Autocronograma

AUTOCRONOGRAMA

2008: 23 años deseando esta carrera.

2010: Bitácora de quien estudia en Puán porque la vida es justa y (si te dejás) siempre te lleva para donde querés ir.

2012: Crónicas de la deslumbrada:Letras es todo lo que imaginé y más.

2013: Estampas del mejor viaje porque "la carrera" ya tiene caras y cuerpos amorosos.

2014: Emprolijar los cabos sueltos de esta madeja.

2015: Pata en alto para leer y escribir todo lo acumulado.

2016: El año del Alemán obligatorio.

2017: Dicen que me tengo que recibir.

2018: El año del flamenco: parada en la pata de la última materia y bailando hacia Madrid.

13 de diciembre de 2010

Casandra, la NOesposa de Héctor


Hablando de las mujeres en La Ilíada le puse Casandra a la esposa de Héctor que se llama... No me sale... ¡Hécuba! No, esa es la madre. Mmmm... Andrómaca.
El fallido (y la dificultad de recordar: tuve que poner "esposa de Héctor" en google) debe venir por el nombre con raiz "hombre" y su rol tan estricto de esposa a la que el marido la acomoda en "su lugar" en cuanto quiere decirle algo sobre la guerra.
Casandra parece mucho más interesante...

Casandra


En la mitología griega, Casandra (en griego antiguo Κασσάνδρα, ‘la que enreda a los hombres’)[1] era hija de Hécuba y Príamo, reyes de Troya. Fue sacerdotisa de Apolo, con quien pactó, a cambio de un encuentro carnal, la concesión del don de la profecía. Sin embargo, cuando accedió a los arcanos de la adivinación, rechazó el amor del dios; éste, viéndose traicionado, la maldijo escupiéndole en la boca: seguiría teniendo su don, pero nadie creería jamás en sus pronósticos. Tiempo después, ante su anuncio repetido de la inminente caída de Troya, ningún ciudadano dio crédito a sus vaticinios.



Leyenda

Apolo amaba a Casandra pero, cuando ella no le correspondió, él la maldijo: su don se convertiría en una fuente continua de dolor y frustración. En algunas versiones de este mito, Apolo escupe en su boca al maldecirla; en otras versiones griegas este acto suele suponer la pérdida del don recientemente adquirido, pero el caso de Casandra es diferente. En Orestes ella promete a Apolo que se convertirá en su consorte, pero no lo cumple, por lo que desata su ira.

Aunque Casandra previó la destrucción de Troya, la muerte de Agamenón y su propia desgracia, fue incapaz de evitar estas tragedias, tal era la maldición de Apolo. Su familia creía que estaba loca y, en algunas versiones, la mantuvieron encerrada en casa o encarcelada, lo que la hace enloquecer. En otras versiones, simplemente era una incomprendida.

Una vez concluida la guerra de Troya, durante el saqueo de la ciudad, Áyax, hijo de Oileo, encontró a Casandra refugiada bajo un altar dedicado a Atenea. Aunque la princesa se agarró a la sagrada estatua de la diosa, (bien fuera el Paladio, bien otra estatua distinta), en el frenesí del saqueo Áyax desoyó los ruegos, y la arrastró junto con la estatua. Según algunas fuentes la violó en ese preciso lugar; para otras fuentes el sacrilegio cometido por Áyax había consistido en no respetar la sagrada estatua de la diosa. Este hecho condenó al guerrero, pues Poseidón, impelido por la humillada Atenea, hundió su barco al provocar una tormenta en las cercanías del promontorio de las rocas Giras, donde Áyax muere ahogado o clavado a las rocas por el tridente de Poseidón, según otra variante de la leyenda.
Áyax y Casandra por Solomon Joseph Solomon, 1886.

Más tarde fue entregada como concubina al Rey Agamenón de Micenas. Éste ignoraba que mientras guerreaba en Troya, su esposa Clitemnestra había comenzado un romance con Egisto. Cuando Agamenón y Casandra regresaron a Micenas, Clitemnestra le pide a su marido que anduviera por encima de una alfombra morada, el color que simboliza a los dioses. A pesar de que Casandra le avisó que no lo hiciera reiteradamente, el Rey la ignoró y cruzó la alfombra, cometiendo un sacrilegio. Clitemnestra y Egisto asesinaron a ambos. En algunas versiones, Casandra y Agamenón habían tenido gemelos: Telédamo y Pélope. Ambos fueron asesinados también por Egisto.

Télefo, hijo de Heracles, también amaba a Casandra. Sin embargo, ella se burlaba de él y le ayudó a seducir a su hermana Laódice.

Hay versiones alternativas de la historia en las que pasa la noche en el templo de Apolo con su hermano gemelo Héleno y las serpientes del templo chupan y limpian sus orejas, por lo que es capaz de oír el futuro. Este es un tema recurrente en la mitología griega. Otras versiones sugieren que Casandra consiguió la habilidad de entender el idioma de los animales, en lugar de conocer el futuro.


Adaptaciones modernas

Casandra aparece en el quinto libro de Geoffrey Chaucer, Troilo y Crésida como la hermana de Troilo. Éste sueña un día que su amada Crésida está enamorada de un cerdo y pide consejo a Casandra. Ésta interpreta correctamente el sueño y le dice que Crésida ya no lo ama porque ahora quiere a Diomedes, un guerrero griego (uno de cuyos ancestros era famoso por haber matado un gigantesco y feroz jabalí). Debido a la maldición, Troilo no cree a Casandra.

El mito de Casandra también fue abordado por la escritora alemana Christa Wolf en Kassandra. El libro cuenta la historia desde el punto de vista de Casandra en el momento de su muerte.

La autora Marion Zimmer Bradley escribió una novela histórica llamada La Antorcha que también presenta la historia desde el punto de vista de Casandra.

En la novela de Markus Sedwick The Foreshadowing, Alexandra, el personaje principal, tiene el don de ver el futuro, aunque principalmente ve la muerte y el sufrimiento ajeno. Además, al crecer en la Inglaterra de la Primera Guerra Mundial, su poder es temido y puesto en duda. En la novela, ella lee el mito de Casandra y se da cuenta del paralelismo con su propia existencia.

En Age of Bronze: Sacrifice, por Eric Shanower, Casandra es violada en su infancia por un malvado sacerdote que pretende ser un dios.

En la novela de Clemence McLearn Inside the Walls of Troy, Casandra tiene una gran amistad con la reina Helena de Esparta cuando llegó a Troya con el príncipe Paris. Casandra odiaba a Helena con toda su alma, pero se rindió a su alegría y felicidad continua y se convirtió en su confidente. Al final de la historia, Casandra no es violada ni se va con Agamenón. Simplemente se queda con sus hermanas Políxena y Laódice en el templo de Atenea. El resto de la historia no se cuenta.


Representación de Miguel Ángel de la Sibila délfica, a veces identificada con Casandra y como una alusión del autor a la grecia clásica. (Fresco en la Capilla Sixtina).

En la literatura moderna, Casandra es a menudo usada como modelo de tragedia y romance, y a menudo simboliza el arquetipo de alguien cuya visión profética es oscurecida por la locura, convirtiendo sus revelaciones en cuentos o afirmaciones inconexas que no son comprendidas plenamente hasta que ocurre lo vaticinado.

El «síndrome de Casandra» es un concepto ficticio, usado para describir a quien cree que puede ver el futuro, pero no puede hacer nada por evitarlo. Por ejemplo, en la película Doce Monos la Doctora Kathryn Railly investiga este síndrome y a aquellos que lo sufren.

En la película de Woody Allen Poderosa Afrodita, Casandra aparece como uno de los personajes avisando al protagonista de su mal futuro.

El escritor argentino Roberto Mateo, en su novela "La impronta de Casandra", toma la idea original del mito y la modifica dándole otros matices; como ejemplo, Apolo no sólo le dio el poder de predecir el futuro sino que, a pedido de ella misma, recibe el don de la inmortalidad, el don de la palabra justa y el deseo de convertirse en protectora de los artistas de la palabra. Con este giro en el mito original, el autor de esta novela consigue traer a Casandra hasta la época actual, generándole encuentros a través de la historia con escritores que en algún momento de su obra la mencionan; por este paseo histórico Casandra conoce, influye y ampara a Eurípides, Esquilo, Schiller y Rossetti, al igual que al personaje central de esta novela, a quien conoce en última instancia.

2 comentarios:

  1. El personaje de Casandra es genial, aunque no le den mucha bola en la Ilíada. Aún así, el canto ese de que se va a despedir Héctor de la esposa y del hijo es uno de los que más me gustan. No coincidimos, seguramente =P

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  2. Me gustan algunas escenas y hasta me han dado ganas de copiar algunos fragmentos por su belleza, pero me jode la cosmivisión de los grieguitos.

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