio, atraía con sus encantos a los soldados de los cuarteles vecinos y aún a los de Rolón, frente al Fuerte. Otra pulpería próxima, la de la Paloma, no alcanzaba a ser suficiente rival para aquel despacho que, entre yerbas, ginebras y aperos, alegraba (o mejor dicho, excitaba) aquel punto neblinoso de la parroquia de Santa Lucía desde 1833.
Protegían el sitio un retrato de Rosas y una virgencita de Luján, a cuál con más velas encendidas; también estaba la daga del viejo Miranda, clavada en la pared como un recuerdo o como una advertencia. Jazmines en la reja, diamelas en el patio y las serenatas de un payador mazorquero daban por las noches un criollo romanticismo a la pulpería de Dionisia.
Había otra pulpería más en la zona: la del Avestruz, regenteada por una joven mulata celosa, de nombre Isidora Rosales.

Reflejaba la gloria del día
En realidad, cada establecimiento recibía su propia y fiel clientela, bien diferenciada; ningún daño se hacían entre sí. Pero Isidora envidiaba la suerte de Dionisia: al Avestruz no llegaban los mozos gallardos, y los cantores de su estaño no tenían ni comparación. Los otros se escuchaban hasta en la casa del ministro inglés, cuadras arriba; los suyos eran más bien gente taciturna, alentada por vasos de caña.
Hacia diciembre de 1840 comenzó a frecuentar la Pulpería del Restaurador un poeta unitario. Facundo Larrazábal se llamaba; incondicional de Lavalle, amigo de Mármol y de Alberdi. La rubia Dionisia dejó de prestar atención a las guitarreadas del payador mazorquero. Ahora suspiraba por un muchacho del otro bando, por un “lomo negro” que también le cantaba cielos y vidalas.
El otro, por puro despecho, cambió de pulpería y a partir de ahí lo vieron apurar su alcohol en el mostrador del Avestruz. Isidora había ganado una pequeña batalla, eso se veía patente; pero no era lo mismo: aquel brioso soldado de Rosas se había convertido en un hombre apagado.
Viendo que nada conseguía a través del mazorquero, la mulata decidió pasar ella misma a la acción. Primero la calumnió; más tarde llegó a plantársele frente a frente e inferirle una cuchillada en el pecho. Apenas la rozó, pero a la rubia le quedaría para siempre el registro de una cicatriz y de su corpiño manchado.
Isidora fue incluso por más: denunció al unitario. Desde entonces la cabeza de Larrazábal tuvo precio. Una noche zafó milagrosamente de una redada, taloneando su caballo en dirección a los sauzales del río.
Al día siguiente Dionisia no estaba. El payador mazorquero, por la memoria de aquel gran amor que había sentido y que ya definitivamente no poseía, la había ayudado a escapar. Dionisia Miranda partía rumbo a Colonia en una ballenera, junto a su querido Larrazábal.
El federal volvió a cantar en el patio de la Pulpería del Restaurador, pero el patio estaba vacío y ya no había quien oyera su serenata.

Y cantaba como una calandria
Ignacio Corsini llevó al disco el vals La pulpera de Santa Lucía, de Blomberg y Maciel, en cinco ocasiones (con matrices extendidas en los días 22 de abril, 22 de mayo y 19 de junio de 1929). Se conocen editadas originalmente tres, siempre bajo la misma numeración: Nacional Odeón N0 18.582, lado B. Las crónicas informan un estreno accidentado y casi sin esperanzas; poco debían sospechar sus creadores que este vals se convertiría en un excepcional “caballito de batalla” con demanda constante durante cuatro lustros.
Unos años después se produjo un hecho llamativo: el mismo Corsini grabó del autor José Lojo el vals El payador de San Telmo (4 de marzo de 1932), que es claramente la segunda parte de La pulpera de Santa Lucía. Blomberg, que jamás había autorizado una continuación de su obra, editó en 1938 una serie de novelas cortas para desmentir a El payador de San Telmo y contar la “verdadera historia” de su famosa pulpera rubia y de ojos celestes. Gracias a esta vuelta de tuerca, hoy se conocen los pormenores de aquella mujer.



Tomado de http://www.eltangauta.com/nota.asp?id=398

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