Taller de lectura de narrativa latinoamericana contemporánea (Argentina, Brasil, Perú y México) (Virtual)
Dictado por: Adriana Kogan
El taller funciona como una vía de introducción a la literatura latinoamericana contemporánea. La propuesta es leer textos de diferentes géneros (cuentos, novelas, nouvelles, poemas y diarios) producidos en el siglo XX y el siglo XXI. Se da íntegramente en español y no se necesitan conocimientos previos.
El curso propone un recorrido no cronológico, donde a través de las distintas lecturas iremos produciendo un abordaje en torno a una serie de núcleos temáticos compartidos por diferentes producciones latinoamericanas contemporáneas que fomentan un diálogo continental:
-Diálogos con la tradición literaria (Kohan, Gallardo) -Figuras autorales contemporáneas (Zelko, Aira) -Escrituras queer (Wiener, Bellatin) -Literaturas en diálogo con problemas filosóficos (Schweblin, Lispector, Noll) -Lugares de enunciación marginales (De Jesús, Ferrez) -Literatura y dictadura militar (Bruzzone).
Corpus de textos
Martin Kohan (arg) cuento "El amor"
Sara Gallardo (arg) novela Eisejuaz
Dani Zelko (arg) poemas de Reunión
Samanta Schweblin (arg) cuento "En la estepa"
Felix Bruzzone (arg) cuento "Sueño con medusas"
Cesar Aira (arg) nouvelle El llanto
Gabriela Wiener (perú) novela Huaco retrato
Mario Bellatin (mex) nouvelle Salón de belleza
Clarice Lispector (bra) cuento "Amor"
Ferrez (bra) novela Manual práctico del odio
Joao Gilberto Noll (bra) novela Lord
Carolina Maria de Jesus (bra) diario Cuarto de desechos
Adriana Kogan es Doctora en Letras por la Universidad de Buenos Aires, donde se desempeña como docente en la Cátedra de Literatura Brasileña. También es profesora de la carrera de Artes de la Escritura en la Universidad Nacional de las Artes y del Seminario de Literatura Brasileña de la Universidad Católica Argentina. Fue becaria doctoral y posdoctoral de Conicet, realizó estadías de investigación en Brasil y publicó artículos en diversas revistas nacionales y extranjeras. Coordinó el Área de Literatura de la Bienal de Arte Joven en el Centro Cultural Recoleta y trabajó como asesora de Jefatura de Gabinete en la Dirección General de Promoción del Libro, Bibliotecas y Cultura del Ministerio de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires, donde coordinó el programa Casa de la Escritura. Publicó los libros El amor pasará montado en la escultura del camello (Pánico el Pánico, 2018), Tropel (Caleta Olivia, 2023) y La línea experimental. Arte, poesía y performance en Brasil (La gran Nilson, 2026).
Poesía argentina del siglo XX. Estrategias mistéricas: Ortiz – Bayley – Perlongher (tres poéticas de la insularidad, la invención y el desacato) (Virtual)
Dictado por: Mario Nosotti
¿Qué hilos invisibles conectan el murmullo fluvial de Juan L. Ortiz, la lucidez imaginativa de Edgar Bayley y el desacato neobarroso de Néstor Perlongher? Este taller propone un mapa de lectura a través de tres figuras fundamentales de la poesía argentina del siglo XX. Lejos de las clasificaciones estancas, el curso delinea un eje crítico donde la vanguardia, la excentricidad del autor y la militancia (estética y política) operan como formas de resistencia vital. A través de doce encuentros, analizaremos cómo estos autores hicieron de la persistencia una ética. Entrecruzando vida, obra y archivo —rastreando sus viajes, exilios, amistades y disputas públicas—, revelaremos cómo la poesía es capaz de fundar una renovación perceptiva radical. Un trayecto para descubrir que, detrás de estéticas disímiles, late un mismo impulso mistérico: transformar la experiencia del mundo a través de la materia de la lengua.
Módulo 1: Juan L. Ortiz (clases 1 a 4) Encuentro 1
El nacimiento de En el aura del sauce. Lo nuevo en la poesía de Ortiz. La construcción de la figura de autor. Genealogía. La infancia en Villaguay. Regreso a Gualeguay. El viaje a Buenos Aires. El trabajo en el Registro Civil. Gerarda Irazusta. Los primeros poemas. 1920-1930: Periodo de tanteos. El contexto literario. Ni “poeta social” ni “poeta del paisaje”. Libros: Los libros de Gualeguay. Primeras reseñas y recepción crítica.
Encuentro 2 Militancia política. El poeta comunista. Poética de la atención. La contemplación como acción política. El paisaje: ¿Qué es el paisaje? El paisaje que mira. La textualización del litoral. Lo visible y lo invisible. El paisaje emocional. El alejamiento de Gualeguay. La mudanza a Paraná. Primeros años. Ortiz colaborador del Diario (Paraná) y El Litoral (Sta. Fe). Prosas, traducciones. Ortiz conferencista. Libros: El álamo y el viento, El aire conmovido, La mano infinita.
Encuentro 3 Poemas autobiográficos Lo biográfico y lo referencial en la poesía de Ortiz. La casa de los pájaros, A Villaguay, Gualeguay, A Prestes. Fulgores del paraje: experiencia (tiempo, territorio, subjetividad) en la poesía de Ortiz. La memoria afectiva. Cosmovisión orticiana. La casa frente al parque Urquiza. El grupo de Santa Fe. El peregrinaje de a Paraná. Ortiz oral. El poema autobiográfico “Gualeguay”. El viaje a China. Libros: La brisa profunda, El alma y las colinas, De las raíces y del cielo.
Encuentro 4 Recepción y herencia. Análisis de estilo: El despliegue de recursos en su “obra madura”. Un sistema, una clave (Helder). El lugar de Ortiz en la literatura argentina. Martín Prieto “En el aura del sauce en el centro de una historia de la poesía argentina”. Rumbo a En el aura del sauce. Avatares de la edición. El libro único. El Gualeguay, poema-río. Últimos años. El cuarto tomo. Libros: El Gualeguay, La orilla que se abisma, El junco y la corriente.
Anexos: Cinética de Ortiz (los films documentales de José Gorasurreta, Marilyn Contardi y Gustavo Fontán) Borges *Las casas.
Módulo 2: Edgar Bayley (clases 5 a 8)
Encuentro 5 Genealogía familiar. Viaje a Brasil. Ruptura con el romanticismo. Surgimiento del Invencionismo. Arturo. El movimiento Arte Concreto. Los poemas invencionistas de Bayley.
Encuentro 6 El depto. de Lozza. Matilde. La vida en Ituzaingó. Poesía Buenos Aires. La década del cincuenta. Surrealismo –Invencionismo. Libros: En común, La vigilia y el viaje
Encuentro 7 Los hermanos Maldonado. La década del sesenta. Zona de la poesía americana. Debate: Autonomía estética o compromiso político. La amistad con Francisco Madariaga. Libros: Ni razón ni palabra, El día.
Encuentro 8 Décadas setenta y ochenta. Bayley ensayista: Realidad interna y función de la poesía, Estado de alerta y estado de inocencia. Amigos, viajes, veraneos y amores. El viaje a Estados Unidos. El departamento de la calle French. Últimos días. Libros: Celebraciones, El Dr Pi, Nuevos poemas.
Módulo 3: Néstor Perlongher (clases 9 a 12) Encuentro 9 La madre costurera. Las lecturas. Del joven de Avellaneda al militante del Frente de Liberación Homosexual. El Porteño. Cerdos y peces. Libros: Austria-Hungría, Alambres.
Encuentro 10 El estallido del lenguaje. El concepto de "Neobarroso" en Alambres y el desacato a la lengua oficial. El exilio en San Pablo. El negocio del miché, Evita Vive Malvinas, el fantasma del SIDA. El viaje a Francia. La experiencia mística del Santo Daime. Libros: Hule, Parque Lezama.
Encuentro 11 La estola fulgurante de Perlongher. Lúmpenes- peregrinaciones. Intervenciones y polémicas. Prosa Plebeya. Un barroco de trinchera. Recepción de su obra. Libros: Aguas Aéreas, El chorreo de las iluminaciones.
Encuentro 12 Cruces finales: el hilo que une el murmullo alucinado de Ortiz, la connivencia de sombra y claridad en Bayley y el éxtasis barroco de Perlongher como éticas de la transformación y formas de anular la disyunción entre poesía y vida.
Mario Nosotti es poeta, crítico y editor, publicó cinco libros de poesía, el libro de notas críticas Sombras bajo la lámpara de aceite (Borde Perdido), los ensayos biográficos La casa de los pájaros -Notas sobre la vida y la obra de Juan L. Ortiz- (Universidad Nacional del Litoral), y La música vendrá (Gog & Magog), una biografía del poeta argentino Edgar Bayley. En 2023 se editó en España El paso de unas nubes (Liliputienses), una antología de su obra poética seleccionada por Mercedes Roffé. Dictó talleres de escritura y seminarios de literatura, fue docente en la Maestría de Escritura Creativa de la Universidad de Tres de Febrero, como periodista cultural colabora habitualmente con diversas publicaciones. Codirige la Colección de Poesía Estaciones (Miño & Dávila Editores) y lleva adelante el blog de crítica y poesía Música Rara.
Los géneros literarios en la escritura de mujeres argentinas entre siglos (Virtual)
Dictado por: Julieta Correa y Sofía de la Vega
La literatura escrita por mujeres es difícil de encasillar. Este taller busca abrir los modos de leer el canon argentino a partir de un recorrido entre géneros por obras de algunas escritoras de los últimos 150 años.
Existe el supuesto de que las mujeres se han dedicado históricamente a lo que se llamó “literatura de intimidad”, haciendo foco en temas domésticos y algunos géneros específicos. Contra esta idea, proponemos una genealogía de escritoras que abordaron distintos temas y géneros literarios con maestría. Desde los más tradicionales, como la novela, el cuento, el ensayo y la poesía, hasta géneros antes considerados menores como la crónica, el diario, la correspondencia, entre otros. Profundizaremos en cada uno de esos géneros tomando varios ejemplos de obras desde fines del siglo XIX al comienzo del siglo XXI.
Para esto realizamos una selección representativa pero personal de autoras que funciona como una caja de resonancia de lo que se lee y escribe hoy. Leeremos fragmentos de textos consagrados y menos conocidos de distintas épocas de autoras como: Juana Manso, Mariquita Sánchez de Thompson, Eduarda Mansilla, Juana Manuela Gorriti, Libertad Demitrópulos, Elvira Orphée, Silvina Ocampo, Sara Gallardo, Silvina Bullrich, Emma Barrandeguy, Victoria Ocampo, Norah Lange, Olga Orozco, María Angélica Bustos, Alfonsina Storni, Angélica Gorodischer, Silvia Molloy, María Moreno y Hebe Uhart. Para complementar y ayudar a conceptualizar estas lecturas, también compartiremos material teórico de autoras como Josefina Ludmer, Betina González, Nora Domínguez, Carmen Perrilli, Tununa Mercado.
Algunas obras seleccionadas: Intimidad y política de Mariquita Sánchez de Thompson Recuerdo de viaje de Eduarda Mansilla Cocina ecléctica de Juana Manuela Gorriti El río de las congojas de Libertad Demitrópulos El país del humo de Sara Gallardo Autobiografía III de Victoria Ocampo Recuerdo de infancia de Norah Lange Trafalgar de Angélica Gorodischer
Sofía de la Vega (San Miguel de Tucumán, 1993). Estudió Letras en la Universidad Nacional de Tucumán y es investigadora doctoral. Es organizadora del Festival Internacional de Literatura Tucumán (FILT). Publicó los libros de poesía: Blancas y plateadas (Ediciones Neutrinos, 2018), La idea es vivir cerca pero no encima (Ediciones Liliputienses, 2019) y Los ángeles son vacas (Nebliplateada, 2025); y el libro de cuentos De los potrillos nacen ríos(Alfaguara, 2025). Fue ganadora del Premio Estímulo "Todos los tiempos el tiempo" por la categoría Narrativa en 2024.
Julieta Correa nació en Buenos Aires en enero de 1989. Trabaja en Librería Mastronardi (librería jardín en Zapiola, partido de Lobos, Bs As) y es parte del equipo de comunicación del Malba. En 2024 publicó la novela ¿Por qué son tan lindos los caballos? en la editorial Rosa Iceberg.
Mediante este taller se busca acercar a los participantes a la cosmovisión mapuche. En qué consiste el sentido del ser como parte de la naturaleza en un tiempo circular y no lineal como el occidental. El significado de la palabra mapuche abarca un pensamiento, una forma de ver la vida para entender quiénes somos. Una invitación para conocer desde adentro lo que en mapuche llamamos el Nuxám (Nutrám), la transmisión oral del conocimiento como herramienta fundamental para el entendimiento de la naturaleza. Fundamentación 1-El concepto de la vida En la cosmovisión mapuche hay un gran sentido del ser como parte de la naturaleza en un tiempo circular y no lineal como el occidental. El significado de la palabra mapuche abarca un pensamiento, una forma de ver la vida para entender quiénes somos, de dónde venimos y para qué estamos hoy aquí. 2 Ceremonias mapuche Según la época del año, los mapuche llevan adelante varias ceremonias, en armonía con la naturaleza y para celebrar las etapas de crecimiento.
3 Simbología del arte mapuche Desde la conocida guarda pampa hasta los colores de la bandera, los tejidos y la platería mapuche guardan un significado profundo sobre la cultura que merece ser transmitido. 4 Simbología de la muerte. Dado que la vida es cíclica, los mapuche creen en distintas dimensiones después de la muerte, donde mediante ceremonias y lugares de entierro, se rinde homenaje a los difuntos. 5 La medicina mapuche Las machi, son dentro de la comunidad las poseedoras del conocimiento de la sanación, tanto física como espiritualmente; así mismo, la transmisión del conocimiento de la medicina natural es aprendida desde la primera infancia a todos sus miembros. La otra dimensión de los pueblos originarios dentro del ser.
6 La transmisión oral de los relatos La importancia de la palabra como herramienta para luchar contra el olvido. Los epew, cuentos, leyendas o nüxang relatos transmitidos de boca en boca enseñan los valores de una cultura intacta.
7 La vida en comunidad En la actualidad las comunidades mapuche han logrado ser reconocidas como tales con derecho a vivir dentro de su territorio. Cómo se conforma y cuál es el rol de cada integrante.
8 Hombres y mujeres que participaron en la defensa de su territorio, y muchos sobrevivieron para contarlo y transmitirlo de generación en generación. 9 Resguardar la cultura a través del canto El canto mapuche es un contacto directo con la naturaleza. Se cantan los sonidos de los elementos naturales a capela o con instrumentos musicales. Cuál es el lugar de la música originaria en el contexto actual.
10 transmisión de la cultura en escuelas. En base a las experiencias de distintos referentes, se brindan herramientas para generar el debate sobre la historia, en ámbitos escolares. 11 Los mapuche en la literatura. Un modo de conocer a escritores que, a través de la oralidad, utilizaron la escritura para contar sus luchas, tanto en la urbanidad como en la vida comunitaria, reivindicando su origen ancestral a través del ensayo, la poesía o la narración. 12 Historia y racismo
Carina Carriqueo nació en 1980 en San Carlos de Bariloche. Es cantora, escritora, activista cultural. Publicó el libro de relatos: Cuando el lago esté quieto, por Editorial Carminalusis. Junto a Beatriz Re publicó Kaskawilla, un libro infantil con poemas bilingües, musicalizados y con lenguaje de señas. Participó de la antología Lenguas Vivas, publicado por PEN internacional. Participó de la bienal de poesía experimental: Posverso, realizada en Junín, "Veinticuatro tejidos para leer sintiendo". Publica artículos en distintos medios provinciales y nacionales sobre Primeras Naciones. Sus artículos y poemas se han traducido al alemán y al japonés para la revista Nightland. Integra el Centro de Estudios sobre Pueblos Originarios de la Biblioteca Nacional Mariano Moreno.
Esta semana sale la pre-venta de la primera antología que edito con Laura Ponce para Ediciones Ayarmanot y La máquina de hacer ping. La de los futuros feministas, la que convocamos en diciembre y estamos disfrutando desde entonces entre ediciones, correcciones y autoparodias de machirulaje y feministómetros.
Después, el año que viene, quiero seguir con la ola de convocatorias y antologías. Laura casi me aceptó una sobre monstrues latinoamericanes. Estoy metiendo leña para el carbón a la de artículos de crítica sobre narrativas CF y fantásticas. Yo digo que hay escritores, críticos, lectores opinantes como para armar libro y que, además, hay un público que comprará y leerá tal futuro libro teórico. ¿O no? Es necesario...
El surgimiento de la literatura argentina coincide con el inicio de un proyecto civilizador que descansó en la invención de cuatro tecnologías: el fusil Remington Patria, el telégrafo, el alambre de púas y la picana. ¿Cuál es, entonces, el vínculo entre civilización, barbarie y tecnología? ¿Cómo ha representado la literatura su relación? Sobre estos cuestionamientos indaga el escritor e investigador argentino Michel Nieva en la conferencia que presentamos a continuación; una charla dictada el 20 de agosto de 2016 en la Casa del Escritor de Rafaela, en Santa Fe, Argentina y que ha sido recientemente publicada en Tecnología y barbarie. Ocho ensayos sobre monos, virus, bacterias, escritura no-humana y ciencia ficción de Michel Nieva (Anagrama, 2024).
Hay en nuestro tiempo un tipo de equívoco lingüístico que nadie que tenga celular no ha padecido alguna vez, y es el que producen los correctores ortográficos, que muchas veces, aunque parezca un problema menor sin mayor importancia, puede llevar a grandes confusiones. En mi caso, podría contar muchos, pero voy a referir uno que me ocurrió en la misma época en la que fui generosamente invitado a dar esta conferencia. Hacía unos meses que estaba escribiendo con un amigo un artículo sobre el escritor cordobés Jorge Baron Biza. Discutíamos los pormenores del artículo por mensajes de texto, pero mi autocorrector, cada vez que ponía Jorge Baron Biza, que se escribe con dos bes, lo tomaba como un error y corregía "Jorge, el varón en Ibiza”, varón, con v, y en Ibiza, la isla española del Mediterráneo. Por más que intentara cambiarlo y corregirlo, la aplicación del celular se empecinaba en cambiar el nombre de Jorge Baron Biza y dejar, como si fuera el apodo de un personaje de telenovela, “Jorge, el varón en Ibiza”. Quería contar esta anécdota, este equívoco, porque cuando me detuve a analizarlo, me llevó a pensar en dos motivos de la obra de Sarmiento. En primer lugar, en su faceta de pedagogo y educador, ya que en su ensayo Memoria sobre ortografía americana, de 1843, el expresidente argentino propone que, para facilitar la enseñanza del castellano, se debía eliminar la diferencia entre las letras v y b, de manera que no habría forma de diferenciar, por ejemplo, la escritura de varón con v, que significa "hombre”, de la de barón con b, que es un título nobiliario y que también está en el apellido de Jorge Baron Biza, a quien mi corrector prefería rebautizar como "Jorge, el varón en Ibiza”. El segundo motivo que me llevó a pensar en Sarmiento, tal vez el más problemático, y el que da pie a esta conferencia, es qué lugar ocupa uno de los grandes temas de nuestro tiempo, la tecnología, en su ya legendaria oposición entre civilización y barbarie, ya que una aplicación como un corrector ortográfico de celular, que indudablemente Sarmiento hubiera colocado del lado de lo civilizado, y que supuestamente fue diseñado para enmendar erratas de escritura, produce de manera inevitable y paradójica lo contrario de lo que quiere rectificar: la barbarie y el error.
Esta ambigüedad paradójica de la tecnología, lugar de fricción entre la civilización y la barbarie, no me parece un tema menor, ya que creo que es el problema mismo con el que nace nuestra literatura. La literatura argentina, en efecto, surge en el marco del proyecto civilizador de construir un país agroexportador, proyecto en el que, podríamos decir, fundamentalmente cuatro dispositivos tecnológicos y novedosos para la época ocuparon un lugar decisivo: el fusil Remington Patria, el telégrafo, el alambre de púas y la picana. En cuanto al Remington, las fuentes divergen sobre quién lo introdujo, si Sarmiento o el general entrerriano Ricardo López Jordán, pero lo cierto es que la importación en 1879 de más de setenta y cinco mil fusiles revolucionó por completo las posibilidades del arte militar y el desenlace del conflicto con los indios. Previo al Remington, el ejército argentino usaba el fusil a chispa o de pistón, que contaba con un solo disparo de corto alcance, sumado al defecto de que producía una enorme cantidad de humo en el momento de la detonación. Esto permitía a los indios identificar al tirador y matarlo, hecho a partir del cual se acuñó y popularizó la locución verbal que todavía hoy se utiliza: “írsele al humo” a alguien.
FIGURA 1: Publicidad de E. Remington & Sons del fusil Remington Patria (1879), también conocido en Argentina como el Mataindios
El Remington, en cambio, podía practicar seis tiros por minuto en un rango de mil metros, mejora técnica que volvió la pelea contra el indio completamente desigual. A esto se sumaba, además, la logística y la comunicación que facilitaba el telégrafo entre los distintos regimientos. Terminada entonces de manera exitosa la Campaña del Desierto gracias al Remington y al telégrafo, eliminado el enemigo y su manera móvil y nómada de existencia, se requería, en el marco de este proyecto civilizador agroexportador con el que nacía la literatura argentina, cercar las nuevas extensiones vacías de tierra, y así convertirlas en propiedades privadas y en recursos útiles. Esta necesidad fue contemporánea a la invención en el Oeste norteamericano del alambre de púas. La enorme extensión ganada a los indios explica que, a fines del siglo XIX, Argentina se volviera el mayor importador del mundo de alambre de púas. Entre 1878 y 1904 compró la increíble suma de 1.800 millones de kilos, cantidad que hubiera alcanzado, calcula Noel Sbarra en su Historia del alambrado en Argentina, para alambrar 140 veces todo el perímetro del país y 47 veces la circunferencia del planeta Tierra. Es notable que, al mismo tiempo que la literatura creaba la figura del gaucho y exaltaba su cabalgar indefinido por la llanura (la ida y la vuelta del Martín Fierro son, respectivamente, de 1872 y 1879), el alambre de púas terminara para siempre con esta forma de vida.
FIGURA 2: Aviso de la fábrica de alambre de púas Creusot, publicado en el periódico El Estanciero en octubre de 1882.
En Las víboras, obra de teatro ya de 1916 del dramaturgo Rodolfo González Pacheco, un gaucho se lamenta:
¡Qué curioso! Un alambre, un hilo ¡un hilo! Ha bastado un hilo de alambre para matar el lirismo de esta tierra ¿No le parece a usted, Padre, que ahora el gaucho tiene la tristeza de un bicho enjaulado?
FIGURA 3: Paisano arreglando el alambrado (1961), dibujo de Eleodoro Marenco.
Un hecho que no ha sido todavía debidamente estudiado es de qué manera el alambre de púas afectó al otro bicho enjaulado de la pampa, el ganado vacuno. Se sabe que las vacas, como los gatos, disfrutan de frotarse contra las cosas. Un comunicado de la Sociedad Rural de 1880 afirma que “el alambre de púas es el medio más seguro y económico de mantener los cercos en buen estado, pues acostumbran los ganados a respetarlos, quitándoseles el hábito de restregarse contra ellos”. Pero la realidad fue que las vacas, ignorando el daño que les producían las púas del alambre, se frotaban contra ellas. Esto dañaba sus cueros y producía pérdidas millonarias, además de que las lastimaduras se infectaban y llenaban de gusanos. Las vacas, si llegaban con su lengua a la herida, intentaban limpiarla a lengüetazos, hecho que hacía brotar gusanos de sus bocas y de sus encías. Proliferaron en esa época los odontólogos de vacas, y quedan algunos testimonios de peones que, como no había ninguna medicina para este mal endémico, debían meter la mano en la boca de las vacas y sacar kilos y kilos de gusanos. La solución que encontraron los chacareros a este problema, ya entrado el siglo XX, fue la introducción de la picana eléctrica, que disciplinaba y controlaba el movimiento del ganado.
Así se instituyeron los cuatro dispositivos tecnológicos, los cuatro pilares de la civilización que fundaron el programa político y económico de Argentina, y que a su vez ocasionaron los crímenes más cruentos de nuestra historia. Si el fusil Remington Patria y el telégrafo perpetraron de manera inmediata el genocidio indígena, hubo que esperar cien años para que el alambre de púas y la picana eléctrica replicaran el modelo de la matanza de vacas en la desaparición y tortura de más de treinta mil personas durante la última dictadura militar.
La literatura argentina entonces nace y es recorrida por este nudo problemático, la idea de que la tecnología es la frontera entre la civilización y la barbarie, su punto exacto de unión, de fricción y de cruce. Diríamos que, paradójicamente, la tecnología está más cerca del indio que del blanco, ya que es nómada, no se deja encasillar ni como civilizada ni como bárbara, y al mismo tiempo es ambas. Parafraseando a Goya, la tecnología nos permite afirmar que el sueño de la civilización engendra barbarie.
Este tema, el progreso tecnológico como degradación de la vida, es también el núcleo del género literario llamado “cyberpunk”. Y hay que decir que la literatura argentina nace con otros dos motivos típicos del cyberpunk. Por un lado, el de la distopía, expresado en la descripción geográfica de la pampa como un “desierto”, una vasta llanura postapocalíptica en la que no hay nada ni nadie, la cual Martínez Estrada define incierta, vaporosa, yerma, un páramo en el que solo florecen el peligro y la muerte, que solo despierta la tristeza y la angustia, y que no puede ser el hogar de nada ni de nadie. Por otro lado, el motivo cyberpunk del androide, expresado en las figuras del “indio”, de la “india”, del “gaucho” y de la “china”, criaturas que valen menos que un humano, y cuyo asesinato no constituye un homicidio. Estos androides nómadas son la alteridad radical que habita el “desierto”, improductivos en un sentido económico, racialmente diferentes en un sentido científico, abyectos en términos estéticos. El teórico marxista Fredric Jameson afirma que la noción de distopía describe menos el futuro de una sociedad que los modos de producción económicos del presente. En ese sentido, de acuerdo con el proyecto civilizador agroexportador, la forma en la que indios y gauchos habitaban la tierra era una pesadilla horripilante, un desperdicio inconcebible de esas vastas llanuras. Donde mejor se ve esto, creo, es en la descripción que hace Sarmiento del gaucho malo. El gaucho malo, cuenta Sarmiento, si tiene hambre y está tentado de comer lengua de vaca, se roba una vaca, le corta la lengua, se la come y deja que el resto de la vaca se muera desangrada y se pudra. Esto, en una lógica capitalista en la que se aprovechan hasta las flatulencias de la vaca para producir gas butano, es un escándalo, un desperdicio inadmisible.
FIGURA 4: Piedra de los baños del Zonda (San Juan), en la que Sarmiento habría inscrito la frase-jeroglífico: “On ne tue point les idées”.
La noción de “distopía” atraviesa toda la literatura argentina y está íntimamente ligada a la idea de lo intraducible, del miedo que produce un código o un mensaje que no se puede entender, y que inspira inmediatamente la paranoia y la sospecha. El primer y famoso ejemplo es la inscripción que Sarmiento deja en francés en las piedras del Zonda: "On ne tue point les idées”, y que los federales, que ignoraban el francés, toman por un complejo jeroglífico que esconde un plan maquiavélico contra Rosas. No sería irrelevante recordar aquí que en griego βάρβαρος (bárbaros) significa "el que no sabe un idioma, el que no lo puede entender ni hablar”. Con la masiva llegada a Buenos Aires en el siglo XX de los inmigrantes que Lugones llamó "plebe ultramarina”, este problema retorna: ¿qué traman contra nosotros esos rusos, esos italianos, qué siniestro plan se esconde tras esa jerga incomprensible que malignamente balbucean? Donde mejor se advierte la conexión de la paranoia con la noción de distopía es en Los siete locos y Los lanzallamas. Básicamente, estas novelas de Roberto Arlt proponen la sospecha paranoica de que no podemos saber a ciencia cierta si en este preciso momento, en una casona cualquiera del conurbano bonaerense, un grupete de inmigrantes se encuentra urdiendo un atentado contra civiles inocentes (recordemos que el Rufián Melancólico es alemán, que Bromberg es ruso y que el Astrólogo y Remo Erdosain descendían de italianos). El dispositivo tecnológico que en este caso enlaza a la civilización con la barbarie es el fosgeno, gas tóxico inventado por un químico inglés en 1817 como pesticida, y que Remo Erdosain planea usar para matar la mayor cantidad de civiles de la manera más económica y efectiva posible. El móvil de esta matanza que planean los siete locos es debilitar al gobierno, derrocarlo y fundar una nueva sociedad cuyo carácter distópico resulta bastante claro: un sistema de gobierno que sentaría las bases de su economía en la prostitución de mujeres y de niños. Si retomamos la idea de Jameson de que las distopías pintan menos el futuro que los modos de producción económicos del presente, podríamos pensar que la propuesta antiutópica de Los siete locos es que no hay ninguna diferencia entre la explotación encarnizada que sufren peones, obrerxs, oficinistas, y el trabajo diario de una prostituta. Terminemos con los eufemismos y las metáforas, diría el Astrólogo: el capital nos coje a todxs por igual, y ninguna alternativa a este sistema abolirá jamás ni el embrutecimiento del trabajo ni la explotación del hombre y de la mujer por el hombre. En esta propuesta antiutópica de Los siete locos se anticipa por cincuenta años la caída del Muro de Berlín, la muerte de las ideologías y el fin de la historia. Los siete locos y Los lanzallamas abren así una línea de distopía paranoica en la que se inscriben muchas de las mayores novelas de la literatura argentina. Un notable ejemplo aún no debidamente reconocido es Tadeys, de Osvaldo Lamborghini. En esta novela póstuma se retrata un régimen despótico-sádico en el que la economía, en vez de basarse en la exportación de carne de vaca, se basa en la exportación de carne de tadey, un extraño simio que solo habita en una región del vasto imperio en el que transcurre la historia. El tadey cifra por un lado el tema de la prostitución de Los siete locos, ya que el inmenso tamaño de sus genitales hace que tu ristas de todo el mundo contraten sus servicios sexuales, y, a su vez, el tadey encarna la idea del androide como cuerpo cuyo asesinato o explotación no constituye un crimen, un cuerpo no-humano que cifra al gaucho, a la china, al indio, y podríamos agregar también al cabecita negra y al desaparecido. El tadey es el sueño del capitalismo, es la fantasía de una mercancía pura, un animal que solo sirve para ser comido o cojido, y nada más. Otra consigna cyberpunk presente en Tadeys y que emana de todas las novelas distópicas herederas de Los lanzallamas y Los siete locos es la experiencia de la política como delirio, la idea de que la política argentina es tan bizarra e impredecible que basta describirla sin agregados para componer una historia de alto tenor surrealista con su respectiva dosis de terror. Esto se aprecia también en las novelas de César Aira de la década de los noventa, tal vez las más interesantes de toda su producción. En Embalse, por ejemplo, una liebre mutante propicia que la Argentina se vuelva una provincia de la Unión Soviética; en La guerra de los gimnasios se desata la primera guerra mundial de gimnasios dentro de una villa miseria; en El congreso de literatura, un científico loco quiere clonar al escritor mexicano Carlos Fuentes para conquistar el mundo. Pero no me parece irrelevante rastrear el origen de esta línea distópica delirante en un libro, nuevamente, de Sarmiento, de 1850, titulado Argirópolis. Allí el expresidente argentino propone "ceder” la Patagonia y el Norte a las comunidades indígenas que efectivamente las ocupaban y fundar junto a Uruguay y Paraguay un nuevo país, que habría de llevar el sugestivo nombre de Estados Unidos de Sudamérica. Sarmiento además imagina que la capital de Estados Unidos de Sudamérica debiera ser la isla Martín García, a partir del dudoso razonamiento de que como esa isla está, al igual que Venecia, surcada por riachos y lagos, esta similitud geográfica, a la larga o a la corta, nos haría adquirir a los estadounidenses del Sur la idiosincrasia veneciana. Fantasea Sarmiento en Argirópolis:
¡Qué cambio en las ideas y las costumbres, si en lugar de caballos fuesen necesarios botes para pasearse los jóvenes; si en vez de domar potros el pueblo tuviese allí que someter con el remo olas alborotadas; si en lugar de paja y tierra para improvisarse una cabaña se viese obligado a cortar escuadra el granito! ¡El pueblo educado en esta escuela sería una pepinera de navegantes intrépidos, de industriales laboriosos, de hombres desenvueltos y familiarizados con todos los usos y medios de acción que hacen a los norteamericanos tan superiores a los pueblos del Sur!
Uno a primera vista diría que frente a este esbozo de programa político, que increíblemente Sarmiento propuso con toda la seriedad del mundo (recordemos que, pocos años después, llegaría a ser presidente), los delirios de Aira, Arlt, Copi, Laiseca, Cabezón Cámara o Lamborghini parecen una pueril broma escolar. Pero la realidad es que Argirópolis, de manera retrospectiva, funda la línea cyberpunk en la que todos esos autores y autoras se inscriben, la de la imaginación distópica, la del delirio de la política y la de la política del delirio, que se continúa en Los siete locos, en Los Lanzallamas, en La Internacional Argentina, en Los Sorias, en La Virgen Cabeza, en Tadeys y también en Borges, autor del que ahora pasaré a hablar.
FIGURA 5: En blanco, mapa de Estados Unidos de Sudamérica, país que Sarmiento pretendía fundar con capital en la isla Martín García, rebautizada como Argirópolis.
Borges es uno de los más secretos epígonos de Arlt, y uno de los autores que mejor modula en el siglo XX el problema de la tecnología como punto de cruce entre la civilización y la barbarie. Su originalidad fue haber convertido el binomio “civilización-barbarie”, en apariencia excesivamente provinciano o demasiado circunscrito al ámbito latinoamericano, en una cuestión universal. Borges reelabora este problema a partir de la crítica al sueño de la Ilustración europea, que pretendía sistematizar la totalidad del conocimiento en un perfecto sistema de rigor enciclopédico, ya que cualquier taxonomía, por más perfecta que parezca, conduce inevitablemente a baches, a ambigüedades, a paradojas irresolubles y a la revelación de que la totalidad solo es gobernada por el azar y el caos. Borges brinda numerosos ejemplos de dispositivos tecnológicos que producen este efecto, como la máquina de pensar de Raimundo Lulio, un enorme disco de anillos concéntricos que, mediante la "aplicación metódica del azar”, sería capaz de responder por combinatoria a cualquier pregunta, pero que en la práctica engendra una incontrolable cantidad de enunciados incomprensibles, absurdos, tautológicos. La gloria es gloriosamente gloriosa; la verdad es verdaderamente verdadera; la bondad es bondadosamente buena. El cuento "La biblioteca de Babel” es la versión pesadillesca de esta máquina, la historia distópica de un depósito colosal que alberga por combinatoria alfabético-matemática todos los libros infinitamente posibles. Cualquier manotazo caótico de un bebé en un teclado ya es una cita textual de un ejemplar de la biblioteca de Babel. En este cuento reaparece la cuestión del jeroglífico que ya habíamos comentado en las inscripciones de Sarmiento en las piedras del Zonda, ya que si la biblioteca contiene millones de volúmenes completamente ilegibles, no estamos a salvo de la sospecha paranoica de que alguno de ellos encripte bajo una escritura secreta un programa político de subversión. Este tipo de sospecha distópica, heredada de Arlt, se repite permanentemente en Borges, y tiene su arquetipo en la enciclopedia, dispositivo tecnológico que, al conferir un orden aparente a la totalidad del universo, despierta la sospecha de que haya excluido algo, siempre con fines siniestros, y sin que nunca podamos descubrirlo. El cuento que mejor expresa este problema es “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius”. Toda la intriga parte de un artículo de enciclopedia que falta en el tomo XXVI de la Anglo-American Cyclopaedia, el tomo dedicado a Ukbar. A raíz de esa arbitraria ausencia, que es su arbitrario agregado en otra edición apócrifa, se detona la sospecha distópica de la existencia de una “sociedad secreta de astrónomos, de biólogos, de ingenieros, de metafísicos, de poetas, de químicos, de algebristas, de moralistas, de pintores, de geómetras” que urde un universo paralelo con sus propias reglas, cósmicas y físicas. En la idea del comité delirante que planea una especie de antiutopía absurda (que el narrador evalúa no menos inverosímil que el comunismo o que el nazismo) volvemos a reconocer los ecos de la influencia decisiva y no siempre reconocida de Los siete locos en la obra borgeana. Y también volvemos a advertir el tópico del jeroglífico, ya que esta sociedad inventa nuevos idiomas con los que escribe nuevas enciclopedias y con los que quizá proponga (no tenemos forma de saberlo porque son indescifrables) manifiestos subversivos contra nuestros regímenes políticos. Esta sospecha de una conspiración, sin embargo, se viene a confirmar cuando el narrador encuentra cerca del río Tacuarembó un inconcebible objeto de Tlön.
“La lotería en Babilonia” es tal vez el cuento más cyberpunk de Borges: una inquietante multinacional llamada "la Compañía” controla hasta el último pormenor de la vida de sus súbditos mediante la aplicación metódica del azar, el sistema más igualitario posible y al mismo tiempo el más siniestro y arbitrario de todos. El dispositivo tecnológico de la lotería hace de puente entre civilización y barbarie, ya que la perfectamente planificada ausencia de errores y caprichos humanos en este sistema de gobierno al mismo tiempo permite que una persona puede ser asesinada solo por el dictamen de una bolilla de lotería. El cuento no escatima homenajes a las dos fuentes que lo inspiran: hay en Babilonia una letrina sagrada llamada Qaphqa, y los agentes de la Compañía son astrólogos, oficio que también practica el líder de la sociedad secreta de las novelas de Roberto Arlt. La conexión con el motivo de la política argentina como un delirio impredecible que tanto se repite en las distopías de nuestra literatura se sugiere en una de las más famosas frases del narrador, que dice: “Soy de un país vertiginoso, donde la lotería es parte principal de la realidad”.
Para terminar con Borges, quisiera recordar una conversación en homenaje a los treinta años de su muerte que armó el (en ese entonces todavía) Ministerio de Cultura macrista, entre la legendaria ensayista Beatriz Sarlo y Juli Ferraro, una joven booktuber. Esta charla fue un paradigmático ejemplo de dos formas de entender la literatura. Una vetusta, plomiza, que festejan políticos y conductores de televisión cuando promueven campañas de lectura, y otra que en su ingenua jovialidad cuestiona esa Cultura con mayúscula, acartonada, y la conecta con problemas del presente. Dice en la entrevista de 2016 Juli Ferraro, que no tendría más de diecisiete años, que el aleph es un "aparatito”. Sarlo, horrorizada y con tono paternalista, le responde, como si fuera la representante en la tierra del sentido oficial de la obra de Borges, que el aleph no es un aparatito, que el Dios del que ella es Sumo Pontífice jamás pensó el aleph como un aparatito, y que Borges, en suma, no es un autor de ciencia ficción. A pesar de la advertencia de Sarlo, sin embargo, la filiación que la booktuber Juli Ferraro propone para Borges está en consonancia con las lecturas que en otros países, menos sofocados por la sombra marmórea de tenerlo por padre fundador de su literatura, vienen haciendo. Recordemos, por poner unos pocos ejemplos, que en 2007 salió en Estados Unidos una edición conmemorativa de su más famosa antología de cuentos en inglés, Labyrinths, con prólogo de William Gibson, el fundador del cyberpunk, y que ese mismo año, 2016, el cuento "Tlön, Uqbar, Orbis Tertius” recibió un Premio Hugo honorífico, una especie de Premio Nobel de la ciencia ficción. En esta misma línea, el genial escritor chileno Sergio Meier compuso un homenaje steampunk a Borges en su novela La segunda enciclopedia de Tlön. Pese a la dogmática terquedad de Sarlo, entonces, la consideración del aleph como un aparatito no podría ser más pertinente, y nos interesa en el marco de este ensayo no solo porque, en su forma diminutiva, es síntoma del íntimo vínculo afectivo que contemporáneamente se entabla con los dispositivos tecnológicos, sino porque conecta a Borges con el tema más importante de nuestra literatura, el de la tecnología como frontera, punto de fricción y de cruce. Y, en efecto, el aleph es un aparatito que devela que la reunión del todo, sueño de la civilizada Ilustración, solo puede hacerse en un punto de caos, que a su vez se incluye a sí mismo en una interminable regresión al infinito. Esta misma paradoja aparece en todos los aparatitos de la obra borgeana, el aparatito enciclopedia, el aparatito biblioteca, el aparatito máquina de pensar, el aparatito lotería, todos aparatitos que son frontera y cruce entre civilización y barbarie, ya que el máximo afán de orden, postula Borges, engendra el máximo caos, sea este filosófico, gnoseológico o político.
La historia de la literatura argentina es entonces una historia de la modulación de este problema, el de la tecnología como cruce de la civilización y la barbarie. Un problema que de manera urgente nos convoca en una época en la que como nunca antes en la historia de la humanidad se hizo una apología tan grande de los avances tecnológicos, y en la que como nunca antes, tampoco, estuvimos tan sometidos a ellos. En efecto, para la mayoría es inconcebible, incluso aterrador, no ya un día, sino una hora sin acceso a dispositivos electrónicos. La publicidad, la opinión pública, los medios de comunicación hegemónicos, festejan diariamente el impensado límite de estos aparatitos para seguir mejorando nuestra calidad de vida y la de nuestros seres queridos. Pero tras las seductoras bambalinas de Silicon Valley también se encuentran lxs niñxs taiwaneses que fabrican sus mercancías, las islas flotantes de chatarra en el Pacífico, las silenciosas guerras por el coltán y el litio, valiosos metales con los que se producen sus baterías. Tras estas bambalinas se esconden también los sistemas de vigilancia, el robo de información, la precarización laboral y las bombas que matan miles de civiles todos los días. En un país como Argentina, en el que los dispositivos tecnológicos se siguen poniendo al servicio del trabajo basura, de la represión estatal, al servicio de grandes corporaciones agroquímicas y mineras que contaminan para siempre nuestros suelos y nuestros ríos, escribir novelitas de autoficción sobre el mundillo pintoresco de las redes sociales es como mínimo una ingenuidad brutal. Este festejo ciego del dispositivo, que a diario vivimos, no es otra cosa que el esteticismo de la tecnología, que mueve millones y que el capital concentrado propugna. Pero a esta estetización de la tecnología solo podemos responder con una politización tecnológica del arte, con una literatura que engendre distopías sobre los modos económicos de producción del presente, con una literatura que profane el aura sagrada con la que el dispositivo tecnológico ha sido en nuestra época investido. Solo modulando el problema del que nace nuestra tradición literaria podremos escribir esa literatura del futuro, la que no haga de las mercancías del capitalismo un goce estético, la que de esa manera reclame para todos y todas formas más dignas e igualitarias de vida.
Michel Nieva. Tecnología y barbarie. Ocho ensayos sobre monos, virus, bacterias, escritura no-humana y ciencia ficción Barcelona: Anagrama, 2024.