Autocronograma

AUTOCRONOGRAMA

2008: 23 años deseando esta carrera.

2010: Bitácora de quien estudia en Puán porque la vida es justa y (si te dejás) siempre te lleva para donde querés ir.

2012: Crónicas de la deslumbrada:Letras es todo lo que imaginé y más.

2013: Estampas del mejor viaje porque "la carrera" ya tiene caras y cuerpos amorosos.

2014: Emprolijar los cabos sueltos de esta madeja.

2015: Pata en alto para leer y escribir todo lo acumulado.

2016: El año del Alemán obligatorio.

2017: Dicen que me tengo que recibir.

2018: El año del flamenco: parada en la pata de la última materia y bailando hacia Madrid.

15 de febrero de 2013

New age estilo de vestuario space adictos al cosmos


TRIBUNA
La 'generación x, y, z'
Manuel Vazquez Montalban 2 SEP 1995


"Este Juan Carlos que ahora tenemos es muy saludador y en cuanto puede se va a esquiar a Candanchú" : Zenón el de la guitarra, De Madrid al cielo, Ismael Grasa.De creer a Leticia Gil de Biedma, en la corte del rey Juan Carlos hay rockers, hijos de Priestley y Marlon Brando románticos y -machistas; ciberhippies, fruto de una bifurcación de cibernética y new age estilo de vestuario space adictos al cosmos y a las ferias de biocultura; siniestros, oriundos de los punkis enlutados, aman el rol y los cementerios; skinheads cabezas rapadas, sean fascistas o rojeras según les dé por el racismo o por la solidaridad con los perdedores de la vida y de la historia punkis ácratas convencidos de que no hay futuro, ocupas y seguidores de conjuntos como La Polla Records o los Sex Pistols; bikers nacidos con la Harley Davidson adoran esta motocicleta como los sociólogos posmodemos adoran la olla a presión; escuchan country, juegan al billar, beben cerveza y les gustan las muchachas rotundas; los heavies vienen del rock duro machistas, fogosos, les gustan los Iron Maiden entre lo foráneo y la Soziedad Alcohólica, entre lo nuestro; los ciberpunkis quieren dinamitar la sociedad jerárquica mediante la información digital, asisten a ciberparties, fiestas multimedia- donde se consumen bebidas inteligentes compuestas de vitaminas y aminoácidos; los jóvenes flamencos mezclan el jondo, el jazz el rock, el blues y la salsa son hedonistas y pintureros; los skaters ven Madrid a la velocidad de sus patines, mente sana en cuerpo sano, niñez prolongada, según Leticia, y les chifla el hardcore y el rap; los bakalaos vienen de la música electrónica y van hacia el estado catatónico los fines de semana, drogas de diseño, visten como niños; los mods se hibernaron en los felices sesenta traje de cuatro botones, Vespas llenas de espejos para verse y para vernos, zapatos Deesert Boots; a los b-boys les va el rap, odian la droga, siguen la música de Public Enemy y de Madrid Rap, pelo afro, anillos, perillas, ellos los es adoran el rock duro y a Kurt Cobian un gúru musical de culto, que se suicidó en 1994 les encanta la tele visten moda basura, toman drogas; finalmente los pijos consumen marcas y disfrutan de la vid leen Hola, hacen deporte, toman alcohol y drogas de diseño hablan con las vocales relajadas como si estuvieran cansados de apoyar consonantes. Estas son las tribus urbanas de Madrid que actúan como referentes más o menos, mejor o peor seguidos por la llamada generación x a punto de ser x, y, y z. Sus pasiones son musicales, su curiosidad es egocéntrica, pueden llegar a militar política, religiosa, étnicamente en el Real Madrid o en el Atlético y generalmente no votan o votan al PP. La mayoría adopta algunos de los trazos de su modelo tribal para sentirse identificados e interpretar un personaje que les dé mismidad ante la sospecha de que ni siquiera han heredado la identidad social de sus padres:, bípedos reproductores consumistas en la era del pleno empleo, del pluriempleo y del crecimiento continuo de las deudas y del espíritu.

Cuando se ha querido caracterizar a la llamada generación x se la ha historificado como la primera promoción biológica de españoles rigurosamente posfranquistas. Su memoria lógica se forma con la muerte de Franco, o incluso después, y ni siquiera ha sido suya la expectativa de la transición, la urdidumbre de la democracia y la movida madrileña como juerga catártica que recuperaba el Madrid liberal tras el Madrid de las adhesiones inquebrantables al franquismo en la plaza de Oriente. Esas han sido guerras que no les pertenecen y han crecido bajo el pesimismo de lña Ley de Creci miento Cero decretada por el Club de Roma a la par que las crisis energéticas, el catastrofismo ecológico y la demolición del optimismo burgués del marxista basados en que el trabajo otorga al hombre su identidad y el control de la finalidad histórica. Al contrario han comprobado malos tiempos para la épica y han exteriorizado su mal de siglo a través de la lírica rupturista -del rock. Sólo se sienten dueños del territorio comprendido entre las cuatro esquinas orinadas en noches de excesos, pongamos que ese territorio sea Madrid la capital donde se ubica la corte del rey Juan Carlos aunque hay tribus hasta en pueblos donde no queda nadie. Pero es que Madrid, además ha sublimado una literatura, posterior al sueño de la movida, que voluntaria o involuntariamente testimonia sobre ese malestar fin de milenio sea cual sea el disfraz tribal que asumen los miembros de 1a generación x. Por eso cuando algunos escritores seniores de gran calidad y cualidad en ocasiones, se dejan llevar por un ataque de arterioesclerosis, y añoran aquella literatura española que reflejaba la edad real, demuestran que han dejado de leer a los demás hace muchos años.

Está claro que escritores de éxito inmediatamente por debajo o por encima de los 40 años -y pongo los ejemplos de Muñoz Molina, Llamazares Almudena Grandes, Juan Madrid, Juan José Millás o Rafael Chirves cromo códigos estéticos variados no para hacer selecciones nacionales séniores tienen memoria directa o indirecta muy viva y literaturizada de lo que fue el franquismo y el antifranquismo. También está claro que una promoción más joven, de la que citaré también a título de simples referencias a Ana Santos, Luis Mangrinyá o Belén Lopegui, se mueven en pos de estrategias personales y literarias no explícitamente sociologistas aunque Adorno ya dejara bien claro que el tiempo se mete por las rendijas de las obras más expresamente herméticas. No son herméticos los escritores que este polaco visitante de Madrid vincula al retrato moral de una generación enigma, aunque tampoco manifiesten la voluntad socialrealista de denunciar que en su día tuvieron o tuvimos escritores nacidos entre guerras, entre que guerras no importa, sino de constatar la insoportable levedad del ser y el estar en la corte del rey Juan Carlos. Se ha dicho que la sentimentalidad y la consciencia de la generación x están marcadas por el narcisismo la afirmación del yo frente al nosotros y el hedonismo como finalidad o como frustración. Ese redescubrimiento del yo, conflictivo con el nosotros, arranca del espíritu del 68, escindido entre el mandato colectivista de Marat y el hedonismo ultimista de Sade, según la metáfora de Peter Weiss y una escritora madrileña como Mercedes Soriano, que tenía más o menos 20 años en 1968 ha dedicado libros casi enteros a la mala con ciencia por sentir la pulsión del yo frente a la comunión de los santos del nosotros. Ahí está Historia de no, que incluye una reflexión sobre a evolución pendiente implícita en el nosotros, frente a los intereses personales escondidos en el yo, o la sarcástica diatriba con que se inicia la segunda parte, titulada Nadie, de Contra vosotros: "... lo único que verdaderamente tiene sentido es olvidar ese yo, era máquina de producir y padecer, para dejar paso a la insospechada conciencia de que yace en el letargo".

Pues bien, escritores como Ismael Grasa ,José Ángel Mañas, Ray Loriga y Benjamín Prado entre los 24 años de Mañas y los 34 de Prado han ubicado en Madrid el acta de los desastres del yo concebido como una "...pestífera máquina de producir y padecer" sobre todo de padecer la insoportable levedad total de lo que se sabe y de lo que se puede hacer. Ismael Grasa ha publicado De Madrid al cielo escrito en Madrid en dos cuadernos de hoja cuadriculada, de 0 5 centímetros, desde el punto de vista de un pícaro posmoderno un marginado que ha vivido las luchas finales del tardofranquismo Y que se llama Zenón de Madrid. Ex comunista, republicano, guitarrista, buscavidas en su furgoneta de se gunda mano y sin gasolina Zenon de Madrid emite sentencias dignas de Zenón de Alejandría: "La consciencia nace de la cultura y de la representación de los actos que son las costumbres, aunque el hombre culto no es mas consciente de los demás". O bien: "El hombre culto es un bichito que se ha empachado y casi no puede arrastrarse". El personaje enmascara al autor, Grasa, licenciado en Filología y, por tanto, consciente de la mala relación que a veces tienen la cultura y la vida. A pesar de que Grasa ha nacido en el inevitable 1968, el año de aquella revolución sin revolucionarios, obliga a su personaje a sancionar el aburguesamiento de viejos camaradas del 68, la batalla de Bronete o la involución económica en Esfgaña, perceptible por el hecho de que hasta el hotel Palace lo han rebaJjado a cuatro estrellas. Zenón Grasa asume irónicamente la historia que no ha vivido y adopta ante la que le envuelve una mirada ácrata rousseauniana más que marxista, barojiana en la percepción de los cielos de Madrid o de la policía: "El cielo de Madrid no se orienta por las iglesias como otras urbes... El cielo de Madrid es un cielo republicano donde los haya... Los policías españoles andan un poco desorientados con el lenguaje: tan pronto hablan en calló como te sueltan frases de Roberto Alcázar... ". Aunque por la edad no sea "cosa suya", Grasa historifica las vivencias de Zenón en el origen y en el instante histórico en el que el superviviente se busca la vida dando vueltas a la simbólica estatua de Pío Baroja, comprobando que ni la vida ni la historia han sido como las esperaba.

Cuando Juan Carlos I fue proclamado rey de todos los españoles, Benjamín Prado tenía 14 años y 29 al publicar su primer libro de versos, El corazón azul del alumbrado. Recientemente su novela Rap es uno de esos pocos casos en los que el redactor de la contraportada ha acertado de pleno en el diagnóstico de la obra: "Diez novelas distintas Y una sola canción". La acción transcurre en un territorio geofísico convencionalmente español, pero sobre todo en el territorio mítico de los llamados héroes del rock, al decir de Pau Riba, los únicos héroes posibles de nuestro tiempo. El equívoco del territorio narrativo es constante: "... fuimos a Hollywood a tomar hamburguesas", se refiere al local, pero desde la misma ambigüedad con la que sus amigos se llaman Lenon o Bowie o ensueña a Dylan y homenajea, mitómano, a través de personajes que se llaman Tess o Laura. Un primer capítulo espléndido marca el origen de un viaje de huida por el interior de una balada caracterizada por el propio autor: "Todas las canciones terminan por ser tristes, por ser la banda sonora de algo que has perdido". Si Grasa, el másJoven, satiriza el retrato de un medio tan concreto como el Madrid de la involución económica, política y lúdica Prado, el mayor de los cuatro documentalistas, con perdón, escogidos, autorretrata el yo cargado por el malheur fin de milenio, esa pestífera máquina de padecer, aunque... "Nadie llega a almirante en el barco de otro así que todo el mundo necesita su sueño". Los personajes de Prado, como los de Mañas o Loriga, parecen venir de una galaxia cultural en la que no existe la literatura ni la cultura española: "Estoy dispuesto a aceptar cualquier cosa que me haga un poco más Carver y un poco menos yo", y aporto como prueba el inventario casi sistemático de sus referencias culturales, sean musicales o literarias: Joyce, Beckett, Wilde, Mac Neice, Police, Red Hot Chili Peppers, Satellite of Love, Bob Dylan en Desire, Sam Shepard, Bowie, Jerry Lee Lewis, la madre de Antony Perkins, George Foreman, Kurt Cobain, Smells Like Teen Spirit, Laura y Gene Tierney, Jim Morrison, Matt Dillon Y Rumble Fish, la película de Coppola. Bueno, sí hay una brizna de cultura española: el protagonista es raro, pero es del Real Madrid. No me meto en cuestiones de estilo o de estructura de lla novela, pero la imaginería poética de Prado deja observaciones memorizables, a manera de sentencias del rock poético, pauta que también se encuentra en Grasa o en Ray Loriga: "La gente no hace amigos, coge rehenes" o "En realidad, Dios era de Liverpool y tenía cuatro cabezas" o "Una canción es siempre más triste que el silencio", mientras algunos personajes consiguen niveles lúdicos a lo Hotel de New Hamspshire, como el padre pequeño filósofo venido a menos por el paro, pero capaz de reparar dinosaurios y sancionar cabalmente la clasificación de la novela policiaca: "Puede discutirse si el número uno es Chandler o Hammett, pero el que diga que Ross Mac Donald no es el número dos es porque no sabe lo que sé dice". El protagonista despeja su propia x cuando dice: "Un hombre puede imaginar un río, pero no una manera de cruzarlo".

De José Ángel Mañas he podido leer una ópera prima, inédita, Soy un escritor frustrado, muy reveladora de la trastienda intelectual de este licenciado en Historia Contemporánea e 24 años de edad, responsable de una novela tan emblemática como Historias de Kronen. Los aros del crítico de prestigio que quiere ser escritor Y no lo consigue, ¿qué tienen que ver con la alocada carrera de Carlos el personaje de Kronen que sólo soporto la lectura de American Psyco, es decir, de Americansaico, según la transcripción fonética de las gentes de Kronen. Evidentemente, Mañas distancia la materia de su novela: los jóvenes marginados de la burguesía madrileña que hablan mediante 40 Palabras de argots mezclados y buscan el flagrante delire de un Peter Pan ahito de drogas y dispuesto a instrumentarlizar hasta el desprecio y la destrucción a todos los que le rodean. Si en Prados o Loriga hay una apropiación plena del retrato malditista, creo que Mañas quiere tener en

tre las manos un personaje y un universo lleno de seres humanos x, y y z que, tal vez sin conocerla, hacen suyo el espíritu del verso de la canción de los The Giant que cierra el libro: "... soy un extranjero de mi mismo...", un extranjero aplastado por su propio derrumbe. El personaje central forma parte de la éstirpe de El conformista o de Los indiferentes, de Moravia, pero con drogas y sin correlato fascista, y la descripción de un estamento biosocial podría relacionarse con El Jarama, de Sánchez Ferlosio, y soy consciente de lo aventurado de la relación. Pero la poética bebaviorista de El Jarama reaparece en Historias de Kronen como única manera de hacer el retrato detallista no subjetivo del aquelarre humano en torno a la fiesta catártica, el pobre Jarama preconsumista de hace 40 años y ese Punto de definitivo desencuentro de la generación x: Kronen.

En Holanda, una hispanista me invitó a un geneever y me reveló el descubrimiento del último escritor español que le había interesado: Ray Loriga. Le he leído por orden de aparición. Lo peor de todo, Héroes y Caídos del cielo. Así como de los otros tres sólo presento una novela como prueba, Loriga ofrece una línea coherente con tres paradas. Lo peor de todo fue un manifiesto ético y literario, saludado por su editor como: "Una novela sobre una juventud que no es la del 68. Ya era hora". Loriga, como los otros tres, asume un personaje escritor out sider y recurre a personajes

literarios que no necesariamente son sus alter ego. El protagonista de Lo peor de todo es un posnormal o prenormal, jamás le llamaría subnormal como se califica a si mismo que de niño estudió en colegios con jardín y piscina particular y en el espacio-tiempo de la novela trata de encontrar sentido a su trabajo en una hamburguesería: "Mi padre y mi madre me tenían que haber visto. Tanto dinero gastado en colegios para ministros y lo más que consigo es apilar cajas". Como el personaje de Eliot, sólo conoce un montón de imágenes rotas sobre las que se pone el sol y vive su peterpanismo desde una militancia desganada. La infancia cercana es su territorio, a la vez épico, catre y truculento, y él es un personaje tierno, pero receloso ante lo arbitrario de la ternura: un polluelo recién nacido, colocado junto a una bombona de butano, llega a creer que la bombona es su madre. Hay una linea lógica entre este "extraño" expulsado de la infancia y el "extraño" de Héroes que se niega a salir de su habitación, como 30 años antes se enclaustrara el antihéroe de Juan Marsé en Encerrados con un solo juguete. El de Loriga contempla el imaginario de su futuro con una mujer y un niño corriendo por la casa: "¿Quién voy a ser entonces? ¿Qué cosas podré coger con las manos y cuáles no? Mediré lo mismo y consigue una muy válida metáfora del sentido de la vida: "Me siento como un negocio que va cambiando de dueño". Si la desgana de crecer Y salir de la placenta, no magnificada, de la infancia da sentido a las dos primeras novelas, en Caídos del cielo el antihéroe se lanza a una huida hacia adelante hacia la muerte trágica extramuros de la corte del rey Juan Carlos. La fuga se vive en directo, mediante un joven fugitivo asesino gratuito y una muchacha, su adicto rehén; también a través de las observaciones de un hermano menor que se convierte en héroe de televisión, junto a su madre, a causa de los crímenes Y.la busca Y caPtaza del hermano. Si el fugitivo estaPa de la infancia para encontrar la muerte, su hermano se parece muchísimo a los sujetos narrativos de las dos novelas anteriores, aportando un punto de vista de contenido sarcasmo: "Los de la televisión se creen que como no matan a nadie son la hostia. Te juro que yo no he visto a nadie tan mezquino como a esos tíos". O bien: "Hay muchas maneras de acabar con un buen chico, algunas se ven y otras no hay manera de verlas" o bien: "En el informativo semanal nos dedicaron casi media hora. Mamá estaba estraoperada, parecía una actriz de cine", o bien: "Insistan mucho en que yo tuviera aspecto de delincuente juvenil. En la sala de maquillaje me despeinaron un poco... ". La huida del hermano les mete en el star system de los nuevos marginados, cuando por su nivel de vida ni los personajes de Loriga, ni los de Benjamín Prado o los de Mañas son lumpenproletarios. Al contrario, son hijos de familias con un bienestar suficiente como para financiar el Paterpanismo de sus hijos, sus noches de rock y drogas. Padres y madres apacecen como monstruos tolerables y necesarios, pero adictos a unos códigos que en nada solucionan los nuevos temores. Frente al miedo, recursos defensivos: ironía, lirismo nostalgia de la nostalgia Y definiciones categórficas sobre el origen del mundo: "Antes de Hendrix no había nada" o un contundente nihilismo: "Estaba harto. Harto de oír hablar de todo. Harto de explicaciones. Harto de que las cosas fueran inexplicables. Harto de que nada pudiera ser de otra manera" o bien: "¿Qué harías? Nada. ¿Y eso que tiene de bueno? no tiene nada de malo", o bien: "¿Qué le pide a la urda? Nada de nada de nada de nada de nada de nada de nada".



Tomado de http://elpais.com/diario/1995/09/02/opinion/809992808_850215.html

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