Autocronograma

AUTOCRONOGRAMA

2008: 23 años deseando esta carrera.

2010: Bitácora de quien estudia en Puán porque la vida es justa y (si te dejás) siempre te lleva para donde querés ir.

2012: Crónicas de la deslumbrada:Letras es todo lo que imaginé y más.

2013: Estampas del mejor viaje porque "la carrera" ya tiene caras y cuerpos amorosos.

2014: Emprolijar los cabos sueltos de esta madeja.

2015: Pata en alto para leer y escribir todo lo acumulado.

2016: El año del Alemán obligatorio.

2017: Dicen que me tengo que recibir.

2018: El año del flamenco: parada en la pata de la última materia y bailando hacia Madrid.

16 de junio de 2012

Fetichismo ético

Alegoría y literatura. A propósito del Quijote


Por Jesús Maestro

Los secretos morales son la razón de ser de la alegoría. Las artes y las cien-
cias, por su parte, son actividades genuinamente seculares. La literatura, de mo-
do particular, ha sido siempre un discurso especialmente provocativo frente a
las normas, frente a todo tipo de normas (morales, poéticas, religiosas, econó-
micas, jurídicas, etc.) Resiste todas las interpretaciones que se vierten sobre
ella. La literatura sobrevive al discurso crítico, cuyo fin es la obsolescencia más
irremediable. El Quijote se está convirtiendo con toda probabilidad en una de
las pruebas más evidentes. La alegoría, en cierto modo, debe recordar al crítico
literario algo sustancialmente muy importante: la interpretación literaria no se
descubre, se inventa.
No hay ningún fenómeno natural ni de la vida del ser humano que no pueda
ser objeto de una interpretación alegórica. Del mismo modo que hay disciplinas
que están dignificadas por su objeto de estudio (dios dignifica a la teología, el
hombre a la antropología, la mujer posmoderna al feminismo, la identidad diso-
ciativa a los nacionalismos separatistas europeos, etc.), hay alegorías que están
dignificadas por el suyo: Cervantes y su obra literaria dignifican las alegorías
que se formulan sobre el Quijote. Paralelamente, no conviene olvidar que toda
alegoría constituye en última instancia una interpretación abductiva, nunca
científica, desde el punto de vista de lo que es el cierre categorial de una cien-
cia. La alegoría no nos ofrece realmente una interpretación científica del objeto
de estudio (en este caso el Quijote), sino una expresión ética del sujeto que es-
tudia, interpreta o simplemente alegoriza (el crítico literario, por ejemplo). No
nos sirve tanto para conocer la obra (el Quijote), sino el intérprete de la obra
(Unamuno, por ejemplo, en su Vida de don Quijote y Sancho). Una interpreta-
ción alegórica es, en suma, una invitación a discutir un problema no en térmi-
nos científicos, sino en términos morales. (Éste es el camino por el que circula
toda teoría literaria posmoderna, al sustituir la ciencia y la filología por la ética
y el moralismo correcto). En este sentido, la alegoría funciona como una retóri-
ca de la ética. En última instancia expresa la superstición simbólica de ideales
morales, con frecuencia supremos. Reduce la literatura a un fetichismo ético.



© Maestro, Jesús G., en CERVANTES-
L@lists.ou.edu, AITENSO, 25 de mayo de 2005

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