Autocronograma

AUTOCRONOGRAMA

2008: 23 años deseando esta carrera.

2010: Bitácora de quien estudia en Puán porque la vida es justa y (si te dejás) siempre te lleva para donde querés ir.

2012: Crónicas de la deslumbrada:Letras es todo lo que imaginé y más.

2013: Estampas del mejor viaje porque "la carrera" ya tiene caras y cuerpos amorosos.

2014: Emprolijar los cabos sueltos de esta madeja.

2015: Pata en alto para leer y escribir todo lo acumulado.

2016: El año del Alemán obligatorio.

2017: Dicen que me tengo que recibir.

2018: El año del flamenco: parada en la pata de la última materia y bailando hacia Madrid.

20 de noviembre de 2010

Un sábado

Sábado querido
Desde que voy a la facu, mis sábados comienzan divinamente cuando me despierto solita, sin despertador, y salgo de casa solita, sin hijos e hija, a las siete de la mañana si voy en bondi porque no quiero manejar o quiero ahorrarme los peajes, o a las ocho si agarro el dodge y abro el portón como si abriera las puertas del paraìso y me subo a la autopista como si carreteara para despegar al infinito y más allá.
Pero ayer me desperté con dolor de cabeza, salí medio pateándome el traste porque mis dos primeras horas de gramática no me tentaban y, bueno, le di padelante porque una es así, corajuda no más.
Me desvié para cargar gas, vi que iba a llegar medio tarde, le entré al Buen Ayre y cuando hago la curva para agarrar acceso oeste zas: ruido a que se rompe todo. Menos mal que no explotó nada que es mi miedo más primario cuando manejo asustada. Paré en una entrada de cantri que está justo en la curva y me bajé a ver qué pasaba aún a riesgo de las feas miradas de la señora platinada que salió del control de seguridad en su auto que no explota.
Miré y no vi rueda baja ni nada en pedazos. Es cierto que las cubiertas de atrás ya no dan para más y a una ya se le veían lso alambrecitos. Me dije que soy una inconciente (como no está mi madre me lo digo sola)y traté de pensar rápido siera mejor llamar a la grúa, a Juliàn que seguro dormía o buscar una estación de servicio. Me decidí por lo último. Por colectora no encontré nada y como la máquina caminaba me volví a subir a la autopista.
Pero a 80 se me desarmaba, movía la colita como si bailara rumba y mejor no arriesgarse (más). Volví a salir en la próxima bajada y me putée a mí misma porque tuve que pagar el peaje por esa subida y bajada de indecisión.
No sé cómo reconocí la calle Ratti en Ituzaigó y razoné razonablemente que para volver para mi casa tenía que cruzar del otro lado de la autopista, qué genia soy. Encontré un puente especial para mí ahí puesto y le di no más. Colectora del otro lado, despacito y pensando que estaba haciendo pelota mi pobre auto. No sé cómo me di cuenta de cuál era la entrada de vuelta al Buen Ayre, que es la misma que tomo siempre pero desde otro àngulo se veía muy distinta.
Lllegué entera a casa. Dejé la batata en su lugar, le dije a Ju que se ocupe (para qué tiene una hijos gigantes)y me fui pal bondi con monedas y todo, que no iba a llegar a la clase de gramática de las 9 pero sí a la de Española de las 11.
303 sentada, tren de Morón parada. Todo bien. Me bajo en Caballito y, lo que nunca me pasó en mi vida de mujer menstruante: me vino de golpe, en la calle, sin toallitas puestas ni en el bolso y ¡seis días antes de lo previsto! ¡No hay justicia en esta mundo! Dos días antes te creo, cuatro si querés pero me tenía que venir el 12 y ayer era ¡6!
Bueno, jamás pasó por mi cabeza volver a casa. Menos mal que tenía un pantalón oscuro y un buso largo así que el problema no era visual. Busqué farmacia, le dejé el turno a la viejita que delante mío se quería tomar la presión pero no al matrimonio que llegó después que yo. El marido le decía a la vieja que ya la iban a atender, que no escorchara y se sentara a esperar. Claro: solamente pueden ir a una farmacia a las 10 de la mañana los que escorchan y las que nos indiponemos en la esquina.En la caja la chica me dijo que la próxima vez para perfumería no había falta sacar número, que era la otra caja sin cola. Se lo hice repetir porque no entendía. Ah, le contesté, creo que hasta le di las gracias.
Salí caminando derechita, divina aunque la cosa venía tipo desangre. Y eso que siempre me viene de a poco, como avisàndome...
Pensé en comprarme una bombacha y un pantalón nuevo, total acababa de cobrar. pero no quise derrochar ni perder tiempo de mi clase que era lo importante.
Tres cuadras más hasta el Mac Donanld, que será lo que será pero se puede usar el baño sin consumir y hay papel y una puede lavar lo que sea que hay que lavar porque hay canillas decentes y jabón.
Listo, menos mal que hacía calor y la mojadura no implicó paspadura.
Llegué a mi clase diez minutos antes y hasta le reservé un buen lugar al lado mío a mi compañera. Menos mal... He dicho tantas veces "menos mal" en esta narración que hasta estoy creyendo que fue un día perfecto.

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