13 de junio de 2013

Vonnegut sí

Si me decepcioné terriblemente con Burroughs, Vonnegut, igual de postergado y autodebido durante tanto tiempo, me llega maravillosamente. Toy leyendo a la vez, uno en pantalla, otro en papel, descanso de uno en el otro, Matadero 5 y Cuna de gato. Muy guenos los dos.

El tiempo y la muerte en Tralfamadore

«Lo más importante que he aprendido en Tralfamadore es que cuando una persona muere, sólo muere aparentemente. Continúa estando muy viva en el pasado, y por lo tanto es muy estúpido que la gente llore en su funeral. Todos los momentos, el pasado, el presente y el futuro, siempre han existido y siempre existirán. Los tralfamadorianos pueden contemplar todos los momentos diferentes de la misma forma que usted, por ejemplo, puede observar cualquier trecho de las Montañas Rocosas, se dan cuenta de la permanencia de todos los momentos, y pueden contemplar cualquiera de ellos que les interese. Aquí en la Tierra creemos que un momento sigue a otro, como los guisantes dentro de la vaina,y que cuando un momento pasa ya ha pasado para siempre, pero no es más que una ilusión.
»Cuando un tralfamadoriano ve un cadáver, todo lo que se le ocurre pensar es que la persona muerta se encuentra en malas condiciones en aquel momento particular; pero sabe que aquella misma persona puede encontrarse estupendamente en muchos otros momentos. Ahora, después de aquella experiencia junto a ellos, cuando oigo decir que alguien ha muerto, me encojo de hombros, simplemente, y digo lo que los tralfamadorianos dicen acerca de las personas muertas, esto es: "Así son las cosas".»


Kurt Vonnegut. Matadero 5

11 de junio de 2013

Más pulpera con Tuñón, Storni y Sylvester

Noticia

Tomado del blog "Otra iglesia es imposible"

La obra poética de Blomberg durmió mucho tiempo en las bibliotecas y en 1950 fue rescatada entre otros por el poeta Raúl González Tuñón, que reconoció la existencia de una deuda lírica con Blomberg.
Alguien lo describió como un flaco alto y silencioso, similar a los marinos nórdicos que navegaban por su imaginación. Un hombre caballero y buen amigo cuya personalidad se sintetiza en la siguiente anécdota: su libro "A la deriva" fue considerado ganador del primer premio municipal de poesía de 1920. El segundo lugar le correspondió a Alfonsina Storni. Cuando Blomberg se entera, momentos antes de la proclamación oficial, le dijo al jurado «Las damas primero». El jurado aceptó su sugerencia y se cambió el orden de premiación. Alfonsina resultó la ganadora.
Ni Charlo, ni Gardel grabaron temas de Blomberg. Solamente Magaldi, una vez, con la canción "La parda Balcarce", registrada el 28 de septiembre de 1932. Héctor Blomberg fue sin dudas el letrista exclusivo de Ignacio Corsini.
Néstor Pinsón, Todo tango

Nota: Santiago Sylvester procede a un segundo rescate de Blomberg, al incluir un poema suyo entre los diez de la década de 1910 que seleccionó para la antología Otro río que pasa, editorial Bajo la Luna, Buenos Aires, 2010, que reúne cien poemas argentinos del siglo XX elegidos por diez poetas. El poema puede leerse aquí.

Maggie y Nancy


Las dos irlandesas

Aquí estoy con los chinos y las dos irlandesas
que llegaron a bordo del Jamaica Marú;
Maggie, la mayor, tiene ojos como turquesas
y bebe gin en este viejo bar del Dock Sur.

Nancy, la menor de ellas, parece una gitana,
pero nació en el barrio más pobre de Dublín;
arde en sus ojos negros una pasión lejana
y en su pálida frente hay una cicatriz.

De dónde las trajeron los chinos taciturnos
Maggie me habló al oído: “los conocí en Shangai...”
(En el bar se morían los murmullos nocturnos
y en los labios de Nancy se apagaba un cantar...)

El Marú había partido con rumbo a Yokohama.
Maggie me amó en las noches siniestras del Dock Sur;
Me hablaba de su vida errante, y una llama
de pasión palpitaba en su mirada azul.

Nancy, junto a nosotros, cantaba dulcemente
canciones misteriosas de la China y del mar.
(Quién las llevó de Irlanda al infierno de Oriente,
y por qué las trajeron los chinos de Shangai).

Pero yo amaba a Nancy, la irlandesa morena;
los chinos, silenciosos, miraban a las dos;
las casuchas dormían bajo la luna llena
y en los negros navíos temblaba un resplandor.

¡Nancy! ¡Nancy! Una noche su canción quedó trunca;
los chinos dormitaban borrachos de chandú...
¡Pobre Maggie! Esa noche bebió más gin que nunca
y se arrojó a las aguas oscuras del Dock Sur.


Héctor Pedro Blomberg (Buenos Aires, 1889-1955), A la deriva: canciones de los puertos, de las tierras y de los mares, 1920
Seleccionado por Santiago Sylvester para una muestra de poesía argentina del '10

Googleando reúno a la pulpera, Link y Gelman

martes, 29 de marzo de 2005
Cincuentenario


Por Daniel Link


Héctor Pedro Blomberg es otro de los hijos célebres del barrio: nació un 18 de marzo de 1890 en la calle Santiago del Estero 236. Su madre fue una dama de la sociedad paraguaya, Ercilia López (descendiente directa del mariscal paraguayo Francisco Solano López). Su padre, el ingeniero noruego Pedro Blomberg, trabajó a comienzos del siglo XX en las investigaciones de los túneles de Montserrat, que por entonces no estaban tan vedados a la curiosidad común como ahora. Gran parte de la infancia de Héctor Pedro Blomberg transcurrió entre su Montserrat nativo y frecuentes viajes al Paraguay. Comenzó a estudiar Derecho en Buenos Aires y estaba a punto de convertirse en un abogado cuando sintió el llamado a la aventura que había heredado de su padre. A los 20 años, abandonó la carrera para dedicarse a la literatura y al periodismo (diríamos hoy), a la "vida bohemia" (se decía entonces). Se hizo habitué del café Los Inmortales, donde se reunían escritores y artistas de la época. Murió el 3 de abril de 1955 (hace exactamente 50 años).
Una mañana paseaba por el puerto, vio un barco aprestándose a zarpar y preguntó "¿A qué hora salimos?". "Al mediodía", le contestaron. Fue corriendo a su casa, preparó una valija y, cuando su madre le preguntó a dónde iba tan precipitadamente contestó: "A Noruega".
Volvió dos años después con un cartapacio repleto de relatos y poemas que quedaron relegados a un segundo plano cuando decidió invertir su genio en la canción popular (Blomberg fue promotor y animador de la peña que funcionaba en el local de Los Dos Chinos).
Entre fines de la década de 1920 y comienzos de la de 1930, cuando creó y publicó sus más famosas composiciones, Blomberg era conocido como "precursor de la canción histórica de la República", ya que la mayoría de sus letras arqueológicas se refieren a personas y acontecimientos de la época en que Juan Manuel de Rosas gobernaba la provincia de Buenos Aires y era Canciller de la Confederación Argentina. Interpretadas y popularizadas en su momento por Ignacio Corsini, la mayoría de esas composiciones lamentablemente hoy no integran el repertorio más fatigado de la música ciudadana ("La Guitarrera de San Nicolás", "La Mazorquera de Monserrat", "La que murió en París", "Los Jazmines de San Ignacio", "Rosa morena", "Barrio viejo del 80"), con excepción del muy logrado valsecito "La pulpera de Santa Lucía" en el que, según los biógrafos, Blomberg habría volcado, además de sus investigaciones históricas, su propia pasión por el viaje y la aventura.
Como puede comprobarse en el mapa de la ciudad de Buenos Aires, numerosos barrios conservan el nombre de las parroquias formadas alrededor de los diferentes templos. Siguiendo estas antiguas denominaciones, Blomberg concibió una serie de historias relacionadas con mujeres que habrían vivido en esas parroquias, como una hermosa niña que en 1840 "cumplió quince años la primavera del año rojo de la ciudad", una artesana que atendía la quinta de San Benito de Palermo: "Fue la bordadora del viejo San Telmo la que vino al patio del Restaurador", una eximia contrapuntista de los alrededores de Plaza Mayo: "Guitarrera, guardé tu guitarra, porque nadie sus cuerdas jamás pulsará como tú las pulsabas, en las noches de San Nicolás" o la célebre rubia de ojos celestes que cantaba como una calandria, la tatarabuela de mi vecino, la pulpera de Santa Lucía.
Creada a partir de un oratorio del siglo XVIII, la parroquia de Santa Lucía se ubica actualmente en la esquina de Caseros y Martín García, en el barrio de Barracas (sede histórica, también, de la "Casa de los expósitos", que ocupa un lugar destacado en la historia de Álvaro Bustos). En las cercanías del templo había, hacia 1835 (el año en que que Deolinda Correa, intentando seguir las tropas de Quiroga, encontró la muerte por deshidratación y el año en que fueron prohibidas las corridas de toros en Buenos Aires) una pulpería atendida ¡por una mujer!
Marcos, mi vecino, insiste en que el nombre de esa pulpera fue Ramona Bustos, su antepasada. Edgardo Cozarinsky me escribe perentorias líneas en la que desmiente la hipótesis: la inspiradora de los versos de Héctor Pedro Blomberg fue Dionisia Miranda, dice su billete electrónico, en el que por otra parte me felicita por la lección "No volvieron los trompas de Rosas" (en lugar de la corrupta "No volvieron las tropas de Rosas"), que alude a los trompeteros que transcribían musicalmente las órdenes del campo de batalla.
Marquitos niega la refutación de Edgardo. "Tengo pruebas", me dice. Espero verlas. Mientras tanto, me recuerda que el poeta Miguel Ángel Bustos, recordado por Juan Gelman como uno de las víctimas de la última Dictadura, desciende de la misma rama familiar que él. Las referencias a la pulpera de Santa Lucía que hay en la obra de Gelman seguramente provienen de las historias que le contara su amigo, piensa Marcos.
Intrigado, le escribo a mi colega Miguel Dalmaroni, experto platense en la obra de Gelman, que me contesta: "Este modo de vérselas con la cultura a través de una exploración desregulada de la lengua tiene, naturalmente, un efecto creciente que podríamos calificar como político o, mejor, ideológico. Preguntas como las que se leen en versos de Gelman ("¿Y si Dios fuera una mujer? alguno dijo"; "¿era rubia la pulpera de santa lucía"?) son consecuencia de esa desregulación del idioma, es decir de una escritura que ignora el orden del mundo que se nos impone mediante el orden del discurso (es decir mediante el sentido común cultural)".

Publicado por Daniel Link a las 7:15 p.m.

La sangre del año 40

La Canción de Amalia


Héctor Pedro Blomberg





La sangre del año cuarenta mojaba
Tu rostro divino color de jazmín,
Doliente azucena de la tiranía
Jamás buenos aires se olvida de ti.

Soñando vivías en la quinta sola
Y el río te daba su mortal canción,
Suspiran los sauces de la calle larga,
Se oía a lo lejos un canto de amor.

Belgrano te amaba, jazmín tucumano,
La daga de rosas, su pecho buscó,
Lloraron de angustia tus bellas pupilas,
En las noches rojas del restaurador.

Con cintas celestes en tus trenzas negras
Le abrías la puerta del viejo jardín.
Guitarras porteñas decían la gloria
De aquellos amores, cantaban por mi.

Rondaron las dagas la quinta vacía,
La dulce guitarra dejó de cantar.
Eduardo Belgrano se estaba muriendo
Y allí en los rosales goteaba un puñal.

Soñaba ser libre, soñó que era suya
Y en tus ojos negros vio la libertad.
Miró la divisa celeste en tus trenzas,
Besó tus pupilas y ya no hablo más.

Los sauces llorosos temblando en el río
Y el viento en las rejas del barrio del sur
Cantaban tu idilio, de amor y de muerte,
En la calle larga bajo el cielo azul.

Suspiro doliente, de amor sin ventura,
Oías, Amalia, la ardiente canción,
Que Eduardo Belgrano, con voz moribunda,
Cantaba a tu oído diciéndote adiós.

¿Tema para monografía?

Me encanta cursar seminario. Pero nunca entrego la monografía final o espero a que le la reclamen o curso más seminarios y noto que no me conviene firmarlos porque no voy a poder seguir cursando más.
Pero el sábado pasado casi me dieron ganas de escribir para el que estoy haciendo con Pablo Ansolabehere: Hablando de Amalia de Mármol el profe nombró a un poeta que había compuesto una Canción de Amalia y... ¡La pulpera de Santa Lucía!!!!
Es casi mi canción infantil más vieja y resulta que decía "el payador mazorquero" ahí donde nunca le entendí la letra cuando cantaba mi viejo.
Googleo y me encuentro con que el señor Héctor Pedro Blomberg tenía todos títulos con personajes femeninos. Estaría bueno...


Dice la wiki :
Héctor Pedro Blomberg


Héctor Pedro Blomberg
Héctor Pedro Blomberg (n. 18 de marzo 1889 - m. 3 de abril de 1955) fue un poeta, guionista, comediógrafo y periodista argentino. Autor de famosos tangos junto al guitarrista Enrique Maciel entre los que se destaca El caballero cantor y La pulpera de Santa Lucía que cantara su amigo Ignacio Corsini.
Biografía [editar]

Pedro Blomberg era hijo de una escritora paraguaya, sobrina del mariscal Francisco Solano López y nieto de un marino noruego.
En 1912 publicó su primer libro de poemas La canción lejana. A fines de la década del '20 comienza a desarrollar una poesía y narrativa popular, vinculada al radioteatro, el sainete y el tango. Escribió obras en las que mezclaba realidad y ficción, ambientadas en las luchas políticas del siglo XIX entre unitarios y federales.
Entre sus obras teatrales exitosas pueden mencionarse Barcos amarrados, La Mulata del Restaurador, La sangre de las guitarras, Los jazmines del ochenta. Esta última fue estrenada por la compañía de Teatro del Aire que encabezaban Pascual Pellicciota y Eva Duarte de Perón.
El romance radial Bajo la santa Federación que escribiera en colaboración con Carlos M. Viale Paz fue llevado al cine con el mismo nombre en 1935 por Daniel Tinayre.
La amistad con el destacado cantor de tangos Ignacio Corsini lo vinculó al guitarrista Enrique Maciel con quien escribió gran cantidad de canciones, entre las que se destacan: El adiós de Gabino Ezeiza (milonga), La pulpera de Santa Lucía (vals), La mazorquera de Monserrat (vals), Violines gitanos (tango), Tirana unitaria (tango), La viajera perdida (tango), La que murió en París (tango), Siete lágrimas (canción), La guitarrera de San Nicolás (vals), No quiero ni verte (vals), Los jazmines de San Ignacio (canción), La canción de Amalia (vals), La china de la Mazorca (canción) y Me lo dijo el corazón (tango).
Sus tangos fueron cantados fundamentalmente por Corsini.
Hace algunos años, Juan "Tata" Cedrón musicalizó un poema inédito de Blomberg titulado "Las 2 Irlandesas".



Y en Tangauta:




Era rubia y sus ojos celestes
Dionisia era hija del sargento Juan de Dios Miranda, muerto en una escaramuza de Oribe cuando ella tenía quince años. Desde entonces, junto a su madre —la Cirila— atendía un mostrador enrejado cercano a la quinta de Amalia.
Muy mentada por los barrios del Sur era esta casa, la Pulpería del Restaurador. Más famosa era la pulpera que, ya crecida y con su madre retirada del negocio, atraía con sus encantos a los soldados de los cuarteles vecinos y aún a los de Rolón, frente al Fuerte. Otra pulpería próxima, la de la Paloma, no alcanzaba a ser suficiente rival para aquel despacho que, entre yerbas, ginebras y aperos, alegraba (o mejor dicho, excitaba) aquel punto neblinoso de la parroquia de Santa Lucía desde 1833.
Protegían el sitio un retrato de Rosas y una virgencita de Luján, a cuál con más velas encendidas; también estaba la daga del viejo Miranda, clavada en la pared como un recuerdo o como una advertencia. Jazmines en la reja, diamelas en el patio y las serenatas de un payador mazorquero daban por las noches un criollo romanticismo a la pulpería de Dionisia.
Había otra pulpería más en la zona: la del Avestruz, regenteada por una joven mulata celosa, de nombre Isidora Rosales.

Reflejaba la gloria del día
En realidad, cada establecimiento recibía su propia y fiel clientela, bien diferenciada; ningún daño se hacían entre sí. Pero Isidora envidiaba la suerte de Dionisia: al Avestruz no llegaban los mozos gallardos, y los cantores de su estaño no tenían ni comparación. Los otros se escuchaban hasta en la casa del ministro inglés, cuadras arriba; los suyos eran más bien gente taciturna, alentada por vasos de caña.
Hacia diciembre de 1840 comenzó a frecuentar la Pulpería del Restaurador un poeta unitario. Facundo Larrazábal se llamaba; incondicional de Lavalle, amigo de Mármol y de Alberdi. La rubia Dionisia dejó de prestar atención a las guitarreadas del payador mazorquero. Ahora suspiraba por un muchacho del otro bando, por un “lomo negro” que también le cantaba cielos y vidalas.
El otro, por puro despecho, cambió de pulpería y a partir de ahí lo vieron apurar su alcohol en el mostrador del Avestruz. Isidora había ganado una pequeña batalla, eso se veía patente; pero no era lo mismo: aquel brioso soldado de Rosas se había convertido en un hombre apagado.
Viendo que nada conseguía a través del mazorquero, la mulata decidió pasar ella misma a la acción. Primero la calumnió; más tarde llegó a plantársele frente a frente e inferirle una cuchillada en el pecho. Apenas la rozó, pero a la rubia le quedaría para siempre el registro de una cicatriz y de su corpiño manchado.
Isidora fue incluso por más: denunció al unitario. Desde entonces la cabeza de Larrazábal tuvo precio. Una noche zafó milagrosamente de una redada, taloneando su caballo en dirección a los sauzales del río.
Al día siguiente Dionisia no estaba. El payador mazorquero, por la memoria de aquel gran amor que había sentido y que ya definitivamente no poseía, la había ayudado a escapar. Dionisia Miranda partía rumbo a Colonia en una ballenera, junto a su querido Larrazábal.
El federal volvió a cantar en el patio de la Pulpería del Restaurador, pero el patio estaba vacío y ya no había quien oyera su serenata.

Y cantaba como una calandria
Ignacio Corsini llevó al disco el vals La pulpera de Santa Lucía, de Blomberg y Maciel, en cinco ocasiones (con matrices extendidas en los días 22 de abril, 22 de mayo y 19 de junio de 1929). Se conocen editadas originalmente tres, siempre bajo la misma numeración: Nacional Odeón N0 18.582, lado B. Las crónicas informan un estreno accidentado y casi sin esperanzas; poco debían sospechar sus creadores que este vals se convertiría en un excepcional “caballito de batalla” con demanda constante durante cuatro lustros.
Unos años después se produjo un hecho llamativo: el mismo Corsini grabó del autor José Lojo el vals El payador de San Telmo (4 de marzo de 1932), que es claramente la segunda parte de La pulpera de Santa Lucía. Blomberg, que jamás había autorizado una continuación de su obra, editó en 1938 una serie de novelas cortas para desmentir a El payador de San Telmo y contar la “verdadera historia” de su famosa pulpera rubia y de ojos celestes. Gracias a esta vuelta de tuerca, hoy se conocen los pormenores de aquella mujer.



Tomado de http://www.eltangauta.com/nota.asp?id=398

2do de Siglo XX

Parcial domiciliario: 9 (Más la sonrisa de Rosetti que es un orgullo recibir)

Pasolini

Genial, genial, genial, recontra genial. Teorema, la novela.
Ya quiero ver todas las pelis y buscar más libros.

2 de junio de 2013

Hoy entran a mi vida Truman Capote y Flanery O´connor

"—Oui. Oui. Los haitianos dan empleo a sus muertos. Son famosos por eso. Nosotros los abandonamos a sus penas. Y a sus alegrías. Tan vulgares, los haitianos. Tan criollos. Y uno no puede bañarse allí, los tiburones son muy imponentes. Y los mosquitos: ¡qué tamaño, que audacia! Aquí, en la Martinica, no tenemos mosquitos. Ni uno.
—Lo he notado; me ha sorprendido.
—Y a nosotros. La Martinica es la única isla del Caribe que no esta atormentada por los mosquitos, y nadie puede explicárselo.
—Quizá se los traguen todas las mariposas nocturnas.
Se ríe.
—O los fantasmas.
—No. Creo que los fantasmas preferirían las mariposas.
—Si, las mariposas nocturnas quizá sean más alimento fantasmal. Si yo fuera un fantasma hambriento, preferiría comer cualquier cosa antes que mosquitos. ¿Quiere usted mas hielo en su vaso? ¿Ajenjo?"


"Música para camaleones". Truman Capote



"La anciana se sentó cómodamente, se quitó los guantes de algodón y los dejó con su bolso en la repisa de la ventanilla de atrás. La madre de los niños aún llevaba los pantalones y la cabeza atada con el pañuelo verde; la abuela, en cambio, llevaba un sombrero de paja azul marino con un ramillete de violetas blancas en el ala y un vestido azul marino con pequeños lunares blancos. El cuello y los puños eran de organdí blanco adornado con encaje, y en el cuello se había prendido un ramillete de violetas de tela de color púrpura perfumado. En caso de accidente, cualquiera que la viera muerta en la carretera sabría al instante que era una dama."


"Un hombre bueno es difícil de encontrar". Flanery O ´Connor

Montevideo cervantista

Mandé mi resumen de 200 palabras (ayer un hermoso fallido me hizo decir "páginas")al "Simposio: Barroco, Sujeto y Modernidad" a realizarse en Montevideo, del 2 al 4 de Octubre de 2013 a raíz de los 400 años de las Novelas Ejemplares.
Sí, voy a salir del país por primera vez en mi vida, ya estoy en edá (todavía toy a tiempo), con mi querida gente cervantista: los que me arrastran, me llevan, me hacen hacer todo lo que tengo hace tanto tantas ganas de hacer.
Parece que voy a hablar de Preciosa, la Camacha, la Montiela y la Cañizares.

Que nunca te pase

BALDOMERO FERNÁNDEZ MORENO - El aplazado




De pronto, como un breve latigazo,
mi nombre, Friedt, estalló en el aula.
Yo me puse de pie, y un poco trémulo
avancé hacia la mesa, entre las bancas.
Era el examen último del curso
y al que tenía más miedo: la gramática.
Hice girar resuelto el bolillero
Las dieciséis bolillas del programa
resonaron en él lúgubremente
y un eco levantaron en mi alma.
Extraje dos: adverbio y sustantivo.

Me dieron a elegir una de ambas
y elegí la segunda. -¿Y qué es el nombre?
díjome uno y me asestó las gafas.
Sentí luego un sudor por todo el cuerpo,
se me puso la boca seca, amarga,
y comprendí, con un terror creciente
que yo del nombre no sabía nada.
Revolvía allá adentro, pero en vano,
me quedé en absoluto sin palabras.

Y empecé a ver la quinta en qué vivíamos:
el camino de arena, cierta planta,
el hermano pequeño, mi perrito,
el té con leche, el dulce de naranja,
¡qué alegría jugar a aquellas horas!
Y sonreía mientras recordaba.
-¡Pero señor -rugió una voz terrible-,
el nombre sustantivo, una pavada!
Tiré a la realidad: sobre la mesa
los dedos de un señor tamborileaban,
cabeceaba blandamente el otro,
el tercero bebía de una taza.

Hacía gran calor. Yo tengo una
cara redonda, simple, colorada,
los ojos grises y los labios gruesos,
el pelo rubio, la sonrisa clara.
Yo quería jugar, no dar examen
darlo otro día, sí, por la mañana...

Se me nubló la vista de repente,
los profesores se me borroneaban,
adquirió el bolillero proporciones
gigantescas, fantásticas,
oí como entre sueños: Señor mío,
puede sentarse... -Y me llené de lágrimas.

24 de mayo de 2013

En total ya éramos muchos

"Como cada uno de nosotros era varios, en total ya éramos muchos. Aquí hemos utilizado todo lo que nos unía, desde lo más próximo a lo más lejano. Hemos distribuido hábiles seudónimos para que nadie sea reconocible. ¿Por qué hemos conservado nuestros nombres? Por rutina, únicamente por rutina. Para hacernos nosotros también irreconocibles. Para hacer imperceptible, no a nosotros, sino todo lo que nos hace actuar, experimentar, pensar. Y además porque es agradable hablar como todo el mundo y decir el sol sale,
cuando todos sabemos que es una manera de hablar."


Delueze y Grattari. Mil mesetas.

23 de mayo de 2013

Necesito utilizar en algún lado los términos "canto sirenaico" y "canto órfico"

Para algunos intérpretes contemporáneos, “el canto de las sirenas encarna el mito extremo del goce femenino”. Cfr. Salecl, Renata y Francés, Tamara. “El silencio del goce femenino” en (Per)versiones del amor y del odio. México, Siglo XXI, 2002, pág 87

22 de mayo de 2013

El escritor célibe y el goce insensato de la reproducción

Kafka en una carta en septiembre de 1922: “el escritor debe aferrarse a su mesa con los dientes”, cosa que si han visto los dibujitos que el propio Kafka hacía, verán que coincide con su imaginario pictórico. Por eso, “él (el escritor)puede concebirse como el chivo expiatorio de la humanidad, él permite a los hombres gozar con inocencia de un pecado”.
Sustraído el escritor del proceso de la reproducción y planteado como un célibe, piensa Kafka, el escritor funciona allí como chivo expiatorio del resto de la humanidad, que se entrega al goce insensato de la reproducción, sin preguntarse nunca: ¿cómo y para qué reproducirse? Pregunta más políticamente radical que esa no hay.
Por eso, para Kafka “escribir es ponerse fuera de la vida”, pero sobre todo, fuera de la vida de los otros. La escritura como un más allá de lo viviente, un más allá, también (dado que lo viviente supone condiciones materiales de existencia) del capitalismo y, por lo tanto, de la esquizofrenia.
De ahí la potencia revolucionaria que Deleuze y Guattari encuentran en la obra de Kafka y particularmente en las zonas más intimas de las obras de Kafka, de ahí que Deleuze y Guattarí digan “todo es político, empezando por las cartas a Felice”.


Daniel Link. Teórico introductorio a Kafka.

Qué cagada Burroughs

El almuerzo desnudo. Años de reservar su lectura iniciática (yo que me inicié con las aventuras de Salgari y Verne pero envidiaba los viajes menos exteriores) para algún momento ideal-idealizado. Años de registrar que aún no lo había leído, que debía. Y al final...: Un gomón: La puta estética del reviente que tanto odio. Todo bien para aplicar Delueze y Guatari más o menos prolija, escolarmente, pero como lectura un embole, un asco, una porquería. Alguna media página que hubiera sido un buen poema, nada más.