1 de noviembre de 2026

Ponencia que leí decentemente sin exhibir la cita correspondiente tatuada en mi muslo cervantino

 “No soy renca ni soy coja ni tengo nada de manca”: Identidades híbridas e imbricadas de Altisidora, Sancho y Don Quijote como heroínas poetas




Paula Irupé Salmoiraghi

UBA- Instituto de Filología “Amado Alonso”

Azul. Octubre de 2026




Desde su aparición como personaje en la primera parte de El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, el protagonista no se presentará como héroe ni como antihéroe, ni siquiera como personaje protagonista tradicionalmente descrito por sus orígenes, cualidades y objetivos sino por la negativa: lo que no es, lo que no tiene, lo que no hace. Su camino vital y narrativo no es linealmente épico sino que gira en elipsis desfasadas alrededor de su hogar, su región, el territorio de la aventura que se metamorfosea, disfraza y travestiza junto con él, una misma cuerpa con Rocinante, componiendo aventuras y narraciones tentaculares, trenzadas, híbridas.

El inicio del Cap. 44 de la segunda parte, donde iniciará la aventura con Altisidora, me parece toda una declaración de principios sobre qué vale la pena narrar, qué poco interesantes son los héroes individualistas y cómo nada es lineal ni en la vida ni en la ficción:


Dicen que en el propio original desta historia se lee que llegando Cide Hamete a escribir este capítulo, no le tradujo su intérprete como él le había escrito, que fue un modo de queja que tuvo el moro de sí mismo, por haber tomado entre manos una historia tan seca y tan limitada como esta de don Quijote, por parecerle que siempre había de hablar dél y de Sancho, sin osar extenderse a otras digresiones y episodios más graves y más entretenidos; y decía que el ir siempre atenido el entendimiento, la mano y la pluma a escribir de un solo sujeto y hablar por las bocas de pocas personas era un trabajo incomportable, cuyo fruto no redundaba en el de su autor, y que por huir deste inconveniente había usado en la primera parte del artificio de algunas novelas, como fueron la del Curioso impertinente y la del Capitán cautivo, que están como separadas de la historia, puesto que las demás que allí se cuentan son casos sucedidos al mismo don Quijote, que no podían dejar de escribirse. También pensó, como él dice, que muchos, llevados de la atención que piden las hazañas de don Quijote, no la darían a las novelas, y pasarían por ellas, o con priesa, o con enfado, sin advertir la gala y artificio que en sí contienen, el cual se mostrara bien al descubierto, cuando por sí solas, sin arrimarse a las locuras de don Quijote, ni a las sandeces de Sancho, salieran a luz; y así, en esta segunda parte no quiso ingerir novelas sueltas ni pegadizas, sino algunos episodios que lo pareciesen, nacidos de los mesmos sucesos que la verdad ofrece, y aún éstos, limitadamente y con solas las palabras que bastan a declararlos; y pues se contiene y cierra en los estrechos límites de la narración, teniendo habilidad, suficiencia y entendimiento para tratar del universo todo, pide no se desprecie su trabajo, y se le den alabanzas, no por lo que escribe, sino por lo que ha dejado de escribir. (II, 44: 876)



Este inicio metatextual del capítulo, con narración de propósitos no lineales y aún así deseos de totalidad narrativa en lo narrado, lo no narrado y sus modos, me permite decir que el hidalgo cervantino nunca fue un héroe sino una heroína. Figura que se sostiene en su inmediata adhesión a la cuerpa de su escudero, amigo, vecino, Sancho Panza, unido siempre a su rucio, con quien componen un todo indisoluble que deja de lado por completo la tradicional superioridad del varón épico respecto de la comunidad que lo entrona. Por otro lado, esta heroína compuesta por Don Quijote y Sancho, Rocinante y Rucio, ha venido engordando durante la primera parte desplegando sus cualidades de contagio, reproducción de las historias, las memorias y la poesía, curiosidad por las vidas ajenas y las variantes de las propias, don para la reunión, la solidaridad, la comunión con otres. Pero no es hasta la segunda parte, en casa de les Duques, que esta heroína se redondeará por completo, por ahora, con la aparición de Altisidora, sus prendas de vestir femeninas y su voz cantadora exaltada, mentirosa, ficcionante. 

Hidalgo y escudero se encuentran, lejos de sus partes equinas y rebuzniles, en su punto de polarización más extremo, la “separación” de Sancho gobernador de Don Quijote feminizado en el castillo de la Duquesa. Sin embargo, no veo a esta heroína partida sino ampliando su territorio ya que ni Sancho ni DQ se abandonan uno al otro sino que “se tienen”, se apelan, se recuerdan y se comunican interna y textualmente todo el tiempo. Altisidora vendrá a unir su cuerpa de doncella poeta, capaz de crearse a sí misma, de nombrarse y autoconstruirse igual que DQ y Sancho, a la cuerpa mùltiple de aquellos a quienes no veo burlando sino amando, festejando, eligiendo como el patito feo puede haber llegado a “elegir” a su familia cisne. Altisidora, Sancho y Don Quijote, no serían ni respectiva ni aisladamente, ni binaria y complementariamente, héroes, antihéroes o ayudantes y antagonistas, sino una misma cuerpa heroica, la heroína poeta que es capaz de definirse a sí misma con versos, refranes, voces de la comunidad y citas lectoras más o menos prestigiosas o salvajes.

Según Joseph Campbell y su análisis de los mitemas de la humanidad en El héroe de las mil caras, es héroe aquel sujeto que, contando con poderes como la fuerza, la valentía, el coraje, el sacrificio, la elección o el beneplácito de los dioses, con ayudantes y objetos mágicos o bélicos, logra, a través de un recorrido lineal desde el hogar conocido a la tierra de la aventura y de regreso, cumplir con éxito una serie de pruebas y derrotar, destruir, al monstruo, al malvado y/o al antagonista. Me molestó siempre que las narraciones se centraran en este personaje individual, protagonista único, viril y guerrero, mientras dejaban en la sombra a quien espera en casa, quien sostiene el mientras tanto, quien se vuelve premio o consuelo de aquel cuyo poder destructor es aplaudido como salvador. Han vivido siempre entre nosotres formas heroicas que, aunque no las leamos ni las contemos como centrales ni destacables, son heroínas. Son actantes que pueden ser encarnadas por cualquier tipo de corporeidad, masculina o femenina, singular o plural, híbrida o comunitaria, animal, vegetal, inerte, elemental. Para ser heroína hace falta tener poderes como la memoria, la reproducción de seres y de cosas, la curiosidad, la alimentación, la supervivencia, la narración y el canto, la ronda, la poesía, la belleza, la reunión, la paciencia, la atención a los ciclos de vida-muerte-vida que nos dan continuidad, felicidad y crecimiento.

Los episodios de 1615 donde aparece Altisidora han sido leídos en clave paródica, hasta sádica, carnavalesca, dionisíaca, en línea con la derrota y la muerte final. Dulcinea, como motor del que nunca fue héroe, como musa, como amor cercano o lírico, se encuentra lejos y en un plano inalcanzable, casi olvidado, casi sostenido por costumbre, por obligación. La doncella de los Duques se impone con toda su carga corporal, erótica, festiva, vital, creativa. Monique Joly, en su trabajo sobre las alusiones (muchas) al vino y los bebedores en Cervantes, refiere citando a Américo Castro que a su vez cita a María Rosa Lida, un origen erasmiano para el nombre de Altisidora:

en el nombre de Altisidora, se advierte el eco del nombre de un vino - el vino de Auxerre, o Altissidorensse -mencionado por Erasmo en el preciso momento en que está denunciando la perversa costumbre de hacer pasar trocándole el nombre, un vino mediocre por otro de mejor calidad. (Joly)


Agustín Redondo, por su lado, parte en dos partículas lingüísticas el nombre que se da a sí misma la doncella:  “Alta” e “Isidora”, formando un apelativo redundante, híbrido, acumulativo, desviado, a la vez paródico y sagrado. Para “Alta” remarca Redondo la antítesis con la estatura declarada por ella misma “no pasaba de mediana” y con sus actitudes poco “majestuosas”. Para Isidora rastrea dos orígenes posibles a su vez: la línea de San Isidoro (en sus dos referencias) y la de Isis, la diosa egipcia conocida en Europa en el contexto cervantino por la circulación de El asno de oro de Apuleyo.

Lo que Redondo llama “indignitas” y “ambivalencia” como cualidades del bufón y la carnavalización y aplica a toda la aventura con Altisidora, al devenir objeto de diversión de DQ y Sancho, para un público lector de la primera parte y conocedor de su “locura”, me parecen excelentes condiciones para el despliegue de nuestra heroína tentacular. Ser bufón y ser loco no es menos heroico que ser caballero. Ser escudero, falso encima y de un falso caballero, no es menos heroico sino más. Estas vidas ensambladas, superpuestas, inestables, autoconstruidas a fuerza de deseo, son la carne, la sangre, la belleza y la memoria lírica de toda la comunidad que representan (y les admira a fuerza de mirarles, y les admira incluso cuando les ridiculiza y les usa para reírse, que nada hay más sanador y clarificante que la risa).

DQ no es caballero sino “caballero escuderil”, no tiene la dignidad del hidalgo sino la gracia del bufón. Pero es lo que él ha elegido, es la construcción de sí mismo y el precio que ha venido pagando durante ya dos novelas por su libertad. Libertad de palabra en particular señala Redondo, de palabra política disidente, de palabra ficcional con potencia de arte comprometido, de palabra poética subversiva, de palabra amorosa y entregada al sacrificio por causas justas, agregamos.

Escuchemos a Altisidora misma colocándose en el lugar que elige dentro de la circularidad física y lírica que estamos llamando “heroína”: 


-¡Oh, tú, que estás en tu lecho,

entre sábanas de holanda,

durmiendo a pierna tendida

de la noche a la mañana,

caballero el más valiente

que ha producido la Mancha,

más honesto y más bendito

que el oro fino de Arabia!

Oye a una triste doncella,

bien crecida y mal lograda,

que en la luz de tus dos soles

se siente abrasar el alma.

Tú buscas tus aventuras,

y ajenas desdichas hallas;

das las heridas, y niegas

el remedio de sanarlas.

Dime, valeroso joven,

que Dios prospere tus ansias,

si te criaste en la Libia,

o en las montañas de Jaca;

si sierpes te dieron leche;

si, a dicha, fueron tus amas

la aspereza de las selvas

y el horror de las montañas.

Muy bien puede Dulcinea,

doncella rolliza y sana,

preciarse de que ha rendido

a una tigre y fiera brava.

Por esto será famosa

desde Henares a Jarama,

desde el Tajo a Manzanares,

desde Pisuerga hasta Arlanza.

Trocáreme yo por ella,

y diera encima una saya

de las más gayadas mías,

que de oro le adornan franjas.

¡Oh, quién se viera en tus brazos,

o si no, junto a tu cama,

rascándote la cabeza

y matándote la caspa!

Mucho pido, y no soy digna

de merced tan señalada:

los pies quisiera traerte,

que a una humilde esto le basta.

¡Oh, qué de cofias te diera,

qué de escarpines de plata,

qué de calzas de damasco,

qué de herreruelos de holanda!

¡Qué de finísimas perlas,

cada cual como una agalla,

que, a no tener compañeras,

las solas fueran llamadas!

No mires de tu Tarpeya

este incendio que me abrasa,

Nerón manchego del mundo,

ni le avives con tu saña.

Niña soy, pulcela tierna,

mi edad de quince no pasa:

catorce tengo y tres meses,

te juro en Dios y en mi ánima.

No soy renca, ni soy coja,

ni tengo nada de manca;

los cabellos, como lirios,

que, en pie, por el suelo arrastran.

Y aunque es mi boca aguileña

y la nariz algo chata,

ser mis dientes de topacios

mi belleza al cielo ensalza.

Mi voz, ya ves, si me escuchas,

que a la que es más dulce iguala,

y soy de disposición

algo menos que mediana.

Estas y otras gracias mías,

son despojos de tu aljaba;

de esta casa soy doncella,

y Altisidora me llaman. (II, 44: 882-84)


Agustín Redondo, en el artículo ya citado, nos ayuda a leer las cualidades de Altisidora lejos de la figura de la dama épica y, para nosotres, cerca de la heroína disruptiva: 

…dejando de lado la evocación de los dientes de topacio de Altisidora, o sea amarillos, el detalle de la «nariz algo chata» (II, 44, p. 374) se relaciona con creencias muy bien representadas en el Siglo de Oro, según las cuales la nariz roma en la mujer era señal de lubricidad. Es lo que expresa a las claras el siguiente refrán: «Puta y chata, con lo segundo basta»33. De la misma manera, ese modo de enseñar la cabellera es particularmente negativo, pues la mujer que muestra sus cabellos al varón se ofrece descaradamente a él. De ahí que esta cabellera sea el atributo distintivo de la Madalena como pecadora34.


Lo que más nos importa es que, a pesar del rechazo que Don Quijote dice experimentar por los dichos y acciones de Altisidora, compone y canta con una vihuela que se hace traer, por única vez en todas sus aventuras, el siguiente romance en respuesta e identificación con el rol poético que están construyendo juntes:


-Suelen las fuerzas de amor

Sacar de quicio a las almas,

Tomando por instrumento

La ociosidad descuidada.

Suele el coser y el labrar,

Y el estar siempre ocupada,

Ser antídoto al veneno

De las amorosas ansias.

Las doncellas recogidas

Que aspiran a ser casadas,

La honestidad es la dote

Y voz de sus alabanzas.

Los andantes caballeros,

Y los que en la Corte andan,

Requiébranse con las libres;

Con las honestas se casan.

Hay amores de Levante,

Que entre huéspedes se tratan,

Que llegan presto al Poniente,

Porque en el partirse acaban.

El amor recién venido,

Que hoy llegó y se va mañana,

Las imágines no deja.

Bien impresas en el alma.

Pintura sobre pintura,

Ni se muestra, ni señala;

Y do hay primera belleza,

La segunda no hace baza.

Dulcinea del Toboso

Del alma en la tabla rasa

Tengo pintada de modo,

Que es imposible borrarla.

La firmeza en los amantes

Es la parte más preciada,

Por quien hace Amor milagros,

Y a si mesmo los levanta. (II, 46: 894-5)



Don Quijote ha devenido músico, compositor, poeta y cantor. Antes había compuesto versos a Dulcinea desde Sierra Morena pero no habían llegado a su destinataria ni a receptor alguno. Ahora, ante Dulcinea y en el teatral balcón, la performance artística se completa. Cuando pretende sostener el viejo modelo de caballero enamorado de la idea de Dulcinea, una lejanía no integrada, Altisidora le contesta: 

Todas estas malandanzas te suceden, empedernido caballero, por el pecado de tu dureza y pertinacia; y plega a Dios que se le olvide a Sancho tu escudero el azotarse, porque nunca salga de su encanto esta tan amada tuya Dulcinea, ni tú lo goces, ni llegues a tálamo con ella, a lo menos viviendo yo, que te adoro. ” (II, 46; 897)



Y cuando se cree que ella ha ocupado el típico lugar femenino de la muerta por abandono:

¿Pensáis por ventura, don vencido y don molido a palos, que yo me he muerto por vos? Todo lo que habéis visto esta noche ha sido fingido, que no soy yo mujer que por semejantes camellos había de dejar que me doliese un negro de la uña, cuanto más morirme» (II, 70; 1074).


Para Redondo: 

El tema de la resurrección de Altisidora está vinculado a una de las características de Isis: el dios Rá, conmovido por sus lamentaciones había resucitado a su marido y hermano Osiris que, en los infiernos, era a la vez rey y juez de los muertos (como Minos y Radamanto en el Quijote). Pero ella misma alcanzó después el poder de resucitar a los que habían fallecido.


Por otro lado, tal como recupera Clea Gerber en su artículo sobre la mala imitación y las resurrecciones infernales en el final del Quijote, apenas muere Don Alonso Quijano, bueno y humano, el escribano da testimonio de esta muerte como “definitiva” a fin de evitar plagios y malas versiones. Yo digo, versiones caballerescas, versiones que intenten reponer al caballero en el lugar indeseado de héroe o antihéroe: 


que el tal testimonio pedía para quitar la ocasión de que algún otro autor que Cide Hamete Benengeli le resucitase falsamente y hiciese inacabables historias de sus hazañas (II, 74: 1097).


Sin embargo esto no quita que el mismo Cide Hamete no tenga derecho a contar otras aventuras “verdaderas”, no “falsas” ni que, incluso Don Quijote de la Mancha, Rocinante, Sancho Panza, Rucio, Altisidora y toda partícula heroica incluída, puedan ser resucitadas mientras sea “verdaderamente” por quien “de verdad” les haya conocido y bien captado su relación indisoluble y por eso mismo, híbrida y sobrenatural con la cuerpa humana y mortal que se encuentra en ese momento en su lecho bajo el nombre de Alonso Quijano. Así la heroína de carne, sangre, risas, disfraces y transformaciones, queda no fijada sino sostenida más allá y más acá de la muerte, real, fingida, narrada, vivida en la letra y la palabra de narradores, historiadores, testigos, amigues, partes y todos de la heroína cíclica.

Don Quijote como personaje individual no salva a Altisidora de nada porque no es un otro sino un ella, no se sacrifica sino que renace engordado por ella, no reacciona a sus declaraciones sino que la escucha, le hace lugar, nunca la olvida y no nos deja olvidarla como queda demostrado en alusiones posteriores. Sancho se deja pinchar, abofetear, pellizcar por dueñas y criados, para revivirla igual que para desencantar a Dulcinea. Pero ese poder mágico de Sancho no es todo lo efectivo que se esperaría de un héroe, ni de un ayudante siquiera, ni de un objeto mágico común y corriente. Porque las carnes acardenaladas de Sancho, el idealismo de DQ, el amor de Altisidora, no funcionan por separado, no hacen más que fracasar, desacoplar y volver a buscar otra forma, aceptar y ejemplificar el ciclo heroico para toda heroína de la vida-muerte-vida, los círculos vitales que incluyen imperfecciones, derrotas, desvíos, reinicios, rizomas y rebrotes constantes.

Son DQ y Sancho una misma cuerpa heroica desde el principio. Son Altisidora y DQ una misma cuerpa dormida, enamorada, sufriente, deformada por la autoficción idealista a partir de estos capítulos que sabemos van hacia uno de los giros finales de, al menos por ahora, estas aventuras. Si Dulcinea era la dama motor, la musa del héroe tradicional e inicialmente deseado por Alonso Quijano, la aventura, la acción de poner su cuerpa en los caminos le ha enseñado que devenir heroico (heroína) requiere de menos idealismo, menos tradición amorosa letrada y más sangre, sudor, lágrimas, risas, pellizcos, cardenales y versos cantados y escuchados mientras se surcen las propias medias verdes. La inmovilidad misma de Don Quijote, lo que se ha leído en su accionar de estos últimos capítulos como derrota y entrega al retorno al hogar y al lecho de muerte, me parecen hoy su devenir heroína: su carne se funde con la de Sancho y la de Altisidora, juntes son la heroína que no muere, que se ensancha, que se transforma, se suicida, se composta y resucita diferente, recreándose y dándose a la recreación que otres puedan hacer a partir de ella. La carne del escudero tiene el don de devolver la vida y de hacer reír, la carne de Altisidora tiene el don de cantar, definir y amar lo imposible o ridículo de ser amado, lo que se sale de todos los cánones del amor y la belleza pero, por eso mismo, inspira amor. La cuerpa heroica que les tres forman amalgamedes es capaz de acardenalarse, de reproducir, exhibir y recordar las heridas, los golpes, las cicatrices, los versos y juegos verbales y físicos del amor y hacer con ello, por el solo hecho de soportarlos y sobrevivir (o resucitar), una cuerpa heroica, cuerpa de heroína.






Fuente:


Cervantes, Miguel de. (1999) El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha. Edición, introducción y notas de Martín Riquer. Madrid. Planeta.


Bibliografía:

Campbell, Joseph (1972). El héroe de las mil caras. Psicoanálisis del mito. México, Fondo de Cultura Económica. 


Gerber Clea (2016) “Cervantes contra la mala imitación”: Altisidora, Avellaneda y las resurrecciones infernales en el Quijote de 1615”. Disponible en : https://revistas.uns.edu.ar/csl/article/view/1353/841


Joly, M. (1990). Microlecturas: en torno a algunas referencias de Cervantes al vino. Nueva Revista de Filología Hispánica, 38(2), 901–915. http://www.jstor.org/stable/40299062


Redondo Agustín. “Fiestas burlescas en el palacio ducal: el episodio de Altisidora”. Disponible en: https://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/fiestas-burlescas-en-el-palacio-ducal-el-episodio-de-altisidora-0/html/00f71082-82b2-11df-acc7-002185ce6064_8.html



Se reproduce mi familia cisne en los patios y aulas de Azul






















 

27 de octubre de 2026

Cervantear en Azul en este octubre de 2026

 El hecho mismo de ya tener los pasajes de ida y vuelta, de tener vecina organizadora que me espera con estadía de regalo, la ponencia escrita e impresa, la valija pensada aunque todavía no armada, ya es magia para mí.

Fui a Azul durante 11 años seguidos pero estaba dentro de la carrera, me "llevaban" mis cumpas, armaba pieza, paseo y mesas con elles y mis profes. Mañana salgo sola y allá me encuentro con les que seguimos cervanteando. Mucha magia amorosa. 

Escribí sobre Altisidora. Creí que iba a ser sobre ella, que iba a pelar mi muslo cervantino. Después me fui para el lado de la heroína poeta y su autoconstruirse igual que DQ. En medio de las 8 páginas a leer vi la luz: la heroína no es ella, ni siquiera ella y Don Quijote sino la cuerpa múltiple formada por el hidalgo, Rocinante, Sancho Panza, Rucio, Altisidora, su vihuela y los dichos en verso y en voces populares que ponen en acción y escucha.

A la vuelta se las comparto por acá. En el título siguen dos de los cuatro versos tatuados en mis gambas: "No son renca ni soy coja/ ni tengo nada de manca".

31 de agosto de 2026

Y esta maravilla con mi profe de prácticos de Portuguesa y brasileña

 

Taller de lectura de narrativa latinoamericana contemporánea (Argentina, Brasil, Perú y México) (Virtual)

Dictado por: Adriana Kogan

El taller funciona como una vía de introducción a la literatura latinoamericana contemporánea. La propuesta es leer textos de diferentes géneros (cuentos, novelas, nouvelles, poemas y diarios) producidos en el siglo XX y el siglo XXI. Se da íntegramente en español y no se necesitan conocimientos previos.

El curso propone un recorrido no cronológico, donde a través de las distintas lecturas iremos produciendo un abordaje en torno a una serie de núcleos temáticos compartidos por diferentes producciones latinoamericanas contemporáneas que fomentan un diálogo continental:

-Diálogos con la tradición literaria (Kohan, Gallardo)
-Figuras autorales contemporáneas (Zelko, Aira)
-Escrituras queer (Wiener, Bellatin)
-Literaturas en diálogo con problemas filosóficos (Schweblin, Lispector, Noll)
-Lugares de enunciación marginales (De Jesús, Ferrez)
-Literatura y dictadura militar (Bruzzone).

Corpus de textos

Martin Kohan (arg) cuento "El amor"

Sara Gallardo (arg) novela Eisejuaz

Dani Zelko (arg) poemas de Reunión

Samanta Schweblin (arg) cuento "En la estepa"

Felix Bruzzone (arg) cuento "Sueño con medusas"

Cesar Aira (arg) nouvelle El llanto

Gabriela Wiener (perú) novela Huaco retrato

Mario Bellatin (mex) nouvelle Salón de belleza

Clarice Lispector (bra) cuento "Amor"

Ferrez (bra) novela Manual práctico del odio

Joao Gilberto Noll (bra) novela Lord

Carolina Maria de Jesus (bra) diario Cuarto de desechos

Adriana Kogan es Doctora en Letras por la Universidad de Buenos Aires, donde se desempeña como docente en la Cátedra de Literatura Brasileña. También es profesora de la carrera de Artes de la Escritura en la Universidad Nacional de las Artes y del Seminario de Literatura Brasileña de la Universidad Católica Argentina.
Fue becaria doctoral y posdoctoral de Conicet, realizó estadías de investigación en Brasil y publicó artículos en diversas revistas nacionales y extranjeras.
Coordinó el Área de Literatura de la Bienal de Arte Joven en el Centro Cultural Recoleta y trabajó como asesora de Jefatura de Gabinete en la Dirección General de Promoción del Libro, Bibliotecas y Cultura del Ministerio de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires, donde coordinó el programa Casa de la Escritura.
Publicó los libros El amor pasará montado en la escultura del camello (Pánico el Pánico, 2018), Tropel (Caleta Olivia, 2023) y La línea experimental. Arte, poesía y performance en Brasil (La gran Nilson, 2026).

Atendeme estos tres poetazos

 


Poesía argentina del siglo XX. Estrategias mistéricas: Ortiz – Bayley – Perlongher (tres poéticas de la insularidad, la invención y el desacato) (Virtual)

Dictado por: Mario Nosotti

¿Qué hilos invisibles conectan el murmullo fluvial de Juan L. Ortiz, la lucidez imaginativa de Edgar Bayley y el desacato neobarroso de Néstor Perlongher? Este taller propone un mapa de lectura a través de tres figuras fundamentales de la poesía argentina del siglo XX. Lejos de las clasificaciones estancas, el curso delinea un eje crítico donde la vanguardia, la excentricidad del autor y la militancia (estética y política) operan como formas de resistencia vital.
A través de doce encuentros, analizaremos cómo estos autores hicieron de la persistencia una ética. Entrecruzando vida, obra y archivo —rastreando sus viajes, exilios, amistades y disputas públicas—, revelaremos cómo la poesía es capaz de fundar una renovación perceptiva radical. Un trayecto para descubrir que, detrás de estéticas disímiles, late un mismo impulso mistérico: transformar la experiencia del mundo a través de la materia de la lengua.

Módulo 1: Juan L. Ortiz (clases 1 a 4)
Encuentro 1

El nacimiento de En el aura del sauce. Lo nuevo en la poesía de Ortiz. La construcción de la figura de autor.
Genealogía. La infancia en Villaguay. Regreso a Gualeguay. El viaje a Buenos Aires. El trabajo en el Registro Civil. Gerarda Irazusta. Los primeros poemas. 1920-1930: Periodo de tanteos. El contexto literario. Ni “poeta social” ni “poeta del paisaje”. Libros: Los libros de Gualeguay. Primeras reseñas y recepción crítica.

Encuentro 2
Militancia política. El poeta comunista. Poética de la atención. La contemplación como acción política. El paisaje: ¿Qué es el paisaje? El paisaje que mira. La textualización del litoral. Lo visible y lo invisible. El paisaje emocional.
El alejamiento de Gualeguay. La mudanza a Paraná. Primeros años. Ortiz colaborador del Diario (Paraná) y El Litoral (Sta. Fe). Prosas, traducciones. Ortiz conferencista.
Libros: El álamo y el viento, El aire conmovido, La mano infinita.

Encuentro 3
Poemas autobiográficos Lo biográfico y lo referencial en la poesía de Ortiz. La casa de los pájaros, A Villaguay, Gualeguay, A Prestes. Fulgores del paraje: experiencia (tiempo, territorio, subjetividad) en la poesía de Ortiz. La memoria afectiva. Cosmovisión orticiana.
La casa frente al parque Urquiza. El grupo de Santa Fe. El peregrinaje de a Paraná. Ortiz oral. El poema autobiográfico “Gualeguay”. El viaje a China.
Libros: La brisa profunda, El alma y las colinas, De las raíces y del cielo.

Encuentro 4
Recepción y herencia. Análisis de estilo: El despliegue de recursos en su “obra madura”. Un sistema, una clave (Helder). El lugar de Ortiz en la literatura argentina. Martín Prieto “En el aura del sauce en el centro de una historia de la poesía argentina”. Rumbo a En el aura del sauce. Avatares de la edición. El libro único. El Gualeguay, poema-río. Últimos años. El cuarto tomo.
Libros: El Gualeguay, La orilla que se abisma, El junco y la corriente.

Anexos: Cinética de Ortiz (los films documentales de José Gorasurreta, Marilyn Contardi y Gustavo Fontán) Borges *Las casas.

Módulo 2: Edgar Bayley (clases 5 a 8)

Encuentro 5
Genealogía familiar. Viaje a Brasil. Ruptura con el romanticismo. Surgimiento del Invencionismo. Arturo. El movimiento Arte Concreto. Los poemas invencionistas de Bayley.

Encuentro 6
El depto. de Lozza. Matilde. La vida en Ituzaingó. Poesía Buenos Aires. La década del cincuenta. Surrealismo –Invencionismo.
Libros: En común, La vigilia y el viaje

Encuentro 7
Los hermanos Maldonado. La década del sesenta. Zona de la poesía americana. Debate: Autonomía estética o compromiso político. La amistad con Francisco Madariaga.
Libros: Ni razón ni palabra, El día.

Encuentro 8
Décadas setenta y ochenta. Bayley ensayista: Realidad interna y función de la poesía, Estado de alerta y estado de inocencia. Amigos, viajes, veraneos y amores. El viaje a Estados Unidos. El departamento de la calle French. Últimos días.
Libros: Celebraciones, El Dr Pi, Nuevos poemas.

Módulo 3: Néstor Perlongher (clases 9 a 12)
Encuentro 9
La madre costurera. Las lecturas. Del joven de Avellaneda al militante del Frente de Liberación Homosexual. El Porteño. Cerdos y peces.
Libros: Austria-Hungría, Alambres.

Encuentro 10
El estallido del lenguaje. El concepto de "Neobarroso" en Alambres y el desacato a la lengua oficial. El exilio en San Pablo. El negocio del miché, Evita Vive Malvinas, el fantasma del SIDA. El viaje a Francia. La experiencia mística del Santo Daime.
Libros: Hule, Parque Lezama.

Encuentro 11
La estola fulgurante de Perlongher. Lúmpenes- peregrinaciones. Intervenciones y polémicas. Prosa Plebeya. Un barroco de trinchera. Recepción de su obra.
Libros: Aguas Aéreas, El chorreo de las iluminaciones.

Encuentro 12
Cruces finales: el hilo que une el murmullo alucinado de Ortiz, la connivencia de sombra y claridad en Bayley y el éxtasis barroco de Perlongher como éticas de la transformación y formas de anular la disyunción entre poesía y vida.

Mario Nosotti es poeta, crítico y editor, publicó cinco libros de poesía, el libro de notas críticas Sombras bajo la lámpara de aceite (Borde Perdido), los ensayos biográficos La casa de los pájaros -Notas sobre la vida y la obra de Juan L. Ortiz- (Universidad Nacional del Litoral), y La música vendrá (Gog & Magog), una biografía del poeta argentino Edgar Bayley. En 2023 se editó en España El paso de unas nubes (Liliputienses), una antología de su obra poética seleccionada por Mercedes Roffé. Dictó talleres de escritura y seminarios de literatura, fue docente en la Maestría de Escritura Creativa de la Universidad de Tres de Febrero, como periodista cultural colabora habitualmente con diversas publicaciones. Codirige la Colección de Poesía Estaciones (Miño & Dávila Editores) y lleva adelante el blog de crítica y poesía Música Rara.