Autocronograma

AUTOCRONOGRAMA

2008: 23 años deseando esta carrera.

2010: Bitácora de quien estudia en Puán porque la vida es justa y (si te dejás) siempre te lleva para donde querés ir.

2012: Crónicas de la deslumbrada:Letras es todo lo que imaginé y más.

2013: Estampas del mejor viaje porque "la carrera" ya tiene caras y cuerpos amorosos.

2014: Emprolijar los cabos sueltos de esta madeja.

2015: Pata en alto para leer y escribir todo lo acumulado.

2016: El año del Alemán obligatorio.

2017: Dicen que me tengo que recibir.

2018: El año del flamenco: parada en la pata de la última materia y bailando hacia Madrid.

25 de octubre de 2012

No me gustó la novela ni la vida del autor

Anoche terminé, luego de maratónicos dos días de paro docente y parcial domiciliario en mano, Donde van a morir los elefantes. Acá estoy: tratando de teorizar sobre mi desagrado ni fastidio ante la historia, los personajes, el sarcasmo, el revanchismo y ahora me encuentro ¿el asesinato postmorten de la hija?


"Correr el tupido velo", la biografía del escritor José Donoso
de Diners Club Peru, el El jueves, 23 de agosto de 2012 a la(s) 11:04 ·

La vida familiar del escritor chileno José Donoso bien pudo ser su novela más complicada. Su biografía, escrita por su hija, es uno de los libros más desgarradores de nuestro tiempo. El impacto no se limita a las páginas.



Lo que hace soportable la vida es la idea de que podemos elegir cuándo escapar.

Enrique Vila-Matas



La falta de identidad llama a la atención, a la invención de una identidad, la autobiografía es ficción.

José Donoso




Por María de los Ángeles Boada. El fallecido escritor chileno José Donoso con su hija Pilar en una foto de 1980.



La mañana del 17 de noviembre de 2011, Pilar Donoso fue encontrada sin vida en su departamento de Santiago. Según la policía, la única hija del escritor chileno José Donoso —miembro de esa realeza literaria conocida como el boom latinoamericano— se suicidó mediante la ingesta masiva de medicamentos. Su muerte fue el capítulo final del polémico libro que había publicado un año antes, Correr el tupido velo, la biografía de su padre.



La intoxicación nos sugiere una protagonista perturbada o, por lo menos, inestable. Lo irónico es que Pilar Donoso había demostrado ser todo lo contrario: una mujer sensata y práctica que llevaba veinte años de felicidad conyugal, tenía tres hijos y una casa minuciosamente arreglada. Pero hasta el más equilibrado de nosotros tiene un punto de quiebre. El de Pilar se apareció cuando recibió los 64 cuadernos que su padre había escrito mientras era profesor en la Universidad de Princeton, California, para que, según había dispuesto el autor, ella ordenara las piezas de su vida. Este encargo produjo un desgaste emocional que la condujo hacia ese final trágico aunque asumido: “Los hojeo y finalmente decido aventurarme en su lectura, aunque tal vez luego me arrepienta: creo en el olvido como parte de la supervivencia”.



En Correr el tupido velo, el retrato familiar de los Donoso se compone de distintos fragmentos: los testimonios, a veces severos, otras ingeniosos y en ciertos casos triviales, de José Donoso; las angustiosas memorias anotadas en los diarios de su esposa, María del Pilar Serrano; y las reflexiones de Pilar ante una realidad oculta u olvidada que poco a poco va descubriendo y asimilando.



Donoso y su esposa no fueron, lo que se dice, una pareja joven: cuando se casaron él tenía 37 años y ella 36. Viviendo ya lejos de Chile —habían salido en 1964 y no regresarían sino hasta 1981—, y después de luchar durante varios años con la infertilidad, deciden adoptar a una niña de tres meses en 1967 y tratan de convertirse en una familia. En este caso, el azaroso proceso tiene un cierto aire de fatalismo: “Me adoptaron en Madrid y mis nombres en la partida de nacimiento española dicen María del Pilar Rodríguez Núñez. Atrás, en una nota explicativa, se ve escrito: Apellidos a modo identificatorio. De manera que mi nombre lo llevaba desde antes, el mismo que mi madre adoptiva”.



La infancia de Pilar transcurre en varias casas asentadas en pintorescos paisajes europeos: Pollensa, Calaceite, Sitges. Alejados de todo, menos de la soledad y de las recurrentes angustias que perseguían a sus padres. A pesar de que mantenían estrechos vínculos con la élite intelectual del boom: Carlos Fuentes, Goytisolo, Cortázar, Vargas Llosa, García Márquez… estos lazos no lograban reemplazar a la familia que había quedado en Chile: “Es increíble que si me dieran a elegir a pasar quince días con, digamos, mi gran amigo Juan Goytisolo, con quien tengo mucho tema y mucho afecto o quince días con alguna prima solterona y bigotuda de Talca… me temo que casi seguramente elegiría a esta última”, comenta Donoso en uno de sus cuadernos. Mientras la historia progresa en el tiempo, Pilar va recordando, descubriendo distintas facetas de su padre, “dándole forma al dolor, a la admiración, al desconcierto e incluso al temor que pueda provocarme haber vivido veintiocho años al lado de alguien a quien creí conocer tan bien pero de quien hoy descubro muchas máscaras más de las que yo supuse tenía”. Donoso, ‘un gigante’ desde su mirada de niña pequeña, se va perfilando como un ser atormentado y contradictorio, lleno de temores e inseguridades que marcaron sus relaciones no solo con su esposa y su hija, sino también con sus padres, con su Nana y con el resto de su familia. Un ser humano complejo que se sintió siempre al margen, incluso del fenómeno literario en el que creía merecer una posición central. Sin embargo, es de estas ambivalencias, de los intensos recuerdos del autor, que van surgiendo a manera de catarsis sus obras más célebres, El obsceno pájaro de la noche, Casa de campo y El jardín de al lado. La literatura se percibe como un intruso que debilita las frágiles relaciones familiares. José Donoso, en búsqueda de un espacio apropiado para dedicarse a crear, se aleja de su familia a menudo. Estas separaciones incrementan el dolor de María del Pilar, un ser vulnerable a quien le cuesta percibirse si no es en relación con su marido: “Pepe siente su individualidad más que yo. Las cosas para mí no tienen realidad absoluta o no han cuajado su realidad hasta que yo no las comparto con Pepe”. De este modo, aunque ella está siempre en casa con ‘Pilarcita’, es también un ser ausente, agobiado por la soledad y las frustraciones de tener que subordinar su vida y emociones a las de su marido. El mejor paliativo, el escape, es una adicción al alcohol que no confesó nunca públicamente pero que su hija conocía muy bien: “Empezaba a beber temprano, se escudaba en su presión baja, en el frío, en su imposibilidad para dormir, o en que había discutido con mi padre. Luego venía la torpeza, la lentitud, la repetición de ideas (…) mezclaba el alcohol con Valium, por lo que ya a las ocho de la noche caía inconsciente a su cama”.



Así, Pilar va revelando la intimidad de sus padres, perfilando una relación de 36 años que la autora define como “compleja, atípica, amorosa, envidiosa y dependiente”. El desenmascaramiento de la homosexualidad de José Donoso —una de las revelaciones más polémicas del libro— se presenta en los relatos con una voz que otorga, que no se alarma: “De pronto, al conocer otra de sus máscaras, una de las más ocultas, lo vi más humano, más terrenal ante mis ojos de hija, de manera que simplemente comprendí…”.



En busca de una estabilidad definitiva, Pilar y sus padres regresan a vivir a Chile en 1980. En El retorno, como llama la autora a esta segunda parte del libro, las angustias se justifican, las paranoias se vuelven más intensas y las enfermedades dejan de ser un producto de la mente. A los 19 años Pilar se casa con uno de sus primos hermanos, Cristóbal Donoso, algo que había sido imaginado en una de las cartas de su padre: “Y la visión de Pilarcita creciendo aquí, entre sus primos un poco mayores que se enamorarán de ella…”. Los testimonios de esta parte son igualmente crudos, aunque conciliadores. Donoso siente la muerte cerca y la relaciona con el fin de su proceso literario: “A estas alturas, para mí se trata de durar. Mi gran terror, por un lado, es querer terminar un libro y por el otro, no querer terminarlo. Es la sensación de que terminarlo puede significar mi muerte y que no terminarlo significa mi mudez”.



José Donoso muere en diciembre de 1996 y su esposa, dos meses después. Escribir fue para Pilar una manera de enfrentar esta doble pérdida. Durante los siete años que le tomó procesar toda la información de los cuadernos, escribir y editar la biografía de su padre, su vida dio un giro radical. Es un proceso, sin duda, desgarrador: “Este libro me removió con una intensidad que me obligó a replantearme todo (...). Me tuve que reconstruir como ser humano”, confesó la autora en una entrevista. Pero el proceso de reconstrucción no es fácil si los cimientos también han sido removidos, y nadie pudo anticipar las consecuencias: la ruptura definitiva con la familia Donoso, la separación de su esposo y la decisión de sus tres hijos de irse a vivir con el padre.



Al “descorrer el tupido velo”, como lo definió en una entrevista para Casa de América, se tambalean todas sus certezas. Incluso su identidad, ya que se embarca en este proyecto con un objetivo que ella describe como: “La búsqueda de la identificación, del entendimiento de quién es uno y del inevitable conflicto que esto implica”, pero mientras más se adentra en la historia de su padre, en la suya propia, no puede evitar sentirse como un ser inventado: “¿Fui un personaje dentro de su vida del que aún no salgo?”. Para alguien que creció en un ambiente donde la ficción fue tanto o más que la realidad, un cuestionamiento como este se convierte en un conflicto existencial. En cuanto termina de escribir el libro decide buscar en España a su verdadero padre —no a su madre—, solo para descubrir la verdad más dolorosa de todas: “Yo era de origen desconocido (…). La palabra me retumbó en la cabeza por mucho tiempo: desconocido”, comentó en una entrevista para la revista Ya.



El final de la vida de Pilar coincide mágicamente con el principio de su libro, algo que José Donoso había vaticinado 18 años antes en uno de sus cuadernos: “Los papeles le parecen demasiados, demasiado difíciles de leer y referente a gente que ella no conoce ni le interesa (…). Ella adivina lo de su padre con lo que nunca quiso enfrentarse, lo que ha oído murmurar y ha olvidado. No lee el libro. Toma el auto y una pistola para ir a asesinar al autor. El auto choca. Descubren que ella se ha pegado un tiro con el auto a toda velocidad porque no puede soportar lo que sabe (…)”. Pero Pilar no fue un personaje y su libro no fue algo casual. Nunca sabremos si lo hizo para justificar lo que vendría después o quizás para sorprendernos con un final que estuvo siempre ahí, frente a nuestros ojos, pero que no supimos interpretar a tiempo.



En esto están su triunfo y su reivindicación: Pilar no huyó, enfrentó un complejo mundo que impresionó a todos y le puso un final dramático, pero digno, a su existencia. Tenía —¿siempre tuvo?— una visión muy clara respecto a cómo terminaría la “historia de una hija en la búsqueda interminable por saber quiénes fueron sus padres”. Y aunque José Donoso reflexionó en que “probablemente la vida de la ficción y de la realidad tengan la misma raíz y se entremezclen”, Pilar nos demostró que la realidad tiene siempre la última palabra.

3 comentarios:

  1. "El asesinato post mortem de la hija", tremenda, pero muy original manera de verlo. Realmente, como argumento de ficción, es difícilmente superable, pero como caso real, qué tragedia. A mí tampoco me gusta mucho Donoso, y menos desde el suicidio de su hija, pero para ser justos creo que si cualquier persona se pusiese a consignar por escrito en unos cuadernos con enfermiza obstinación cada pensamiento, cada inquietud que nos asalta a lo largo de la vida, por indignos que fuesen, raro sería quien no quedase mal ante sus contemporáneos, y peor ante sus sucesores. El paso del tiempo y el olvido son muchas veces más sanos que la memoria.

    ResponderEliminar
  2. No había leído esto, Paula. Tremendo, tremendo. Una angustia terrible, qué legado y mandato horrible para dejarle a una hija. Los padres jamás tendríamos que seguir jodiendo después de muertos con órdenes ni indicaciones de ningún tipo.
    ¡Qué bueno encontrarse con Urzay por aquí!
    Ya sé, Paula, que estas sin internet en casa, así quién sabe cuándo leerás los comentarios... Lo hablamos en Azul en el Festival Cervantino!

    ResponderEliminar
  3. Gracias gente por encontrarse por aquí: Leo mal estacionada en la vereda de MC Donals pero afanando wifi de la confitería de enfrente

    ResponderEliminar