Autocronograma

AUTOCRONOGRAMA

2008: 23 años deseando esta carrera.

2010: Bitácora de quien estudia en Puán porque la vida es justa y (si te dejás) siempre te lleva para donde querés ir.

2012: Crónicas de la deslumbrada:Letras es todo lo que imaginé y más.

2013: Estampas del mejor viaje porque "la carrera" ya tiene caras y cuerpos amorosos.

2014: Emprolijar los cabos sueltos de esta madeja.

2015: Pata en alto para leer y escribir todo lo acumulado.

2016: El año del Alemán obligatorio.

2017: Dicen que me tengo que recibir.

2018: El año del flamenco: parada en la pata de la última materia y bailando hacia Madrid.

16 de abril de 2014

Siguen mis descubrimientos brasileños

Ferréz: “Que mi literatura sea una droga”

El brasileño Reginaldo Souza da Silva, más conocido como Ferréz vive y escribe en la favela paulista en la que nació. Allí milita con libros, organiza encuentros de poesía marginal y creó una marca de ropa para su gente, muchos de los cuales se consideran “una raza a exterminar”. 


“Mi sueño es que mi literatura sea como la droga”, dice el brasileño Reginaldo Souza da Silva, más conocido como Ferréz. Lo dice acá en Buenos Aires, donde presentó su Manual práctico del odio (Corregidor), una trama vertiginosa sobre el recambio generacional de la delincuencia en la periferia de San Pablo.
Ideólogo del movimiento de literatura marginal, este paulista de 37 años cruza hip hop con poética, impulsa una increíble red de Saraus , –peñas de poesía– y hasta timonea una marca de ropa que visten con orgullo en Capao Redondo, su barrio. Vio temprano el impacto de su obra en las quebradas, las favelas. “Muchos vecinos me cruzan en la calle y me dicen que el primer libro que leyeron en su vida fue uno mío”, dice, y recuerda que cuando él era el único que leía lo trataban de loco. Vértigo, sexo violento, asesinatos recurrentes pueblan sus libros que pueden ser ficción pero que se basan en historias y personajes con los que Ferréz convivió. Su prosa humaniza las crueles vivencias de una clase social. Un relato de causas y efectos, de gente que ama y odia, de vidas que no valen nada o, como ellos dicen, una raza a exterminar.
¿Son conscientes estos chicos de su propia fragilidad?
Sí, ven a sus amigos muriendo al lado. Ven cómo el sistema decide quién mata, quién vive.

Muchos eligen morir antes que vivir como un don nadie… ¿Se modifica este fenómeno con los cambios culturales, económicos?
No hablemos de fenómeno. Es algo programado, para eso se crearon las favelas, para llevar a nuestra gente a morir. Los tiraron allí. Cuando de nuestros lugares sale un escritor, un artista, un futbolista, es una falla del sistema. Eso continúa siendo así.

Pero Régis, el personaje principal de esta historia, juega el juego del capitalismo, sale a recaudar dinero a cualquier precio…
Es interesante, porque él piensa que comprende el sistema, pero es usado. Se conecta con la policía, articula la banda, es un engranaje, el cuervo de la raza.

Así y todo pertenece a otra generación de “malandras”, el libro (escrito en 2003) alude a ese recambio…
La generación que viene es más cobarde, no sienten el dolor de los otros.

¿Eso ocurre hoy, o hay un nuevo escenario impulsado por el crecimiento económico de Brasil?
La mayoría de la población no accede a esa riqueza. Ahora juegan las mafias. Antes se moría rápido. Ahora, con el foco puesto en el consumo, se vive sobre el miedo.

¿Cómo serían esos personajes en versión 2012?
Hoy escribiría sobre el poderoso jefe. Marlon Brando. El padrino. Ellos comandan todo. Pero no haría un nuevo manual, ese mundo no tiene atractivo. Aunque era cruel, antes había cierto romanticismo en la periferia. Reglas. Unos ayudaban a otros. Ahora hay una facción criminal.

Policías revueltos en el mismo caldo, gobiernos que ceden, negocian. Ferréz es pesimista. Sabe dónde nace el odio, cuál es su germen. Sin embargo, avanza con su cruzada literaria y social que empezó hace casi 15 años en la periferia del monstruoso San Pablo, corazón de una potencia económica mundial. Pinta su mundo con un lenguaje propio.  Una jerga en la que hacer un 121 es matar a alguien por dinero, porque ese es el número del artículo del Código penal brasileño vinculado a los homicidios.  Su primer libro, Capao Pecado es, o fue, junto a Ciudad de Dios, el libro de Paulo Lins que motivó película de Fernando Meirelles, ícono de esta literatura marginal que se multiplica.

Tu nuevo libro, “Dios fue a almorzar”, muestra un cambio, ya no está centrada en tu barrio…

Es una novela que escribí durante 8 años, la historia de un hombre llamado Calixto, de clase media, un hombre de unos cuarenta y pocos años, al que la vida empieza a rozar, aun cuando él no quiere tener nada que ver con la vida. El libro defiende una teoría: hay una época de la vida en que uno gana, uno se casa, tiene hijos, construye y en otra época de la vida uno pierde, el hijo crece y se va de la casa, tu mujer te deja. El libro muestra un poco del infierno personal de algunos personajes, Calixto, Lourival, que colecciona muchas cosas, pero se aferra a Dios, se quiere acercar a Dios. Existe el desafío de querer de verdad un cambio. Pero, ¿en serio querés un cambio? Si uno ve la oportunidad de un cambio ¿la toma? ¿o es mejor seguir como estamos? Tengo muchos amigos que son revolucionarios y yo les pregunto: “¿qué va a pasar cuando llegue la revolución, cuando pierdas tu auto, tu casa?” “no, mi casa no, mi casa es mía, yo la pagué…” ¿Hasta qué punto se acepta el cambio? Esa es la discusión en el libro, que no habla de la periferia, sino de la psicología de estos personajes. Trata del consumo, del hecho de que querés estar más tiempo con tu hijo y no podés, el sistema no lo permite, tenés que trabajar, ir a buscar la plata, la plata, la plata, para poder pagar más aparatos de teléfono, más zapatillas de marca. Y no tenés tiempo para disfrutarlo.

¿Está dirigido a esta nueva clase media de Brasil?
De casualidad sí, no lo hice a propósito, el libro muestra un lado de una clase media en depresión, que existe, de una clase media triste, que toma whiskys caros. Me molestó que muchos tipos de la elite escribieran sobre la favela y decidí vengarme.

En tu obra el problema del consumismo gana espacios frente al lugar que ocupaba el crimen hace veinte años. ¿Lo vivís así?
Creo que sí. Creo que el problema más grande que tenemos es este consumismo. Nos venden que existe una nueva clase media que todo lo puede comprar. Pero ocurre que esto agranda los defectos de las personas, porque no vino acompañado por la cultura. Entonces, si usás droga, podés usar 10 veces más droga, si tenés un auto con equipos de música, podés comprar 10 veces más equipos y escuchar música fuerte. En la favela no se puede dormir más, hay música fuerte todo el día, toda la noche. Por eso la vida se vuelve insoportable, porque la gente tiene las posibilidades, pero no tiene la cultura. El gobierno no liberó la cultura, no estimuló la lectura. Nunca se leyó tan poco en Brasil. Podés comprar tu auto en 24 cuotas, pero no un libro.
La política es un camino para torcer este rumbo...
La política es un camino. El PT es menos malo. Los gobiernos anteriores no entendían al pueblo, no se acercaban al pueblo. El PT conoce al pobre; el PSDB no lo conocía, ni lo saludaba. Pero mientras no exista un poder del pueblo, las cosas no van a cambiar mucho. Creo que este poder no llega porque el pueblo se transforma a medida que va ascendiendo. Y se va transformando en algo que nos es el pueblo, nadie quiere ser pueblo. Todos quieren ser de clase media, la clase media quiere ser el rico y el rico quiere ser ciudadano del mundo. Nadie asume su posición para querer hacer el cambio. No hay lucha de clases, no hay como reaccionar. Son todos inertes. Por eso el trabajo del escritor es también, a veces, el de despertar a estos seres inertes.
Tu literatura es política, ¿pero serías candidato o algo así?
No, para mí, pretender ser político es como andar armado, en algún momento hacés alguna mierda, en algún momento matás a alguien. Para mí andar armado y ser político es lo mismo. Prefiero andar desarmado y hacer lo que sé hacer: escribir, activar socialmente a la gente. Siempre digo que si Cristo hubiera sido candidato, lo terminaban corrompiendo: “dale, total… si vas a morirte en la cruz… acercate, hacete amigo…” Y la política es el arte de estar de novio con otros hombres, y yo por ahora sigo casado.
Esto me lleva a hablar de la relación entre esta nueva periferia y la religión. Un cambio drástico, el crecimiento masivo de los evangélicos. ¿Qué aporte trajo este cambio?
En mi opinión los evangélicos son un gran mal porque solamente ellos tienen la verdad. La Iglesia Católica hacía un trabajo social más fuerte. Dentro de las comunidades la Iglesia tiene un trabajo grande, asistencial, que aun siendo asistencial es real. Los evangélicos están encerrados en su mundo. Están construyendo un paraíso, los que no son como ellos no valen nada, no son hijos de Dios. Entonces me parece peligrosa la bancada evangélica mezclada con la política. Está probado, cuando Dios y política se mezclan, no puede salir nada bueno. Y todos temen hablar mal de los evangélicos. Hay libertad religiosa para ellos, pero no para los que no están de acuerdo con ellos. Ellos dicen que es prejuicio, discriminación, pero ellos pueden hablar mal de los homosexuales, pueden decir que el candomblé tiene que ver con el demonio, pueden diezmar la religión católica y decir que no sirve. Yo siempre les digo a los evangélicos: “te imaginás si cada iglesia hoy tuviera una facultad, podríamos cambiar el país, todos serían educados, todos podrían estudiar”. Estas iglesias no estimulan nada, solamente llevan a la gente hacia el camino que ellos quieren. Me da mucha pena. En Brasil, los políticos ya entendieron que la bancada evangélica es grande y que los votos de los evangélicos han sido direccionados. Es sólo una nueva forma de manipulación. Masa de maniobra.
Militás con libros, poesía, hip hop, ¿con qué resultados?
Estamos logrando intervenir en lugares sin asistencia social. En Brasil crecen todos los indicadores; la venta de libros, no. Pero algunos jóvenes participan. Uno de cada diez escribe . Pasó algo con derechos del niño, leyes de género. Hasta hace 10 años si decías “homosexual” te pegaban en la calle. La literatura aportó conciencia para plantear la lucha. Sabemos que salvamos muy poco, pero tiene un gran valor para nosotros. Hay menos muertes y eso es bueno, pero hay que asumir el lugar del que venimos. Es la idea cuando escribo un libro, con el rap, con las peñas culturales, con la marca de ropa. Tenemos que armar la nuestra, aunque sea chica, para buscar las soluciones. Es la única manera.

Como contracultura, ¿no les preocupa ser cooptados por el sistema que combaten?
La premisa es ser independientes. La cooptación es algo que sólo debe preocupar a los vanidosos, a los que tienen sed de fama o de dinero.

¿Y qué impacto te gustaría tener con tu obra? 
Mi sueño es que mi literatura sea como la droga, que los chicos entren a la favela y digan ¿adónde puedo encontrar el libro de este tipo? ¿Lo puedo leer rápido aquí en el baño? Trabajo imitando el tráfico, porque si un tipo va a la favela a buscar droga y se mete bien adentro, escondido, este tipo también podría buscar un libro en el mismo lugar, y lo encontraría. Creo que la información es la gran arma.

Traducción de Lucía Tennina y Adelina Chaves.

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